martes, 3 de mayo de 2016

Riocavado de la Sierra

Riocavado de la Sierra es una localidad serrana como pocas en la provincia. Dispone de un amplio territorio que desciende desde las cimas de la Demanda, cubierto de extensos bosques otrora ocupados por los pastizales de una amplia cabaña ganadera. Uno de nuestros ríos más emblemáticos, el Arlanzón, nace en sus dominios, pese a discurrir en la vertiente contraria de la sierra.

Al respecto existe una curiosa leyenda: se cuenta que los vecinos de Pineda y Riocavado decidieron acabar con las riñas territoriales organizando una carrera entre dos viejas. Cada una de ellas partiría de su pueblo al canto del gallo, estableciéndose el nuevo límite en el punto en donde se encontrasen. No me resisto a incluir en su integridad este bonito romance con una de las versiones de la leyenda:


"Allá por los años mil, -años de luchas y guerras
cuando nuestros castellanos contra los moros pelean,
cuando con sangre y valor tejen la gran epopeya-
 la reconquista de España que a nuestros hombres libera,
es cuando aquellos guerreros que sangre española llevan,
comienzan a repoblar estos pueblos y estas sierras.
Parece ser que los vascos con otras gentes norteñas
fueron, quizá, los primeros que aquí plantaron sus tiendas,
siendo también presumible que en estas fragosas sierras
fuese siempre el pastoreo su ocupación predilecta.

Y de esta manera surgen Riocabado con Pineda,
limítrofes pueblecitos que pacíficos vivieran;
mas, como en aquel entonces los linderos no existieran,
pronto acerca del terreno fuertes disputas tuvieran,
disputas que terminaron cuando en solemne asamblea
a un acuerdo, al fin, llegaron Riocabado con Pineda.
Como en tan remotos tiempos los relojes no existieran
y el ir en coches o trenes querer ir a la luna era,
se recurrió a efectuarlo de esta sencilla manera:
cuando en la noche los gallos cantaran por vez primera,
al punto de cada pueblo debían salir dos viejas
y allí donde se encontrasen los mojones se pusieran.

¡Ya nuestro gallo ha cantado! La vieja ya está dispuesta
arrebujada en su manto sale sin miedo resuelta;
va mascullando oraciones por la suerte de la empresa
 y aunque menuda y flacucha de lo lindo taconea:
se ve que tiene salero cual fina riocabadeña.
¡Vedla salir por Regute!; al Cabezuelo ya llega,
Pasomalo y Don Zaballa con mucha prisa atraviesa
y en Panicabras las aguas sus fauces secas refrescan.
Y entre brechas y canchales salía cual corza ligera,
sube al Puerto del Manquillo entre orgullosa y apuesta.

Ni las sombras de la noche ni el rugido de las fieras,
nada ni nadie la arredra en su brillante carrera;
y se tira por La Sierpe al Valle de las Colmenas
y se encuentra en las Ermitas con un río por sorpresa;
que no puede pasarlo muy triste llora de pena;
tira el manto al otro lado en alarde de firmeza
es el preciso momento que llega la de Pineda.
Salúdanse mutuamente como buenas compañeras.

¿Cómo ha sido que tan lejos ha ido la riocabadeña
y en cambio, tan poco ha andado la vieja de Pineda?
Yo la verdad no lo sé, la leyenda así lo cuenta:
Que si la de Riocabado, más astuta por más vieja,
formó no sé que potingue como buena curandera;
y dicen que al gallo untara allí en su parte trasera,
cosa que no discurrió la inocente de Pineda.
Con ello cantó primero y salió primero ella.

¿Será verdad o mentira? Como yo claro no vea
dejo en libertad a ustedes para pensar lo que quieran,
lo cierto es que en recuerdo de aquello de las dos viejas,
cada año Riocabado su romería celebra,
conocida con el nombre ‘Santa María La Peña’.
Se cantan las letanías se despachan las meriendas
y hay cánticos y bailes y hay buen humor en la fiesta
porque junto al Arlanzón nacen dos fuentes muy frescas,
cuyos brillantes claretes destierran todas la penas.


Aunque la he encontrado en otros lugares de internet, desconozco si se sigue celebrando esta romería, supuestamente el fin de semana anterior al Corpus. Según algunas versiones de la leyenda la romería debía celebrarse todos los años; so pena de perder los de Riocavado los derechos adquiridos.

Por otro lado, tan abundantes debían ser desde antiguo las hayas que, en la tradicional fiesta del pingado de mayo, era un ejemplar de este árbol, y no un pino como suele ser habitual, el que se colocaba enhiesto en el pueblo. El núcleo urbano como tal muestra un estructura de casas serranas con algunos ejemplos como los que podemos ver en las siguientes imágenes.
 




 
Pero sin duda el elemento patrimonial más interesante de la localidad es su iglesia parroquial de Santa Coloma o Columba. Conserva del periodo románico la cabecera y la torre, mientras que el grueso de la nave sufrió una transformación en el siglo XVIII. Mientras que la primera sigue el estilo de otras localidades de la zona, más original es el ábside.



Al exterior del ábside nos encontramos con una construcción sencilla en lo decorativo, pero robusta y elegante en lo arquitectónico. Llama la atención la existencia de amplios arcos ciegos en cada uno de los muros de los paños, solución que se asemeja a construcciones algo distantes, como las de La Piedra o San Juan de Ortega. 
 


 
 
Más interesante es el interior, al cual no tuve acceso en esta ocasión.  En el mismo también vemos patrones alejados de los de otros templos serranos. En especial la arquería ciega que recorre el ábside nos recuerda a algunos de los templos norteños de la provincia. También se pueden encontrar algunos capiteles historiados, bastante simplistas, así como una inscripción que data la construcción en el año 1114. 

Elemento consustancial a la imagen de la iglesia fue durante varios siglos la olma centenaria, ya desaparecida. En esta imagen de época podemos verla en todo su esplendor, calculándose 30 metros de altura y casi siete metros de perímetro de tronco. Tal vez fue el olmo más famoso de España.
 
foto tomada de la página de panoramio http://www.panoramio.com/photo/12033319
 
Murió por la terrible grafiosis a mediados de los años ochenta. Algunos suponen que fue plantada tras la construcción del templo, aproximándose con ello su edad a los nueve siglos. Tanta era su presencia que, durante varias décadas más, su cadáver aguantó hasta que finalmente no quedó rastro. Otra leyenda sugiere que su enorme porte provenía de que bajo sus raíces existía un antiguo cementerio, fruto de una batalla entre moros y cristianos.
Imagen de la olma que muchos tenemos en la retina. Tomada de uno de los carteles explicativos.


Aspecto actual del entorno de la iglesia

 

3 comentarios:

Amador dijo...

Un pueblo perdido en la montaña,eso es lo que me parece este bonito pueblo.Pena de grafiosis,se ha llevado por delante a los olmos y mira que en nuestra provincia los habia y grandes, aunque seguramente este era el mas singular de todos.Un saludo.

Salvador Sierra dijo...

Lo conozco, pues mi pueblo es Barbadillo del Pez y es precioso. Recomendable visita.

Montacedo dijo...

Gracias por comentar.