Hace unos meses, durante la realización de una ruta de senderismo por la zona, me quedé con las ganas de ver esta encina centenaria. Afortunadamente unas semanas después pude acercarme al ejemplar desde la carretera de acceso a Briongos de Cervera. Para ello dejaremos el coche pasada una pequeña vaguada, retrocedemos andando hasta que veamos la señalización del sendero de pequeño recorrido y andamos unos 400 metros por el mismo, perpendiculares a la carretera, hasta llegar a los restos de una antigua tenada. Desde aquí buscamos un senderimo hacia la derecha que en unos 200 metros nos lleva a la encina.
El ejemplar es estupendo, con unos cinco metros de perímetro de tronco.
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Este fin de semana tenemos las Jornadas Cidianas en Vivar del Cid. No estoy seguro pero creo que se celebra también la Virgen del Mercado en Santo Domingo de Silos, la romería de Nuestra Señora de la Vega en Valdelucio y la romería a la ermita de Valpeñoso (Jaramillo Quemado). Todas ellas tienen (o tenían) elementos de interés etnográfico que espero poder contar aquí en otra ocasión.
Por esta zona de la vega baja del Arlanza abundan los pueblos-colonia que han venido derivando en granjas o fincas particulares más o menos deshabitadas, aunque no abandonadas. Este es el caso de Pinilla de Arlanza, perteneciente al municipio de Peral de Arlanza, que figura sin habitantes en el padrón.
El lugar está al lado de la N-622. Al otro lado vemos la iglesia, de trazas románicas y lo que parecen ser los restos de un castillo.
He encontrado muy poca información sobre este lugar. El nombre de Pinilla significa peñasco pequeño. En 1048 era un municipio independiente y como tal es mencionada en el fuero de Palenzuela. En la relación de la Behetrías (merindad de Cerrato) se incluye a Pinilla como solariego. En el siglo XV el palacio perteneció al Marqués de Salazar.
Pinilla fue traspasada de señoríos, aunque al menos a finales del XVIII y principios de XIX contó con alcalde propio, nombrado por el señor. En el diccionario de Miñano (1826) figura como Villa perteneciente a la provincia de Palencia (10 vecinos y 37 habitantes). En 1842 aún tiene Ayuntamiento propio, contando con 18 vecinos. En el de 1857 ya aparece integrado en Peral de Arlanza. En 1901 tenía 39 habitantes.
A modo de curiosidad, diremos que muy cerca de Pinilla existe un minúsculo enclave palentino en Burgos, que ocupa una extensión ligeramente superior a las 100 hectáreas.
Alejada unos kilómetros del curso del Arlanza, pero todavía bajo la influencia de su fértil valle bajo, se alza la villa de Villahoz. Durante la baja Edad Media tuvo carácter de realengo momento en el cual se edificó una muralla de la que persisten algunas puertas y lienzos.
Recuerdo de aquella época es el ahora bello rollo jurisdiccional del siglo XV que servía también como picota. Es uno de los más interesantes de toda la geografía provincial.
Este elemento arquitectónico se encuentra en una plaza que se abre desde la trasera de la iglesia. Este templo, como muchos de la zona, es de grandes proporciones. Presenta a los pies una torre de trazas clasicistas, que fue levantada en el siglo XVII y que muestra en su remate varias filas de sillares en los que se superponen, de forma llamativa, los tonos claros y oscuros. Encontramos también una portada gótico-flamígera, atribuida a los Colonia
El trazado burgalés de ladenominada vía romana de Clunia a Cantabria pasaba por las inmediaciones de Arauzo de Torre, Pinilla Trasmonte, Tordómar, Pampliega, los Balbases y Castrojeriz. La obra de fábrica más importante sigue siendo el puente de 22 arcos que cruza el río Arlanza en las inmediaciones de Tordómar. Aunque ha sido restaurado en diversas ocasiones, aún son visibles los arcos de medio punto y los tajamares romanos dispuestos con amplias dovelas y grandes sillares unidos a hueso.
También son muy esclarecedores los dos miliarios situados en el extremo meridional del puente. El mejor conservado es una elevada columna, rematada con un crucero posterior, en e que se puede leer una inscripción que hace referencia al emperador Trajano y al año en el que fue levantado: 98 después de Cristo. El segundo es más pequeño y luce una leyenda que indicaba a los viajeros las millas, exactamente XXXIII, que les separaban de Clunia.
