jueves, 29 de septiembre de 2016

La compañía de Seguros "La Unión Montijana"

El pasado mes de marzo la asamblea general de La Unión Montijana, seguros mutuos contra incendios a prima variable, acordaba la disolución de la sociedad. Acababa así un periplo de 136 años de existencia. Esta decisión vino motivada por la nueva ley de ordenación y supervisión de los seguros privados y que obligaba a estas mutuas a prima variable sin ánimo de lucro a transformarse en sociedades con un capital de tres millones de euros; medida absolutamente fuera de las capacidades y objetivos de esta agrupación. En el momento de su disolución contaba con 2.400 socios repartidos entre Montija Sotoscueva, Espinosa, Valdeporres, Villarcayo, Medina, Losa, Traslaloma y Mena.
 
Sede de la sociedad, construida a mediados del siglo pasado

 El 1 de enero de 1880 nueve socios fundaron en Villasante La Unión Montijana con el fin de crear una red de solidaridad que afrontara los graves perjuicios que los incendios originaban en las economías familiares. En unos años donde el fuego calentaba las casas y sus estructuras de madera ardían sin remedio, la Unión Montijana fue un respiro para muchos. En su momento convivió con otras mutualidades similares sin ánimo de lucro, como la Medinesa, la Losina o la de Seguros Mutuos a Prima Variable de Incendios de Casas del Valle de Mena, fundada el 11 de diciembre de 1853. 
 
Listado de socios fundadores

Como vemos, estas peculiares mutuas tuvieron especial predicamento en el norte de nuestra provincia. La Montijana acaparó la mayor cantidad de mutualistas hasta llegar en sus mejores momentos a las 4.000 pólizas. La de Montija ha sido además la última en desaparecer de toda España. Su funcionamiento se parecía en cierta medida a una asociación sin ánimo de lucro; de modo que las cuotas de los mutualistas variaban de un año a otro en función de los siniestros que fuera necesario cubrir; exceptuando unos reducidos gastos de funcionamiento. El fundamento era el principio de ayuda recíproca, y la responsabilidad era mancomunada, proporcional al importe de los respectivos capitales asegurados. De hecho, la liquidación implicará el reparto entre los mutualistas del fondo mutual y del dinero que se obtenga de la venta del edificio de la sociedad. 
 
La historia de la entidad entre 1880 y 1937 se ha perdido. Durante la Guerra Civil desaparecieron los archivos de la mutua y el libro de actas más antiguo recoge la reunión de diciembre de 1937 que acordó rehacerla. Poco a poco, la Montijana fue recuperando el pulso y siempre pudo responder a todos los siniestros. El último importante fue el de las dos casas que ardieron en diciembre de 2013 en Quintana de los Prados. De hecho, todo parece indicar que, de no ser por la ley, hubiese podido seguir funcionando con normalidad durante muchos años.

 

martes, 27 de septiembre de 2016

Árboles singulares: el nogal de Vilviestre

En el mismo núcleo urbano de Vilviestre del Pinar se encuentra este enorme nogal de unos doce metros de alto y cinco metros de perímetro de tronco. Aunque no he logrado encontrar ningún dato sobre él (salvo que da nombre a una calle) no me he resistido a incluirlo en el blog.




jueves, 22 de septiembre de 2016

Regreso a los pueblos del silencio: Quintanajuar

Quintanajuar fue uno de esos “pueblos-granja” de los cuales ya hemos visto algunos ejemplos en nuestros artículos sobre despoblación. Y es que eran candidatos a desaparecer como aldeas en el momento en el que el propietario de las tierras decidiese que quería venderlas o simplemente cambiar los modos de producción. A este factor podría unirse el hecho de que las personas no tienen el mismo apego hacia el lugar en el que viven si no son propietarios.

