jueves, 17 de noviembre de 2016

Frías

Frías, la Ciudad más pequeña de España, es una localidad que no necesita ayuda para promocionarse. Además de ser un lugar que “se vende sólo”, existe múltiple información de todo tipo y en todos los formatos. Así, las cosas, intentar a estas alturas escribir algo original sobre este pueblo, sin ser natural del mismo, implicaría notable esfuerzo con pocas opciones de éxito y escasa recompensa.

En las primeras imágenes, diversas vistas de Frías
 Pero, como no se entendería este blog sin al menos un artículo dedicado a Frías, he decidido, como en ocasiones similares anteriores, hacer un bosquejo general del lugar. El enfoque será fundamentalmente histórico e irá “salpimentado” con diversas imágenes de la localidad, las cuales tendrán papel protagonista. Aunque trataré de resumir lo más posible, el artículo será necesariamente bastante más largo de lo habitual.




Frías se encuentra situada en un pequeño pero reseñable mogote de piedra toba (los lugareños lo llaman muela), en la salida del río Molinar, desde las alturas de los Montes Obarenes, hacia las llanuras que forma el río Ebro a su paso por el Valle de Tobalina.

 
Su estratégica posición, y su importancia en las épocas medieval y moderna, han hecho que se haya especulado mucho sobre una posible calzada romana que pasara por Frías conectando el área de las salinas de Rosío con las de Poza. De lo poco que intuyo sobre la materia, parece bastante probable que esta calzada existiera y, entre las posibilidades más plausibles, está esta que comentamos.

 
Buscando registros algo más consistentes, la primera mención documental que encontramos se remonta al año 867. Estamos hablando del documento de fundación del Monasterio de San Juan de Orbañanos.

 
De los siglos posteriores no tengo mucha más información, por lo que lo más probable es que Frías se mantuviera como un pequeño núcleo de población. El salto histórico cualitativo más importante para Frías se desarrolla entre finales del siglo XII y principios del XIII, bajo el reinado de Alfonso VIII.


 
Los diversos hechos parecen constatar un plan regio para trasladar el centro neurálgico del antiguo territorio del alfoz de Petralata (que comprendería aproximadamente el valle de Tobalina y los montes Obarenes) desde el castillo homónimo, en lo alto de los montes citados, hacia Frías.

En las siguientes imágenes, diversas tomas del puente medieval

Este traslado respondería, por una parte, a un periodo más estable en el que el desarrollo comercial era más importante que el defensivo, y por otra, en el deseo de crear un centro de poder para controlar más de cerca al todavía amenazante reino de Navarra. No es por tanto extraño que los principales hitos constructivos de Frías, el puente, el castillo, las murallas, y la iglesia de San Vicente, daten de esta época.

 
Empezando por el puente, sin duda uno de los más bonitos del país, aunque es bastante probable que este vado fuese aprovechado con anterioridad, efectivamente es por primera vez citado en el año 1181. Sus elementos constructivos más antiguos, parte de los arcos exteriores, se remontan a dicha época. El carácter ojival de los arcos centrales indica que son algo posteriores.
 
 
La torre central para el cobro de pontazgo, que confiere esa belleza tan singular a la construcción, probablemente sea de finales del siglo XIV o de principios del XV. Su principal justificación radica en las frecuentes reparaciones a que obligaban las riadas del entonces imprevisible Ebro; y resultaba lógico que las pagaran quienes más usaban el puente.

Las siguientes imágenes están dedicadas al Castillo
 
En cuanto al castillo, los elementos originales más destacados son sin duda las bonitas ventanas ajimezadas de las cuales aún podemos disfrutar, único resto del antiguo palacio. La mayor parte de la obra, incluyendo la espectacular torre del homenaje agarrada a la roca, data del siglo XV, con posterioridad a la toma de la ciudad por parte del Conde de Haro (estas obras obedecieron en cierta medida a los daños sufridos durante el asedio). Existen modificaciones posteriores, incluyendo unos importantes trabajos de restauración hace unas décadas.


Unos buenos ejemplares de tilo y almendro presiden la plaza de entrada al castillo
 Al respecto, cabe decir que la peña tobácea en la que se encuentra la torre del homenaje ha sido una constante amenaza para las casas que se encuentran justo debajo. A lo largo de la historia ha habido varios desprendimientos que se han llevado por delante varias casas y vidas, así como la evidente desaparición de buena parte de la construcción superior. Incluso a principios del siglo XX se planteó la eliminación total de toda la peña; iniciativa que, afortunadamente, no salió adelante.


El castillo disponía de un foso
 Finalmente, también la iglesia puede datarse originalmente en ese románico tardío, aunque no sea reconocible actualmente. Como fruto de sucesivas reformas y ampliaciones, en general no muy afortunadas, el aspecto del templo ha sido cada vez más ecléctico.


Vista parcial de los campos que rodean a Frías. En primer término el convento de Vadillo y al fondo el omnipresente monte Humión
 Por ejemplo podemos indicar que durante varios siglos existió un amplio atrio gótico que ocupaba toda el ala occidental del templo, y del cual sólo conservamos un arco, tras su retirada mediado el siglo XIX. Como dato anecdótico podemos indicar que en la plaza sur, que comunica la iglesia con el resto del pueblo, existió antiguamente un gran olmo junto al que se reunía el concejo de la ciudad.
 
