miércoles, 4 de septiembre de 2013

Regreso a los pueblos del silencio: Villarías

A medio camino entre Villarcayo y Medina de Pomar nos encontramos el desvío que conduce al campo de Golf de Villarías. Observando el entorno cuesta imaginarse que hasta hace unas décadas aquí existió un pueblo.

De hecho el primer documento en el que se refiere este lugar es nada menos que el documento fundacional del monasterio de Oña, de 1011, en el que aparece nombrado como como “villa Aresi” o “villa de Ares”. El dominio del monasterio duró varios siglos, y se realizaba a través del monasterio intermedio de San Pedro de Tejada. La iglesia parcialmente románica que ahora observamos y de la que hablaremos más adelante proviene de esta época.

Vista del campo de Golf

En 1392 García Sánchez de Arce adquiere las propiedades de la zona intercambiándolas por otras con el monasterio de Oña. Desde entonces el lugar se convertiría en un mayorazgo que permanece en poder de los Arce hasta 1631, cuando que es vendida a Luis Ladrón de Guevara y María de Padilla, y luego acaba en 1739 en Sebastián de la Cuadra, secretario de Felipe V, que la necesitaba para cumplir las condiciones para la fundación de un marquesado, que recibe precisamente el nombre de Villarias. Es en este momento cuando el marqués edifica el palacio conocido como “Casa Grande”.

Vemos por tanto como durante toda su historia los vecinos de Villarías no fueron propietarios, sino simplemente arrendatarios de unas tierras que no fueron suyas. La propiedad del marquesado se extiende hasta 1968, cuando tres familias se ponen de acuerdo para comprar la propiedad al marqués.

La "casa Grande", hoy restaurante.

Los demás vecinos, que ya para entonces no eran muchos, tuvieron que irse. Los nuevos propietarios iniciaron un proceso de modernización y concentración parcelaria que se llevó por delante todos los edificios menos la “Casa Grande” y la iglesia, quedando no obstante esta última en estado de abandono.

En el año 1990 la familia Alonso-Arenaza compró toda la propiedas, constituyendo la sociedad "Villarías 90, S.L.", e inició el proyecto denominado "Complejo residencial deportivo Villarías".

Vista de la urbanización un viernes de junio. El único coche que se ve es el mío.

En un primer momento se le da a la finca un uso cinegético. En 1992 se restaura la "casa grande", en cuya planta baja se instala un restaurante.  En octubre de 1996 se inauguró un campo de golf,  con un recorrido inicial de nueve hoyos, ampliable a dieciocho. Simultáneamente se restaura la iglesia, proceso que termina en el año 1997.

El proyecto urbanístico hasta ahora ha llegado a la construcción de aproximadamente un centenar de viviendas, aunque los planes de los propietarios son más ambiciosos. Por el momento, en el año 2013 se ha inaugurado un museo de bicicletas en las instalaciones de la hostería.

De los edificios existentes el más interesante sin duda es la iglesia, que conserva del periodo románico una portada muy sencilla y el ábside. Apenas se han conseguido salvar unos pocos bienes del patrimonio mueble, entre los que destaca una pequeña imagen románica de la Virgen sedente con el niño.

 Varias tomas de la iglesia, felizmente restaurada


 
En definitiva, bajo el prisma del que les escribe, sentimientos contrapuestos. Por una parte resulta alentador que aún no se haya cerrado el libro de la historia de este pueblo; convirtiéndose en un proyecto que mira al futuro; y por otro produce cierto rechazo el que se haya convertido en foco de una actividad que sigue siendo, queramos o no, bastante elitista.


15 comentarios:

Faustino Calderón dijo...

Yo desde luego no quiero que los despoblados acaben así. Prefiero sus ruinas con su abandono y su olvido correspondiente a verlos convertidos en estos desaguisados que nada tienen que ver con lo que fue el pueblo. El nombre de Villarias tiene que ir unido a la historia y a la memoria de lo que fue el pueblo y a los que en el vivieron y no a este complejo artificial.
Para colmo no es el único caso, hay varios en parecida situación por la geografía española.
Saludos.

Montacedo dijo...

Hola Faustino. No sé, entre verlo reducido a su desaparición física como por ejemplo Perros o Ceniceros; y esto, creo que prefiero esto. En todo caso hay una opción mucho peor: el verlos transformados en cotos o granjas cerrados y vallados a los que es imposible o muy difícil acercarse. En Burgos tenemos unos cuantos ejemplos: Espinosilla de San Bartolomé, San Quirce, Baró, Quintana del Rojo, Retortillo, Quintanajuar...

Miquel dijo...

Salut .

Pablo dijo...

Totalmente de acuerdo con Montacedo,
un saludo

MAC dijo...

Gracias por la documentada entrada Montacedo.

