miércoles, 28 de marzo de 2012

Peña Amaya

Contemplada desde la distancia, la Lora de Peña Amaya semeja un inmenso casco de navío varado entre los trigales de la llanura. A pesar de que su relieve es el más llamativo de toda la comarca de las Loras burgalesas y que en su entorno habita una variada comunidad de aves rapaces, la singularidad de Peña Amaya radica en su denso e importante pasado histórico.



La ocupación humana de Amaya se inicia hace unos 3000 años, durante la Edad del Bronce. Posteriormente fue una importante ciudad de la Cantabria prerromana que acabó siendo conquistada por las legiones de Roma. Con el paso de los siglos se convirtió en capital – incluso llegó a ser sede episcopal a finales del siglo VII – de uno de los ducados visigodos. No acabaría ahí su fecunda historia, ya que durante la Alta Edad Media fue un disputado baluarte entre musulmanes y cristianos. De todo este pasado glorioso sólo quedan unos pocos testimonios arqueológicos.

Justo al final de la pista de tierra que asciende desde el actual pueblo de Amaya y en un área de 1200 por 200 metros pueden reconocerse las huellas de un importante núcleo de población. Un camino permite atravesar unos amontonamientos de piedras que recuerdan estructuras de casas y calles antiguas.



Presidiendo todo el conjunto se alza la gran mole caliza conocida como el Castillo: verdadera acrópolis natural en la que resistieron los habitantes de Amaya los numerosos sitios que padeció su disputada ciudad. Son los propios historiadores romanos los que narran el asedio al que fue sometida la antigua ciudad cántabra de Amaya por la tropas mandadas por el mismísimo emperador Augusto.
 
Desaparecida la autoridad romana los cántabros volvieron a vivir en su régimen de autogobierno hasta el año 574, en el que el rey visigodo Leovigildo sofocó sus continuas rebeliones y ocupó su capital, Amaya Patricia. No acabarían aquí las disputas por la posesión de este estratégico bastión, ya que en 711, un columna bereber bajo el bando de Tarik ocupo de nuevo Amaya. Tendrían que pasar casi 150 años para que los cristianos la reconquistaran de nuevo. Asi en el 860 Rodrigo, el primer Conde de Castilla repobló – por mandato del rey asturiano Ordoño I – la ciudad. El avance de los cristianos hacia el sur significó su total abandono y olvido.

(texto anterior tomado de la serie: "rincones singulares de Burgos", de Enrique del Rivero.)

Para saber más, aquí tenéis el artículo de la wikipedia.

Un dato curioso. Hace unos días hablábamos de la otra gran Peña Burgalesa, Peña Carazo. Pues bien, si trazamos una línea recta entre ambas, el centro de la misma queda muy cercano a la capital y al centro geográfico de la provincia. En nuestra próxima entrada describiremos una ruta de senderismo que aborda este lugar de Peña Amaya.

4 comentarios:

Yosu dijo...

Nunca agradeceremos suficientemente los amantes de la Hª, los trabajos que se han realizado como este presente, por Monteacedo.
Muchas gracias.

Montacedo dijo...

Gracias por tan amables palabras

MAC dijo...

Genial artículo Montacedo.

Amaya apenas es conocida incluso para los propios burgaleses, y es una pena porque es parte importantísima de la historia de Castilla.

Y por cierto, me ha encantado el dato que has comentado de la línea con Peña Carazo. Burgos está en el punto medio: otra prueba de que la localización de Burgos no es nada aleatoria, y que, al final, todos los caminos pasan por ella.

Un saludo,

Montacedo dijo...

Gracias por tus comentarios.