Cerca del puente se puede observar un bien conservado tramo de la empedrada calzada y una pequeña alcantarilla con tres arcos.
En Tordómar tambien es posible evocar la memoria del desaparecido monasterio de San Pedro de Valeránica, algunos de cuyos restos, de los siglos VIII al X, se encuentran expuestos en el Museo de Burgos. Pese a su relativa importancia, no se ha encontrando ninguna referencia documental más allá del siglo X, con lo que es posible que desapareciese por alguna aceifa musulmana.
En el scriptorium de este cenobio trabajó durante buena parte del siglo X el famoso calígrafo y pintor Florencio. La desaparecida “Biblia de Oña”, el “smaragdo de Córdoba”, la “Biblia de León” (que hoy podemos ver en San Isidoro) y los “Moralia in Job” fueron las obras más importantes de este monje burgalés considerado como el mejor copista hispano altomedieval.
Según la tradición Florencio vino como mozárabe de Córdoba, de donde importó las técnicas árabes. También se hace referencia a otro mozárabe retornado, Omar o Agomar, que hizo construir una torre que acabaría dando nombre al pueblo (Torre de Agomar). Sobre los restos de aquella supuesta fortaleza se habría levantado la gran iglesia gótica.
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Como sabéis este fin de semana se celebra la fiesta de San Juan en muchas localidades. El evento más conocido es seguramente la Fiesta del Capitán, en Frías.
Terminado nuestro periplo por la zona ribereña vamos a dedicar las próximas entradas (salvo las puntuales asociadas a senderismo o a eventos) a la zona del curso medio-bajo del río Arlanza. Empezamos con una breve parada para ver esta torre de Torrecitores del Enebral a la que antiestéticamente encontramos adheridas algunas construcciones.
La torre primitiva, que conforma el núcleo central de la fortificación tiene tres niveles, separados por bóvedas de cañón apuntado. Pudo ser construida a finales del siglo XIV o principios del XV. Posteriormente se rodeó la torre existente con una camisa, tapando varias saeteras y tragaluces. En el siglo XVI se levantó el último piso de la torre y se colocó la cubierta sobre un muro sin almenas.
La torre fue el símbolo más claro del señorío que dominaba en este pueblo, en el cual los vecinos, siempre escasos, fueron durante siglos simplemente arrendatarios. Sabemos que la villa y su coto fueron propiedad de la familia Torquemada, una de las más poderosas de Burgos. Los Reyes Católicos dieron posesión de Torrecitores a su servidor don Juan de Ortega, primer obispo de Almería, que yace en las Monjas Doroteas de Burgos. Los Torquemada, unidos con los Cerezo, fueron mayorazgos y señores de la villa hasta 1709, año en que la titular, doña María Bibiana Cerezo, casó con don Fernando de la Cerda Dentí, marqués de la Rosa. Su nieto y heredero resultó revolucionario y murió exiliado en París en 1829.
Los canales de Dulla son un escondido y singular espacio geográfico provincial compuesto de varios profundos cañones de material cárstico por los que circulan corrientes de agua de carácter intermitente, excavados en la cara sur de la antigua meseta de Dulla. En esta ruta nos haremos una completa idea de este interesantísimo paisaje. El recorrido es asequible, incluso fácil en su mayoría. Sin embargo hay un punto conflictivo que describiré más adelante, para que los posibles interesados actúen en consecuencia.
Dificultad: 4 (ver comentarios)
Orientabilidad: 4
Belleza: 4
Tiempo y distancia: 18 kilómetros y 5 horas y cuarto.
Situación.
Saldremos de Burgos en dirección norte por la N-627 hasta que poco después de Sotopalacios nace la CL-627 en dirección a Villarcayo. Recorremos los 60 kilómetros hasta este pueblo y desde el mismo buscamos la carretera comarcal que conduce a Puentedey. Una vez en este singular pueblo giramos hacia la derecha hasta el cercano pueblo de Quintanilla Valdebodres.
Puntos de Interés
Quintanilla Valdebodres (Pozo del Infierno, Antiguo molino, arquitectura popular), bosques mixtos, Arroyos, Cascada del Coladero, Cortados de los canales de Dulla y de la Mata, El Ventanón, Villamartín de Sotoscueva.
