miércoles, 18 de noviembre de 2020

Iglesia románica de Santa Eugenia de Lences

La iglesia de Lences, desde el punto de vista del románico, tiene un menor interés que las recogidas en anteriores posts, pues se conserva de este periodo poco más que la portada. De talla relativamente tosca, (que puede deberse a un peor estado de conservación) tiene cinco arquivoltas. Las dos primeras se decoran con motivos vegetales y geométricos. La interior tiene en la clave la cabeza de un felino con orejas puntiagudas. Las dos siguientes son las más interesantes por su decoración de figuras humanas y animales. 
 





 
En la primera, de derecha a izquierda, tenemos, entre otros elementos: un mono con las piernas cruzadas, una figura humana en una escena de labranza, una oveja, una arpía, otra persona con un azadón y san Pedro con las llaves. En la siguiente, un obispo bendiciendo, un grifo con las alas abiertas, una serpiente alada enroscada sobre sí misma, una liebre perseguida por un galgo que ha perdido la cabeza, un guerrero que clava su lanza a un dragón, la clásica representación de la mujer cuyos pechos son mordidos por serpientes, y un músico que toca una fídula y un perro que baila a sus pies. La decoración de los capiteles de las columnas es vegetal. La impresión general es la de una portada con ciertas relaciones con las de Almendres, Soto de Bureba o Miñón.

 









Como dato histórico de relevancia está la constancia de que tanto el pueblo como la iglesia existían ya a principios del siglo XI, ya que aparecen en el documento de donación fundacional del San Salvador de Oña:

"...in Lençes, cellam Sancte Eugenie cum integritate. "
 
Lences también puede presumir de un puente medieval excelentemente conservado. Desde el mismo hasta hace unos años podíamos apreciar placas funerarias adosadas a la pared de la iglesia, aunque una relativamente reciente actuación ha adecentado notablemente el entorno.

 
 

 

miércoles, 11 de noviembre de 2020

Regreso a los pueblos del silencio: Ahedo de Bureba

Ya he comentado que cada ver me resulta más doloroso visitar estos pueblos del silencio, pero de cuando en cuando me sigo pasando por alguno. Uno de los más desconocidos es este de Ahedo (o Haedo) de Bureba. El acceso más cómodo se realiza desde la pista que une Caborredondo con Galbarros, tomando un camino que nace hacia la izquierda poco antes del pronunciado descenso hacia este último pueblo; no hay ninguna indicación.


Vemos que son pocas las casas que permanecen pero en estado relativamente bueno.



El punto más interesante del pueblo es su iglesia, aun arruinada.Aquí la vemos desde el sendero que viene desde Galbarros, con el pueblo de fondo. Alguien tuvo la idea de plantar un cedro a su lado, que ahora es enorme.

 
 Lo más interesante es la portada románica, con sus capiteles y un tímpano monolítico de enigmático mensaje y gran originalidad.




Precisamente evitar la pérdida definitiva de este elemento patrimonial ha sido objeto de debate en los últimos tiempos (año 2020). El arzobispado se inclina por trasladarlo al Museo del Retablo mientras que el escasísimo vecindario clama por su consolidación y conservación in-situ. Puedes saber algo más en este enlace.


De acuerdo con el diccionario de Madoz, a mediados del siglo XIX el pueblo contaba con ayuntamiento propio. Se hacía referencia a la baja calidad de las casas y a la inmundicia que cubría las calles; así como a la fuente que aún existe. Contaba por entonces el lugar con 32 habitantes. En 1900 alcanzaría los 47.

Nos cuenta Elías Rubio en su libro "Los pueblos del silencio" que el pueblo quedó deshabitado en 1973. En los últimos años figuran cuatro personas empadronadas en el pueblo. Hoy el Ayuntamiento radica en Galbarros, y forman parte del mismo, además de los citados, San Pedro de la Hoz y Caborredondo. La población teórica en total del municipio ronda la treintena de personas, pero a poco que los recorramos veremos que es difícil encontrar gente en cualquiera de ellos en muchas épocas del año. 
 

miércoles, 4 de noviembre de 2020

Árboles singulares: El Haya-roble de Riocavado de la Sierra

 En Burgos no sólo tenemos un Pino-roble; también tenemos un Haya-roble, aunque este ejemplar es mucho menos conocido que el primero. Se encuentra dentro del término municipal de Riocavado de la Sierra, un pueblo agraciado con una preciosa iglesia románica, un bonito casco urbano y un exhuberante bosque.

Este bosque crece tanto en áreas de solana como en umbrías, lo que favorece que en muchos puntos puedan crecer mezclados hayas y robles, tanto como para dar lugar al fenómeno objeto de este artículo. Uno de estos puntos es el área recreativa de Nonzabaya o Fonzabaya, a tres kilómetros del pueblo en dirección a Pineda de la Sierra, y muy cerca de la Vía Verde de la Sierra de la Demanda.

 
Se trata de un lugar delicioso, tal que como muestran estas dos imágenes.


 
Caminando unos pasos desde el área recreativa en dirección a la Via Verde encontramos el ejemplar, a unos poco metros del trazado. Como en el caso del Pino-roble, la semilla del "invasor" (en este caso un hayuco), ha logrado nacer en la misma cruz del roble. En el ejemplar que nos ocupa el haya aún es pequeña y no tiene aún el mismo protagonismo que el "huésped"; pero "tiempo al tiempo". 


 
Nótese el esbelto tronco de haya y la combinación de ambos tipos de hoja