Vista de lo que queda de Quintanajuar


martes, 20 de septiembre de 2016

Ruta de senderismo: Cañón del Rudrón desde La Rad

Opción alternativa al tradicional recorrido por el cañón del Rudrón; con panorámicas distintas y complementarias al mismo. El trazado se ve adornado por el paso junto a unos chozos ganaderos (conocidos como “casitos” en la zona) que fueron reparados e incluso construidos desde cero por una sola persona. Más información en el blog de Elías Rubio.
 
Dificultad: Media-baja. Los ascensos son llevaderos y los caminos bastante diáfanos. No obstante, una pequeña parte del tramo más cercano al río necesita mantenimiento periódico para evitar que el sendero se cierre. Este mismo tramo puede estar parcialmente embarrado buena parte del año. 
Orientación (sin GPS con track o cartografía): Fácil.
Belleza: Alta
Tiempo y distancia: 4 horas y 15 minutos (17 kilómetros)
 


 

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Presencio

Esta comarca es rica en picotas y rollos, pero tenía que ser realmente impactante llegar a Presencio en el siglo XVI por el camino de Arcos y encontrarse con esta Picota; claro aviso a los viajantes con intenciones delictivas. Se conserva en su integridad.



martes, 13 de septiembre de 2016

Castrojeriz, pueblo camino.

Si hay un pueblo en Burgos asociado de manera evidente al camino de Santiago ese és sin duda Castrojeriz. Llegó a contar hasta con 7 hospitales de peregrinos y su entramado urbano está organizado en tormo a una calle-camino de más de dos kilómetros que forma un amplio arco por las faldas del cerro del castillo.



En el extremo occidental de la calle se sitúa la iglesia de San Juan, caracterizada en su exterior por la torre culminada en chapiteles a modo de edificación defensiva.


En su interior se manifiesta su estilo gótico avanzado.


Dispone de un claustro del siglo XIV.



Dominando el panorama se levantan las ruinas del castillo de los Condes de Castro. Por su importancia lo abordamos en un artículo aparte.


En el lado oriental del pueblo, en el barrio del Manzano, se levanta el imponente edificio de la ex-colegiata de Nuestra señora del Manzano.



Ubicada en el barrio homónimo de la localidad burgalesa, su nombre puede derivar de un monasterio de monjes benedictinos de Santa María de Almazán. La primitiva iglesia fue reedificada en la segunda mitad del siglo X, bajo el mandato del conde Garci Fernández y se convirtió en colegiata a partir del año 1173.

Portada principal. Destaca la figura de la Anunciación y el rosetón.

La construcción del templo que ha llegado a nustros días se inició en 1214 bajo la protección de doña Berenguela la Grande, reina de Castilla y madre del rey Fernando III el Santo. Su fábrica principal es de un estilo de transición entre el románico y el gótico, y tiene tres naves. En el siglo XV fueron reformadas las bóvedas y en el XVIII se elevó la torre, se edificó la capilla de la Virgen del Manzano y se añadieron, entre otros elementos, la sacristía y el coro.


Dos imágenes de la nave principal
En el interior, iluminado por un impactante rosetó gótico con vidrieras alemanas del siglo XV, se conserva un rico patrimonio artístico de diversas épocas. Además de varios retablos barrocos, entre los que destaca el de la nave central presidido por una tabla de Mengs, se localizan algunos sepulcros como los de los condes de Castro, patronos de la colegiata, y el de la reina Leonor de Aragón.


Dos imágenes del coro. Destaca el soberbio rosetón

Pero sin duda la joya del templo es la imagen en piedra policromada, siglo XIII, de Nuestra Señora del Manzano. El rey Alfonso X el Sabio, deslumbrado por su belleza, de dedicó cinco de sus famosas cantigas escritas en gallego. De hecho, aprovecha las mismas para narrar alguno de los milagros atribuidos a la Virgen, como aquel en el que, estando la iglesia llena de gente y a medio construir, repentinamente cayeron unas vigas del techo sin que, sin embargo, resultara herida ninguna persona.


Tomas de la imagen de la Virgen del Manzano y de su capilla neoclásica.