Descripción de la Ruta
Aparcamos en la bella plazoleta que enmarca la pequeña localidad de Quintanilla. Por una calle que nace perpendicular a la carretera empieza la ruta, señalizada por el PRC BU 33 y por el GR1, con los que coincidiremos en parte de la jornada de hoy.
La capa de cemento se dirige a una pequeña ermita pero en una curva cercana al templo encontramos que la ruta sigue hacia la izquierda. Al instante nos vemos rodeados por el dosel vegetal que se extiende por estos valles, en donde las encinas y los quejigos son las especies dominantes.
Por el fondo discurre una fina corriente de agua de carácter intermitente. En la jornada de hoy luce en todo su esplendor, destacando por la limpieza de sus aguas. De hecho será una constante el tener que cruzar una y otra vez el arroyo, e incluso que sendero y arroyo coincidan durante algunos metros.
Al cabo de unos 300 metros nos encontramos con una reproducción de una carbonera, actividad muy extendida en el pasado por estos montes. Desde aquí los rincones bellos se suceden gracias a los serpenteantes sendero y arroyo.
Cuando llevamos algo más de un kilómetro llegamos a la unión del Canal de la Mata (de frente, por el que regresaremos) y el Canal de Dulla, el más importante de todos. El sendero principal sigue de frente pero nosotros hemos de girar hacia la izquierda buscando el segundo canal citado (y abandonando la señalización de pintura). Como referencia indicaremos que el arroyo del canal de Dulla tiene más agua, incluso es bastante probable que el arroyo de la Mata esté seco aunque el otro no lo esté.
El sendero que hemos de seguir al principio parece difuso, pero pronto se hace bien visible. Por su parte el vallejo que hemos seguido hasta ahora se va haciendo poco a poco más profundo y encajonado. En este sentido, en bastantes ocasiones encontraremos derivaciones para evitar tener que andar por el cauce, aunque todas acaban confluyendo.
Al cabo de 3 km vemos de frente un inconfundible espolón rocoso que separa el Canal de Dulla (que sigue de frente) de otro canal que se abre hacia la izquierda. Justo después de la confluencia de los dos arroyos cruzamos el arroyo principal y empezamos a subir por la falda del espolón rocoso, dejándolo a nuestra izquierda. Tras un tramo algo duro la pendiente se suaviza considerablemente y empezamos a disfrutar de las vistas de un canal cada vez más profundo.
Nos vamos acercando a la base de los farallones mientras que nos vamos acercando a un circo rocoso por el cual cae esporádicamente la cascada del Coladero. Pasamos sobre la misma y seguimos durante unos 500 metros más por este vallejo secundario. En este punto el sendero marca claramente la dirección del fondo del vallejo y se empieza a ascender por la corta loma de la otra vertiente. Cuando alcanzamos la meseta superior, cubierta por una esquelética carrasca, el sendero se difumina. Nosotros seguimos de frente buscando el cortado que marca la parte superior del canal de Dulla.
Desde aquí vemos la parte final y más profunda del cañón, que termina entre dos impresionante farallones rocosos, el de Dulla y el del Paño, entre los que se encuentra una gran brecha. No está claro si esta brecha es la Puerta de Dulla, o más bien otra situada más al oeste.
A partir de aquí empezamos a caminar por el borde del cortado. Tras la experiencia de haber realizado la ruta, creo que lo más recomendable es empezar a buscar el lugar más factible para descender de nuevo al cañón, cosa que de acuerdo a lo que se puede ver en la cartografía parece producirse un poco más delante de donde estamos, cerca de la cueva del Oro.
Desconociendo esta información continuamos por el borde del cañón; en realidad algo más hacia el interior, andando entre los arbustos. Si nos volvemos hacia atrás podemos ver la boca de la Cueva de Oro, en la base del cortado rocoso. Seguimos ganando altura por la inclinada ladera, culminada por un vértice geodésico. Poco después desaparece el arbolado mientras que nos vamos acercando más y más a la brecha.
Cuando nos encontramos a unos 500 metros de la brecha vemos a nuestro pies un haya aislada que casi llega hasta nuestra altura. En este punto existe un paso complicado, pero factible, para poder descender. Más adelante los cortados son del todo impracticables. Descendemos con calma y precaución hasta que empezamos a pisar hierba, y desde aquí aún descendemos algo más hasta localizar alguna de las sendas que se dirigen a la brecha.
