miércoles, 8 de mayo de 2013

Regreso a los pueblos del silencio: Plágaro

Recuperamos la visita a otro de los pueblos del silencio de Elias Rubio, cuyas ruinas nos reciben con esta curiosa estampa. Es también un tanto simbólica, pues el parecer en los últimos tiempos el lugar sufrió el corte de la luz al no poder ser pagada por los vecinos, hecho que aconteció poco antes de la apertura de la "atómica".


Al hilo de lo anterior, Plágaro saltó en cierta medida a la actualidad hace unos pocos años cuando el alcalde del Valle de Tobalina hizo una propuesta un tanto peculiar para situar aquí el hipotético parador alternativo a Garoña. Por cierto, como muchos suponíamos, al final ni Parador ni Central, ni inversiones compensatorias...

Salvo por esta anécdota, Plágaro es uno más de los pueblos del noreste burgalés que no pudieron aguantar la ola de la emigración. Sus últimos habitantes lo dejaron a principios de los 70. Lo que hoy vemos son unas pocas casas que aguantan en pie acosadas por la vegetación que parece descender desde la sierra de Arcena.  El nombre podría provenir de "pelagus", zona pantanosa, como efectivamente son parte de sus terrenos.



El elemento más característico es sin duda la espadaña de su iglesia, que conserva unas pinturas murales en su deteriorado interior.


 

Apenas a unos centenares de metros de Plágaro se encuentra un elemento de interés para el compilatorio de patrimonio popular que es este blog: la ermita de los Santos Mártires. En este lugar existió un monasterio que se remontan al menos al año 1116, tal y como se constata de un documento de donación al monasterio de Oña. En 1260 el lugar dejó de ser monasterio y quedó reducido a ermita. El edificio se sitúa en un bucólico paraje al pie de un antiguo sendero montañero que comunicaba con Álava, el "paso malo".



Como vemos el templo se encuentra en buen estado. No en vano fue restaurado hace unos 15 años. De hecho esta ermita era el marco de una de las romerías más concurridas de todo el valle, tradición que se sigue renovando cada año a finales de septiembre.



De vuelta hacia las ruinas de Plágaro podemos meditar sobre los versos dedicados al lugar por Bonifacio Zamora:

De Plágaro recuerdo
hombres y nombres. Y una callejuela…
Don Eulogio, el enjuto Don Eulogio,
Todo nervio, pastor de almas y ovejas.

La casa rectoral: arco de entrada,
- labor de cantería - frente a ella,
cercada de insegura
pared de canto, la pequeña huerta.

Más abajo, la fuente. Más arriba,
el calvario de piedra.
Y el camino del monte. Y aquél otro
que a los Mártires lleva.

¿Triscarán los corderos por delante
De la ermita, el amor de la lindera?




3 comentarios:

Miquel dijo...

Gracias por la explicación. Cuando veo las espadañas intentar mantenerse en medio de la destrucción me pongo triste.
Estas obras no tendrían que dejarse perder.
Salut

Montacedo dijo...

Gracias por dejar unas palabras

Miquel dijo...

No dejes de hacer introducciones de este tipo, son recomendables, y nos hacen conocer la historia de tu ciudad. salut