El interior del templo acoge un museo de arte sacro con el sobrenombre "María: una mujer en el camino". El entorno de la iglesia acoge cada mes de septiembre (el fin de semana más próximo al día 8), las tradicionales fiestas del Sejo.

Imagen de la ex-colegiata tomada desde el castillo

Esto es lo que glosaba el poeta Bonifacio Zamora acerca de Castrojeriz:

Un castillo vigía
De la vega del Odra, allá en la altura.
Guerrero que a las nubes desafía,
Más sin casco y apenas armadura,
Que a pedazos se quiebra y se desprende.

Un pueblo, que se tiende y que se extiende
Al sol de todo el día
Y al socaire del norte, contra el viento.

Unas ruinas en ruinas. Un convento
De monjas. Dos iglesias catedrales.
Reliquias de murallas por cimiento
Y un tesoro de joyas ojivales

Para saber más.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Itero del Castillo, lugar frontera

Glosa el poema de Fernán González que:

“Entonces era Castilla un pequeño rincón,
era de castellanos Montes de Oca mojón,
y de la otra parte Fitero el fondón,
moros tenían a Carazo en aquella sazón.”
 
Los dos edificios principales de Itero; la iglesia y la torre

Nos vamos en el artículo de hoy a ese Fitero; actualmente Itero del Castillo Si bien se trata de un texto escrito ya en el siglo XIII, existe constancia de la existencia de ese Itero en el siglo X, en época de Fernán González, documentando dentro de las posesiones del conde Fernán Armentález, fundador de la cercana localidad de Melgar de Fernamental.


Puente Fitero, paso de peregrinos camino de Santiago
 
La misión de esta torre, existente sin duda desde la fundación del lugar, era vigilar los territorios circundantes, y en especial el importante vado de Puente Fitero. Más tarde mantendría su importancia dentro de este territorio muchas veces escenario de las batallas entre castellanos y leoneses. 
 
 

La torre actual, construida en sillarejo, data de finales del siglo XIV. Es de planta cuadrada ligeramente irregular, de unos 10 m de lado, levantando unos 25 m. En el lienzo SO se abre la puerta de arco apuntado, al interior de medio punto, localizándose en este muro y el O, en la zona superior, una ventana geminada también apuntada. En los otros lienzos se abren saeteras. Dispone de una abertura de mayor tamaño a media altura, que probablemente se corresponda con un antiguo acceso a través de una escalera. A principios del siglo XV don Juan Fernández de Velasco adquirió Itero, y ya se menciona en esa compra la torre. Posteriormente el castillo pasó a manos del conde de Haro, y en el siglo XVII era propiedad del duque de Lerma.
 


El edificio presentaba importantes grietas, cuyos efectos aún son visibles pese a la restauración integral llevada a cabo en el 2005. Esta restauración ha implicado la creación de una estructura interior en madera y metal de tres niveles, aunque probablemente en origen existieran cuatro. Los espacios son ocupados por maquetas de edificios y espacios de la zona, realizados por artistas locales, así como fotografías antiguas de la localidad. Al parecer en ocasiones se han desarrollado exposiciones temporales de diferentes temáticas.
 
 
 
 
En la puerta de acceso hay un teléfono de contacto para las visitas. Me comentan que tienen un porcentaje relativamente alto de visitas de extranjeros, debido al camino de Santiago, si bien la mayoría de los peregrinos no afrontan el pequeño rodeo que significa llegar hasta el pueblo. Las explicaciones que recibiremos no serán muy técnicas pero por el contrario estarán más pegadas a la tradición popular. Así sabremos sobre la posibilidad de que esta edificación no sea más que la torre del homenaje de una estructura defensiva de mayor tamaño, cuyas murallas llegarían hasta el actual arco del Ayuntamiento. 
 
 

Sabremos también cómo en la parte trasera de la casa del cura existía un pasadizo que según la creencia popular llegaba hasta la torre, espacio hoy atravesado por bodegas; las diversas teorías sobre el lugar en donde están los restos del conde Fernán Armentález…pero probablemente la anécdota más “jugosa” la conocemos al detenernos ante una foto antigua en la que aparecen dos personajes de cierto nivel a lomos de cuadrúpedos. Se trata de los antiguos cura y secretario del pueblo.
 