Al llegar a este punto se abre ante nosotros un amplio paisaje del norte provincial, de los valles de Valdebezana y de Valdeporres y de los montes del Somo. Nos encontramos con un vallado que podemos superar por el lado izquierdo de la brecha. Por este lado descendemos rápidamente hacia una meseta intermedia, buscando otra alambrada que desciende desde los mismos cortados. Al llegar junto a la misma descendemos algo más hasta la señalización del sendero de pequeño recorrido PRC BU 33, que seguimos hacia la derecha. Con ello termina terminan las complicaciones del recorrido.
El sendero pasa junto a una balsa de agua y desemboca en otro más marcado, con lo que volvemos a unirmos al trazado del sendero de largo recorrido GR1. No mucho después encontramos el desvío hacia el Ventanón: una espectacular oquedad natural de unos 30 metros de anchuray veinte de altura que se levanta sobre el valle del Nela. Son casi dos kilómetros entre ida y vuelta. De regreso en el camino empezamos a descender hacia el pueblo de Villamartín de Sotoscueva, del que nos separan dos kilómetros.
En la entrada del pueblo encontramos el camino por el que hemos de seguir, mediante un fuerte giro hacia la derecha, si bien merece la pena, si disponemos de tiempo, darnos un paseo por este núcleo.
El nuevo camino se dirige a un depósito de agua y asciende por la ladera alcanzando muy pronto un collado que da paso al canal de la Mata. Ignoramos sendos caminos, uno que vuelve a descender por la vertiente que traemos y otro que asciende hacia la izquierda, escogiendo en cambio el sendero que sigue casi de frente, descendiendo hacia el canal.
Siguiendo siempre la señalización llegamos rápidamente al cauce del arroyo de la Mata. Ya solo queda seguirlo pasando de un bello rincón al siguiente. Cuando llevamos andados algo más de dos kilómetros por el fondo del cañón el agua desaparece sumida por el suelo. Poco después llegamos a la intersección del inicio del recorrido. Desde aquí desandaremos lo andado hasta Quintanilla.
Comentarios
A la vista de las dificultades encontradas la alternativa más obvia consiste en seguir en todo momento por el fondo del Canal de Dulla hasta alcanzar la brecha que lo culmina, aunque ello puede inducir que pase desapercibida la cueva del Oro y no veremos la cascada del Coladero (que por otro lado suele estar seca). Otra posibilidad es hacer el recorrido a la inversa e ir viendo si es factible el ascenso a la meseta, tomando como referencia la oquedad de la cueva del Oro, el problema en este caso puede ser localizar la continuación de la senda.
Si casi todas las rutas mejoran mucho en épocas húmedas, en esta el efecto es aún más marcado. Tanto, que no la recomiendo en pleno verano, sobre todo si el día es caluroso. Lo mejor son épocas de deshielo o incluso después de una tormenta primaveral (como ocurrió en esta ocasión). Ello hará que tengamos que cruzar los arroyos no menos de un centenar de veces, e incluso compartir el sendero con el agua. En todo caso, el escaso caudal hace que con un calzado impermeable este efecto sea más un entretenimiento que un contratiempo.
Los Canales de Dulla son uno de nuestros más singulares, agrestes y desconocidos espacios geográficos. Horandado la cara sureste de una otrora inexpugnable meseta; las llamadas canales del campo de la Corza, Coladero, Valdecastro, de la Mea, de la Mata y de Dulla, la más grandiosa y espectacular de todas, forman un auténtico laberinto paisajístico que aparece salpicado por una multitud de elementos morfológico originados por un intenso modelado kárstico: dolinas, uvalas, simas, pozos, cuevas y surgencias.
No es extraño, por ello que este lugar haya recibido el topónimo DULLA, vinculado a las DUILLAE, divinidades prerromanas protectoras de la naturaleza.
Entre el casi medio centenar de cuevas y cavidades que se localizan en el entorno del las canales de Dulla destaca con luz propia la cueva del oro Situada justo debajo del escarpe que remata la canal del Dulla, está formada por una única galería de grandes dimensiones y notable belleza en la que también se pueden admirar una serie de pequeños lagos. En su interior se han encontrado varios restos humanos y un conjunto de fragmentos cerámicos pertenecientes a distintas culturas prehistóricas.
