miércoles, 1 de mayo de 2013

Montejo de San Miguel

Enfrente de Montejo de Cebas, al otro lado del Ebro, se encuentra Montejo de San Miguel. Sorprende este pueblo al visitante por el elevado número de grandes casonas dentro de un entramado urbano magníficamente conservado.


Al parecer el motivo de tan llamativa arquitectura se debe en parte a la antigua existencia de indianos originarios de este lugar; pero también a la tradicional explotación del chacolí aprovechando la buena orientación de parte de la localidad. 




No en vano, buen número de casas disponen todavía en la actualidad de bodegas en donde se criaba este vino; hasta que las epidemias de principios del siglo XX dieron al traste con su producción.


Afortunadamente hoy podemos visitar uno de estos edificios acondicionado actualmente como un excelente museo. En el mismo lo que más llama la atención es su preciosa bodega construída con excelente piedra de sillería y las enormes barricas que aún se conservan. También, por ejemplo esta gran prensa de uva de más de 200 años de antigüedad. Para que luego digan que en Burgos no se hacía chacolí.


Pero los intrumentos relacionados con la elaboración del vino son sólo una parte de los que existen en este museo, que nos guía por todas las antiguas actividades del medio rural mediante una visita guiada que se hace muy amena y para nada larga a pesar de su duración. Además el museo organiza todos los años talleres relacionados con actividades artesanas y oficios perdidos. Para más información podéis consultar su página web. Por cierto que el museo cumple en agosto los diez años de existencia.

Pero aún hay mas. En el entorno de Montejo se puede hacer una pequeña ruta de senderismo (menos de 5 km). El primer punto de interés es esta tejera restaurada.


Precisamente en el museo también nos informan de la laboriosa y minuciosa tarea de los tejeros, que casi siempre venían de Asturias. A cada zona que llegaban buscaban un punto en donde tuviesen suministro de arcilla y leña, y un lugar en pendiente para construir la tejera, y desde allí trabajaban para los pueblos de contorno en un proceso incesante que les llevaba todos los meses de buen tiempo.


Desde la tejera se sube por una ladera cubierta de una variada vegetación mediterránea hasta el cerro que ocupa la antigua ermita de San Miguel.



Desde la ermita se tienen unas excelentes vistas del valle de Tobalina, de la cercana ciudad de Frías.


...o del pico Humión.


El edificio tiene evidentes rastros del periodo románico aunque fue muy reformado en el siglo XVII. En este lugar existió el antiguo monasterio de San Miguel de Clusía (por la cluse o garganta que forma el Ebro en este punto), cuyos primeros datos se remontan al siglo XI.


La ermita fue sede de una hermandad de hijosdalgos que se remonta al menos a 1602.


Desde la ermita iniciamos el descenso hacia el la vera del Ebro. Encontramos varias placas informativas sobre las plantas. No en vano esta senda se denomina senda botánica (está incluída dentro de la red de senderos del Parque Montes Obarenes-San Zadornil).



La presa de Montejo, que sirvió para dar electricidad al balneario que comentábamos en el anterior artículo. Desde aquí ya sólo quedan unos minutos antes de regresar al punto de partida.


2 comentarios:

Miguel Ángel Antolín Lería dijo...

Maravilloso post. Sólo un dato. La fundación del monasterio de Sant Miguel de Clusía se remonta al s. IX, no al XI, que es cuando pasa a formar parte del de Oña.

Respecto a Montejo de San Miguel, de San Pedro hasta el s.XIII, hay muchísimas historias casi en cada casa dado la importancia económica de este en el Valle de Tobalina. Llegó a contar con más hectáreas y producción de vino que Frías, así como más mano de obra, así como un buen número de condes entre sus vecinos.

Montacedo dijo...

Gracias por dejar un comentario