 
 
Según parece hasta hace unas cuantas décadas existía una curiosa tradición en este pueblo. El día de las cruces de mayo (el 3 del mes) estos dos representantes populares realizaban un trayecto por todo el perímetro del término municipal clavando cruces a intervalos regulares. La jornada terminaba con una comida popular en la que los que más provecho sacaban eran los niños. La creencia era que este rito protegía a las cosechas frente a las tormentas, y para enriquecer la anécdota mi interlocutor me dijo que supuestamente un año que no se cumplió con la tradición hubo un apedreo que acabó con toda la cosecha. 

Pero lo más conocido hoy en día de Itero del Castillo es muy probablemente su alargado puente sobre el río Pisuerga, que se constituye como lugar de paso de peregrinos jacobeos y límite con las tierras hermanas palentinas. Ubicado a tiro de piedra del núcleo urbano, fue construido en tiempos del rey Alfonso VI, a principios del siglo XII y sobre otro puente anterior que es mencionado en el Codex Calixtinus. Sucesivas riadas obligarán a frecuentes reparaciones, perteneciendo el grueso del puente actual a los siglos XVI y XVIII.

Presenta un perfil alomado con 11 arcadas u ojos, algunas apuntadas y otras de medio punto, con tajamares triangulares aguas arriba del Pisuerga y cuadrangulares aguas abajo. Este puente, siempre perteneciente a Itero del Castillo, tuvo una gran importancia estratégica, por lo que fue muy disputado en el Medievo, al ser el límite del condado de Castilla, y que actualmente se perpetúa como frontera de las provincias de Burgos y Palencia.

Es de los puentes más bellos y largos de todo el camino, y aquí finalizan los 114 kilómetros en los que el trazado cruza la provincia de Burgos.


Unos 200 metros antes de llegar al puente, el Camino de Santiago pasaba junto a la iglesia de San Nicolás, antes en ruinas y hoy completamente restaurada; esta iglesia era el templo parroquial de un pueblo, que todavía en el siglo XVI existía junto a ella, llamado Puente Fitero.

De ese despoblado hoy sólo queda parte de su iglesia parroquial, conocido con el nombre de ermita de San Nicolás, hoy completamente restaurada por una cofradía italiana (Confraternità di San Giacomo di Compostela in Perugia), que desde hace diez años, altruistamente, abre sus puertas (de mayo a septiembre) como albergue de peregrinos, conocido como hospital de San Nicolás de Puente Fitero.

Este es un lugar especialmente acogedor para los peregrinos que deciden descansar en él, ya que bajo el maravilloso ábside medieval podrán presenciar el recuperado rito del lavatorio de los pies. En la Edad Media, dentro de la atención sanitaria que se le ofrecía al peregrino, cabía destacar el lavatorio de pies, una práctica higiénica y necesaria, así como cargada de simbolismo cristiano.
 

Lo que nos ha quedado de este templo de San Nicolás de Bari es un pequeño edificio de factura protogótica del tercer tercio del siglo XII, compuesto por una bella capilla de bóveda de crucería con arcos apuntados, columnas pareadas en el intradós del arco que da acceso al ábside, y algún capitel con decoración de fina talla vegetal.

El resto es una sola nave con material pétreo diverso que denota épocas distintas en su construcción y cerramiento, así como arranques de bóvedas que nos hacen pensar en un edificio más alto y con una prolongación hacia el sur. Se accede al templo por una sencilla puerta de arco apuntado con tres arquivoltas en su intradós. El alero presenta sencillos canes, así como restos de un tejaroz para cubrir la entrada principal.

Como curiosidad indicaremos que poco antes de la ermita se encuentra una fuente conocida como Fuente del Piojo, lugar en el que según la tradición los peregrinos se libraban de tan molestos acompañantes.