También la cueva del Oro o del Moro tiene su leyenda popular que hace referencia a un tesoro, a una bolera de oro escondido en el lugar por los moros o los franceses. Según dicha creencia, el tesoro está protegido por aguadas subterráneas y trampas geológicas muy difíciles de sortear.
Dicen también los aficionados a las sicofonías que afinando el oido se oye una voz oscura que proviene del fondo y que repite una advertencia: “alegre entrada, triste salida” “alegre entrada, triste salida”; aunque según otras versiones este mensaje estaría escrito cerca de la entrada, en una balaustrada sobre un lago. En todo caso la leyenda se completa diciendo que muchos de los que entraron a buscar el supuesto tesoro nunca volvieron a ver la luz del sol.
En la próxima entrada os describiré una ruta que transita por este singular espacio de Dulla, pasando cerca de la cueva del Oro.
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Actualización del 18-06-12.
Foto con la perspectiva de todo el espacio geográfico.
Para no saturaros demasiado con mis árboles singulares había dejado colgando esta entrada dedicada a los árboles singulares de Arauzo de Salce. Las imágenes son de mediados de abril, con lo que lamentablemente no podemos verlos con hojas.
Las primeras palabras van dedicadas al moral. Casi como manda la norma, pegado al muro de contención de la iglesia. No tiene un aspecto demasiado bueno.
Al parecer antiguamente cada rama tenía el nombre del niño que se había caido de ella al intentar coger las moras.
A unos 500 metros del pueblo, en dirección norte y a la vera del río Aranzuelo, existe un enorme y sorprendente quejigo, pues no es especie típica de la zona. No me pude acercar más para no ponerme perdido de barro.
Sorprende que un ejemplar tan a mano haya resistido el ataque del hacha. Al conocer su historia tenemos la explicación. Se trata del roble de San Miguel, y recibe el nombre de la ermita que se encontraba en este lugar hace ya varios siglos. Al parecer la protección del templo se extendió al árbol, y nadie osó cortarlo, ni siquiera podarlo. Los vecinos del lugar aún le indicaban a Javier Palacios, el autor del libro "Árboles singulares de Burgos", que al arar solían salir tejas e incluso cruces y calaveras.
Su perímetro nominal es superior a los cuatro metros y su edad podría elevarse a más de 200 años.
Sinovas es una localidadsituada a unos tres kilómetros de Aranda de Duero, villa a la que en la actualidad pertenece como barrio. Su iglesia de San Nicolás de Bari presenta un exterior con tres marcados volúmenes arquitectónicos: torre, nave y cabecera. Una serie de esbeltas columnas renacentistas son el único testimonio del pórtico que protegía una antigua portada románica.
Esta última data de principios del siglo XIII, presenta un arco de medio punto decorado co una arquivolta con marcados dientes de sierra y se protege con un tejaroz sostenido por canecillos.
Pero es el interior de la iglesia donde se descubre el verdadero tesoro artístico de Sinovas: el artesonado mudejar que da forma a la techumbre de la nave. Aunque sólo se conservan dos tramos completos, los aliceres o frisos de arranque de toda la nave y parte del coro, estamos ante uno de los más señalados ejemplos de su género en España.
La techumbre de la iglesia de San Nicolás responde a la tipología armadura de par y nudillo, a dos aguas, con dobles tirantes de refuerzo. Los faldones, el almizate (parte plana superior), los aliceres, las vigas, los tirantes, y todas las demás superficies están cubiertos por diversos temas decorativos pintados al temple.
Las figuras van desde formas geométricas, elementos vegetales, escudos heráldicos, hasta un interminable repertorio de representaciones figurativas con escenas bíblicas, imágenes de religiosos, santos, mártires, damas, nobles, guerreros, peregrinos, pasado por luchas, cacerías y un variado elenco de animales y seres monstruosos y fantásticos. Se pueden contar más de 160 figuras, aunque en origen debieron superar las 400.
El resultado final de las pinturas, en las que predominan los tonos ocres y azules, no parece tener un sentido aparente, pero puede rastrearse una visión amable del mundo representado. Es curiosa una repetida alusión al amor cortés tan de moda en la literatura y entre los nobles de comienzos del siglo XV.