Lo que me sorprende es que el Campo de Golf funcione, está bastante escondido y no hubiera apostado porque se mantuviera, en un territorio como es las Merindades, con tan difícil acceso y cuya población a lo largo de todo el año ronda los 25.000 habitantes (aunque en verano posiblemente se duplique).

Pero cuando has comentado que tanto el Golf como las urbanizaciones son iniciativa de una familia rica todo concuerda. Creo que este tipo de inversiones privadas son muy positivas y pueden traer nuevas formas de hacer las cosas a las Merindades, que falta hace.

Montacedo dijo...

Gracias por dejar comentarios

Manuel López Rojo dijo...

Felicito a la familia Alonso de Sopuerta. Muchas como ella harían falta en la comarca. Se puede conservar la historia unida a la modernidad. Manuel López Rojo

Montacedo dijo...

Gracias por dejar un comentario

Anónimo dijo...

tiene razon Faustino : se supone que un pueblo no tiene `por que tener un fin como este, no quisiera visitar el pueblo de mi abuela y encontrarme esto, pero el daño parece ya estaba hecho y por lo menos han restaurado la iglesia... para que lo vean los que van a jugar al golf! Mal final para un pueblo
aprilin y aprililla

Aitor alonso arenaza dijo...

La ignorancia es la madre de la sabiduaria. Les habla el hijo de Guillermo Alonso, artifice de esta regenaración del pueblo de Villarias. Orgulloso estoy de mi padre, claro que si, gracias a él, todavia podemos decir que el pueblo de Villarias existe, si no, como otros muchos hubieran desaparecido.
Algunos decis que no tiene que tener este fin, cual mejor si no. Ahora podemos hablar de que hay casi noventa familias haciendo que el pueblo de Villarias exista. Si no hubiera sido por Guillermo Alonso, ya no estaria en el olvido, estaria desaparecido. Asi que por favor un respeto hacia esta persona, que sin conocer Las Merindades (solo de de pasada) quiso apostar por ellas y despues de 25 años sigue al pie del cañon para enriquecer la comarca.
Quitemos el cliche de que el golf es elitista, en esta comunidad, Castilla y León, hay un deporte, hobby, llamemosle como cada uno quiera, que es más elitista que el golf o cualquier otro deporte, que es la caza. El problema es que hay cultura de caza, ya que en los pueblos los niños lo conocen desde pequeños, pero si hacemos cuentas, es bastante más caro que el golf.
Y que decir de la iglesia, Guillermo Alonso, la restauro sin ningun animo de nada, simplemente porque penso que habia que restaurarla, dada su antiguedad. Se gasto 9 millones de pesetas de aquella época, para nada. La iglesia no es de él, es del obispado. En su dia el obispo de Burgos (creo que fue esa persona) vino a ver la iglesia que se estaba restaurando y le dio mil gracias a Guillermo, diciendole textualmente, "tienes el cielo ganado".
Gracias Guillermo Alonso, ojala haya mucha más gente como tú, con iniciativa y con ganas de hacer y no de criticar.

P.D. Por cierto, la familia Alonso Arenaza somos de Santurtzi.

Aitor alonso arenaza dijo...

Se me ha olvidado.

Muchas gracias Montacedo.

Montacedo dijo...

Gracias por dejarnos una aportación de primera mano, que siempre son valiosas. Aquí quedan tus palabras como complemento y contrapunto a lo dicho. A ver si en algún momento me paso a ver ese museo. Un saludo

Montacedo dijo...

Gracias por dejarnos una aportación de primera mano, que siempre son valiosas. Aquí quedan tus palabras como complemento y contrapunto a lo dicho. A ver si en algún momento me paso a ver ese museo. Un saludo

Alfonso Mena dijo...

Familias como la de Guillermo ya no quedan.El esfuerzo y el sacrificio de una familia tan unida luchando por una ilusión de unos padres no tiene precio.Gracias a ellos disfrutamos muchas familias de todos los rincones de España gracias al trabajo que an hecho y siguen haciendo por conservar un pueblo.Muchas gracias familia por hacérnoslo tan fácil.

Anónimo dijo...

En 1990 Villarias era un pueblo abandonado y totalmente muerto. Hoy está lleno de vida y todo gracias a una familia rica, no en dinero, pero sí en esfuerzo y sacrificio que trabaja cada día por mantener su empresa. Que va superando una carrera de obstáculos, que en todos estos años han sido muchos, y que no se puede permitir el lujo de descansar ni un sólo día porque es su medio de vida.
Los pueblos despoblados y deshabitados dejan de ser pueblos y las ruinas no siempre perduran. Si hoy todos podemos señalar en el mapa ésta maravilla y cómo no visitarla es gracias a la dedicación de unos pocos. Gracias familia.