miércoles, 10 de octubre de 2018

Villanueva de Odra

Hoy comienzo este breve y artículo mostrando una cochera de este pueblo de la parte central del extenso municipio de Villadiego. Una cochera no especialmente llamativa, además.


Pero si nos fijamos un poco veremos en una de las fachadas el perfil de una antigua entrada con arco ojival, y en el límite del tejado la línea de lo que fueron canecillos. Sí, estamos ante una antigua ermita reaprovechada; del entorno del siglo XIII.


El interior está totalmente arruinado y reutilizado. Probablemente nunca fue una gran obra; hoy es uno más de la treintena de lugares burgaleses que integran la lista roja del Patrimonio. Un ejemplo de la desidia institucional que llega incluso al mantenimiento de un cínico cartel clavado en su muro.



Según parece, hace muchas décadas se celebraba en la localidad la llamada función de Santa Brígida, de corte carnavalesco; hoy apenas un cortina de niebla. 



En el mismo pueblo encontramos otro lugar que nos lleva a la nostalgia, aunque ésta más agradable. Se trata de un gran chopo de más de cinco metros de tronco del que cuelgan unos rústicos columpios. Es el árbol pirata. La de generaciones de niños que habrán fantaseado, y aún fantasean en este lugar (basta ver esta foto). En este pueblo aún se celebra la fiesta del árbol. Lo surte de agua una fuente natural, la fuente de la Fragua, con un bonito arco de medio punto que nos habla de su antigüedad.



No me resisto a incluir en el artículo una foto defectuosa de la carretera que nos lleva a Villanueva. ¡Que pocas carretera de estas nos quedan!. 



lunes, 8 de octubre de 2018

Las "derrotas" en Santa Gadea de Alfoz




Volvemos a este territorio limítrofe y tan cercano en muchos sentidos al de nuestros vecinos cántabros para hacer referencia a un evento anual, el de las “derrotas”, convertido desde hace unos pocos años en fiesta popular en el entorno de la fiesta del Pilar.


Entrega de reconocimientos a los ganaderos participantes

No, no tiene que ver con ningún enfrentamiento militar ni de otro tipo. En el pueblo se ha utilizado este nombre (y así lo recoge la RAE) desde siempre para referirse a la vieja costumbre de la bajada del ganado de los montes circundantes, en especial del Monte Hijedo, a los extensos praderíos que rodean el pueblo, para que coman los nuevos brotes de hierba, los que salen por estas fechas después de la última siega a la entrada del verano. 



El evento tiene lugar cada año en torno a la festividad del Pilar, este año el sábado 13 de Octubre. Comienza a primera hora de la mañana, momento en el que se procede a conducir a los diversos rebaños hasta un cercado anexo al pueblo. Esta primera fase no la pudimos ver, pero ya si la concentración de diversas razas de bovino y equino en dicho cercado. Acompañando al acto algunos puntos de venta y una degustación de carne de vacuno criado en la zona. 




Pero el momento más esperado se produce en el entorno de las tres de la tarde. Todo el ganado concentrado se hace pasar por las calles del pueblo, en un acto que tiene algo de similitud con el que vimos hace unos meses en Fresneda de la Sierra, para conducirlo a las fincas en las que podrán pastar durante unas horas. 


En este vídeo se puede apreciar mejor este parte de la fiesta, aunque en esta ocasión buena parte del ganado se puso nervioso y se desperdigó sin seguir el recorrido previsto, obligando a un sobreesfuerzo posterior a los esforzados ganaderos.

jueves, 4 de octubre de 2018

Regreso a los pueblos de silencio: Valdearnedo

Del 2009 databa mi única visita al apartado lugar de Valdearnedo, y el verano pasado (el de 2017) quise volver al lugar para ver cómo había evolucionado la cosa; además de para dedicar algo más de tiempo a contemplar el territorio de las Torcas, un amplio espacio de unas 5000 hectáreas que engloba en su interior únicamente los núcleos de Valdearnedo, Melgosa y Tobes.

En las primeras imágenes, fotos de los alrededores de Valdearnedo

Verdaderamente, pocos sitios de la geografía burgalesa son tan inhóspitos y tan poco aptos para desarrollar una vida como el desolador, pero también bello, paisaje de las Torcas. Prácticamente en el centro del mismo se encuentran los restos del despoblado de Valdearnedo.


Torre de alta tensión una vez desaparecido el pueblo
Llegar a Valdearnedo no resulta fácil; mejor dicho, no resulta cómodo. Las cuatro localidades que lo rodean por los cuatro puntos cardinales: Carcedo de Bureba, Melgosa, Quintanarruz y Arconada, se encuentran a una distancia similar y están separadas del pueblo por caminos en regular situación (poco aptos para el coche, en cualquier caso), siendo tal vez el camino en mejor estado y más cómodo el de Carcedo y el más cercano el de Quintanarruz.


En uno de los vallejos, algo más feraces, situados en los fondos de este paisaje desarbolado y altamente erosionado, se encuentra Valdearnedo. Sabía que lo que iba a ver no me iba a gustar, pero uno nunca puede prepararse del todo para estas sensaciones.



La iglesia parece haber empeorado mucho en estos pocos años. Aún mantiene en pie la mayor parte de su estructura, pero su aspecto es cada vez más amorfo. No le auguro muchos años. Su interesante fábrica románica ha sido muy castigada por la rapiña de "los listos". 



La desaparición hace tiempo de los canes, columnas y los mejores sillares de las esquinas, ha acelerado sobremanera el deterioro. También ha pasado a mejor vida la espadaña. 




Una vez en el interior, sorprende el gran tirante de acero colocado para evitar el colapso de la iglesia. La explicación nos la da Elías Rubio en el libro “Los pueblos del silencio”. Al parecer en los años 60 el obispo realizó una visita al lugar y la situación era tan alarmante que dio orden para poner en marcha esta tosca solución de emergencia. 




Entre los restos dejados por los saqueadores de tumbas y personas de similar calaña aún quedan capiteles harto interesantes... si estuvieran en otro lugar.



Nos damos una vuelta por el reducido caserío para comprobar las casas también parecen haber acusado mucho estos pocos años, manteniendo tan sólo un halo de lo que fueron. Los últimos pobladores, Valeriano y Agripina, aguantaron hasta principios de los años 80, pese a que sus convecinos hacía tiempo que habían abandonado el lugar. 




Tanto la familia de Valeriano y Agripina no otros allegados al pueblo no han perdido del todo el contacto con el mismo, realizando visitas todos o casi todos los años. De ello dan fe algunos de los comentarios que acompañan este artículo. Recomiendo encarecidamente su lectura. 

Panorámica de las Torcas desde el alto Otero (989 mts). Al fondo los Montes Obarenes

martes, 2 de octubre de 2018

Monasterio de Rodilla: pueblo, castillo y maravilla románica.


Las personas interesadas en el patrimonio que hayan oído hablar de Monasterio de Rodilla seguramente lo relacionarán con la ermita de Nuestra Señora del Valle y el entorno en donde se ubica; pero este pueblo es algo más que eso. Empezamos mostrando algunas estampas del casco urbano; que conserva parte de su sabor popular, amenizado por el arroyo que lo cruza.