Como decimos Sinovas es uno de los escasos ejemplos de este tipo que se conservan en nuestra provincia. Seguramente en el pasado existieron muchos que desaparecieron como consecuencia de la lacra de los incendios.
Durante los años 2009 y 2010 la Junta de Castilla y león llevó a cabo una restauración en profundidad de todo el edificio. Para la visita en principio hay que concertarla con la Oficina de Turismo de Aranda, pero yo tuve suerte y pillé a los vecinos justo a la salida de misa. Desde aquí quiero agradecer la amabilidad con que me atendieron.
De todos los pueblos que recoge Elías Rubio en su libro "Los pueblos del Silencio", el único situado en el tercio sur de la provincia es este de Cuzcurrita de Aranda. Bien es verdad que existen algunos que, como este, eran en origen una colonia de propiedad privada y se han reconvertido en explotaciones agrícolas.
Lo que hoy podemos ver son los restos de su iglesia y algunos otros muros de apariencia indefinida.
Como decimos el pueblo funcionó como colonia hasta bien entrado el siglo XX. La población estaba restrigida, de modo que sólo un hijo heredaba los derechos del padre. En un 1972 un particular adquirió todo el terreno y obligó a desalojar todo el pueblo. Elías nos cuenta otras historias más humanas en su libro, pero para conocerlas tendréis que consultar el mismo.
Debido a lo comentado, Cuzcurrita no tuvo nunca mucha población. En el censo de 1842 se habla de 35 habitantes y en el de 1900 de 15.
La historia burgalesa cuenta entre sus haberes la existencia de varios monasterios enormemente poderosos en lo económico y en lo político; pero junto a estos convivieron (algunos aún conviven) bastantes más considerablemente humildes.
Hoy exploramos los rastros de un antiguo monasterio de monjas premostratenses que existió en Brazacorta, cuya iglesia aún existe funcionando como parroquia del pueblo. Nuestra señora de Brazacorta fue fundado en 1165 como satélite del Monasterio de la Vid, y dependiente del mismo, para féminas que quisieran integrarse en la orden, tras prohibirse la existencia de monasterio dúplices. Los pocos datos que existen hablan de su penuria económica.
A finales del siglo XIV ya fue abadonado por la monjas, pasando a ser parroquia, pero aún dependiente de la Vid, que nombraba a los priores de la misma hasta la propia desaparición del monasterio, aun con litigios contra la Santa Sede.
El edificio que ahora observamos, que ha perdido la torre original y se encuentra en estado precario, consta de tres naves, de las cuales sólo la central es románica.
El ábside presenta arquillos ciegos que en el exterior quedan casi a nivel del terreno debido a un recrecimiento del mismo. Los capiteles son de tipo cesta y son bastante rúsicos
La obra se sobreeleva ya en época gótica, con lo que se pierden los canecillos del ábside y las nervaduras son claramente apuntadas. Posteriormente vendría la ampliación de las naves, la portada y la techumbre de madera, en el siglo XVI.
En el interior se conservan algún patrimonio mueble de interés, aunque en general en mal estado de conservación.
En los textos altomedievales se refiere la destrucción de Clunia por Tarik en 711 y su repoblación en 912, como una de las plazas fuertes de la línea del Duero. A finales del primer Milenio sería objeto de disputa entre cristianos y musulmanes, hasta que el fin del periodo marcado por Almanzor hizo que el frente de la guerra se alejase definitivamente de estos pagos.
Coruña del Conde es probablemente la heredera altomedieval de los vestigios de Clunia. Aunque es difícil detectarlo, los sillares de la ciudad romana sirvieron para levantar los edificios de esta localidad. De hecho es probable que el mismo nombre de “Coruña” derive de Clunia. Hay varios elementos de interés en esta localidad, los cuales pasamos a desgranar brevemente.
El castillo, fuerte atalaya del valle del Arandilla, presenta desmantelados muros y torres ruinosas, que el tiempo y el instinto utilitario campesino, han dejado reducidas a montones de escombros. Con todo, aun se acusan en unos de los extremos del rectángulo que dibuja la fortaleza dos torres circulares y en el otro extremo, otra cuadrada que aunque delata el vacío interior a través de los boquetes de sus muros, mantiene un gesto retador bajo los restos de vetusta corona almenada.