El Humión desde una de las ventanas del castillo
 Pero el hecho más destacado tuvo lugar a principios del siglo XX. Hasta entonces aún era reconocible la portada románica, un rosetón y una alta torre con aires defensivos, complemento sin duda de castillo ubicado al otro lado de “La Muela”. En 1906 la torre, que ya había dado varios avisos con anterioridad, se viene abajo llevándose consigo toda la fachada.

Aspecto actual del patio del Castillo
Los marchantes de arte americanos, siempre al quite con estas cosas, ofrecen asumir el coste de la reparación a cambio de hacerse con la portada románica. El caso es que hoy este elemento se encuentra efectivamente en el Museo de los Claustros de Nueva York, pero según parece el dinero nunca llegó. El municipio tuvo que hacerse cargo de las obras de reparación, con un resultado como vemos no excesivamente afortunado.

 
Frías contó con otros templos y ermitas. Actualmente podemos encontrar la iglesia de San Vitores, el convento de Santa María de Vadillo (cuya iglesia se encuentra en un estado razonablemente bueno) y los restos casi irreconocibles del Convento de San Francisco, hoy integrados entre viviendas y locales.
 
 
Volviendo al siglo XIII, indicaremos que la creación de estos nuevos edificios tiene su reflejo en la documentación. En efecto, en 1202 el rey Alfonso VIII intercambia unas propiedades con Oña para concentrar recursos en torno a la villa de Frías. Concede unos fueros a la localidad incluyendo diversos privilegios para los que se establezcan en la misma.

 
Se establece el derecho a mercado. Entre los hechos festivos posteriores podemos indicar como anécdota que debían ser relativamente frecuentes las corridas de toros. Aún se pueden reconocer los restos de los toriles en la plaza de los Granos o de Los Toros, enfrente de la iglesia.


 
A partir de esta época Frías vive varios siglos de esplendor, al menos en comparación con las localidades de su entorno. Su ubicación en pleno camino entre las llanuras burebanas y las de la Castilla primitiva, y el vado del Ebro, son factores fundamentales.

 
Fruto de ello son aspectos como el desarrollo urbanístico, la creación de una judería, el desarrollo de las industrias molinar y textil, o el cultivo y comercialización del vino chacolí (la cita original del año 867 refleja precisamente la donación de “una vinea in valle de Fridas”). Como consecuencia de la pujanza de Frías empiezan a surgir pleitos con los pueblos del entorno, que pelearán por su independencia, y con el poderoso centro monástico de Oña.

 
Aunque el auge de Frías parece tener su punto culminante en la concesión del pomposo título de ciudad, por parte de Juan II, en 1435, es evidente que ya por entonces su independencia está amenazada. En 1446 el rey intercambia Frías con Pedro Fernández de Velasco, conde de Haro, a cambio de Peñafiel. Los ciudadanos no asumen con gusto esta imposición, que cercena de raíz su independencia y privilegios.

 
Existen una serie de conflictos que tienen su punto culminante pocos años más tarde, con el amotinamiento y toma posterior de la ciudad por parte del conde; aunque cediendo a algunas de las pretensiones de los sitiados.

La plaza de los granos o de los Toros, delante de la iglesia.
 
Estos hechos son la base de la singular fiesta de El Capitán, que se sigue celebrando todos los años en torno al día de San Juan, aunque también se incorporan elementos aparentemente relacionados con los periodos de las Guerras de la Independencia y Carlistas.

 
Aunque los conflictos no cesan después de este hecho, la familia Velasco se hace con el control de la ciudad y la convierte en uno de sus centros de poder. Tanto que, pocos años después, obtienen del rey el título de Duques de Frías, que será el principal que usarán en adelante.


En las siguiente imágenes, algunas tomas de las calles de Frías.
 Pese a estos hechos, Frías sigue siendo el principal centro económico de la zona. Los registros poblacionales hablan de una punta de población de en torno a 2000 personas a principios del siglo XVI, aunque pronto caerá a la mitad, fundamentalmente por los diversos brotes de peste.

 
Así se mantuvo más o menos hasta principios del siglo XX, cuando se fue cayendo en un lento pero imparable declive. La principal causa de esta decadencia fue la apertura de la carretera del desfiladero de la Horadada y el consiguiente paso del protagonismo comarcal al pueblo de Trespaderne.


 
Hoy Frías es una localidad (la ciudad más pequeña de España) de unos 200 habitantes y que vive fundamentalmente del turismo. Su indudable belleza y una acertada política de rehabilitación, hace que sus calles se vean pobladas de visitantes todos los fines de semana. La reciente inscripción dentro del club de Los Pueblos Más Bonitos de España ha supuesto un importante impulso.


Iglesia de San Vitores

Iglesia del Convento de Vadillo
Frías es mucho más que lo expuesto en este breve artículo. Hay muchas fuentes de información adicional; pero quiero entre todas quiero resaltar el blog de mi amigo ZALEZ.

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