El castillo de Coruña conserva elementos erigidos en distintas épocas, los más abundantes del siglo XV. Es en esta época cuando la población pasó a formar parte del mayorazgo del Conde Lorenzo Suárez de Mendoza, del cual se deriva el añadido de su topónimo.
A principios del siglo XIV poseía la villa y castillo, el infante don Pedro, hijo de Sancho IV, muerto esforzadamente en 1319, en lucha con los moros de Granada, y aunque por testamento les dejaba a su esposa doña María de Aragón, el rey Alfonso XI; les segregó de la Corona entregándoles a Juan Martínez de Leiva, noble del séquito de los antiguos señores de Vizcaya, que en 1335, corrió el riesgo de ser ejecutado, al negarse un escudero de Leiva, a dar entrada en el castillo de Iscar al propio Alfonso XI.
Muerto Leiva, sin dejar hijos varones, le sucedió Pedro López de Padilla, casado con una hija suya, y en el linaje de los Padillas se vinculó el señorío de Coruña, tras una fugaz confiscación del rey Enrique II, para unirle a la corona.
En el primer cuarto del siglo XV, don Juan de Padilla, señor de Coruña y Calatañazor casó con doña Mencía Manrique, hija del adelantado don Gómez Manrique y de doña Sancha de Rojas, fundadores del monasterio de Fresdelval.
En 1466, Enrique IV da la villa a Lorenzo Suárez de Figueroa, hijo del marqués de Santillana y hermano de doña Mencía esposa del que había de ser Condestable de Castilla, don Pedro Fernández de Velasco.
El castillo de Coruña ha sido además testigo del singular acontecimiento protagonizado por Diego Marín Aguilera. Este pastor natural del pueblo destacó desde muy joven por su capacidad inventiva, lo que le llevó a construir prácticos ingenios para serrar mármol, mover batanes o mejorar el rendimiento de los molinos del Río Arandilla. Su curiosidad y el tiempo que por su oficio dedicaba a mirar el vuelo de las Aves rapaces impulsaron su deseo de volar.
Con ese fin diseñó un aparato con armazón de madera y alas formadas por varillas de hierro y alambre forradas con plumas de águila. La tarde del 15 de mayo de 1793 se lanzó al vacío desde lo alto del castillo realizando un primer recorrido de más de 350 metros.
Con ocasión del 200 aniversario de esta efemérides el ejército del aire donó un aparato que desde entonces permanece junto al castillo. A mí en particular no me gusta mucho.
Esta pequeña figura tal vez represente algo mejor el acontecimiento
La iglesia parroquial.
Rollo del siglo XVIII, aprovechando un antiguo capitel romano.
Puente con restos romanos sobre el río Arandilla. Aquí confluían las calzadas que desde Clunia se dirigían a las ciudades de Tiermes, Uxama y Numancia, con la fundamental vía que siguiendo el curso del Duero comunicaba el valle del Ebro con las explotaciones auríferas del noroeste peninsular. Su origen se puede datar en el siglo I.
A las afueras se encuentra la ermita del Santo Cristo. consta de una única nave en cuyo muyo meridional se abre una resaltada portada de sencillas y poco decoradas arquivoltas. Adosado a la cabecera de la nave se descubre el elemento con mayor singularidad e importancia artística del templo: su ábside de planta cuadrada. De aspecto primitivo y difícil datación, algunos expertos se inclinan por asignarle una cronología a caballo entre los siglos XI y XII. Para otros podría ser anterior (heredera incluso de un templo del siglo VII) y estar emparentada con las fases más tempranas del románico de los monasterios de San Pedro de Arlanza y Santo Domingo de Silos.
La decoración exterior del ábside, en cuya fábrica se han utilizado muchos materiales romanos procedentes de Clunia, se organiza mediante una serie de arcos ciegos, ligeramente peraltados, distribuidos entre sus tres muros. Mientras que el muro occidental presenta tres arcadas con aristas boceladas que se apoyan en alargados capiteles y altos fustes, los de las fachas laterales sólo muestran dos arcos de aristas vivas y más simple decoración. Un interesante artículo sobre esta ermita lo podéis leer aquí.
Recientemente se leía en el periódico la noticia de un posible hermanamiento entre Coruña del Conde y la cuidad de La Coruña, al ser las dos únicas con tal denominación en España.