miércoles, 1 de mayo de 2019

Peña Amaya

Contemplada desde la distancia, la Lora de Peña Amaya semeja un inmenso casco de navío varado entre los trigales de la llanura. A pesar de que su relieve es el más llamativo de toda la comarca de las loras burgalesas y que en su entorno habita una variada comunidad de aves rapaces, la singularidad de Peña Amaya radica en su denso e importante pasado histórico.



Pese a todo, cuando los arqueólogos e historiadores quieren ampliar los conocimientos acerca de tan emblemático lugar; se enfrentan a tantas incógnitas como certezas. De alguna manera parece como si la importancia de Peña Amaya haya estado más vinculada a su simbolismo que al propio poblamiento del altiplano.

un buitre sobrevuela con "el Castillo" de fondo.

En este sentido, los indicios de ocupación o paso humano en Amaya se inician hace unos 3000 años, durante la Edad del Bronce. Posteriormente, y pese a lo que tiende a creerse, los pueblos cántabros de la Edad de Hierro apenas dejaron rastro de su paso por esta Lora, al contrario que el caso de otros castros cercanos como el de Peña Ulaña.

Probable muralla

Durante el periodo de dominación romana parece probado que existió algún tipo de destacamento de control, pero será posteriormente, en el reino visigodo, cuando Amaya alcanzaría su mayor protagonismo como capital (Amaya Patricia) de un vasto territorio o ducado al que se le dio el nombre de Cantabria. De este hecho procede, muy probablemente, su habitual y equivocada asociación con la capital de los cántabros prerromanos. La historia ha dejado constancia de la conquista de esta ciudad por parte de las tropas musulmanas, en uno de los hechos más notables del desmoronamiento del reino de Toledo.

Tiempo después (tendrán que pasar casi 150 años) será uno de los primeros baluartes del avance repoblador de la reconquista. Así en el 860 Rodrigo, el primer Conde de Castilla repobló – por mandato del rey asturiano Ordoño I – la ciudad.


Restos de la población medieval mirando hacia el castillo (a) y bajando desde "El Castillo" (b)

Son de este periodo medieval los restos más visibles que aún pueden contemplarse. En un área de 1200 por 200 metros pueden reconocerse las huellas de un importante núcleo de población. Un camino permite atravesar unos amontonamientos de piedras que recuerdan estructuras de casas y calles antiguas. Presidiendo todo el conjunto se alza la gran mole caliza conocida como el Castillo: verdadera acrópolis natural en la que los arqueólogos también han encontrado pruebas de la antigua fortaleza.

El impresionante "El Castillo".

Con el paso de los siglos la localidad iría perdiendo poco a poco su importancia, hasta quedar deshabitada antes de finalizar la Edad Media. Fue en esta época cuando los pobladores se trasladaron a la actual localidad que aún mantiene su nombre, al pie de la mole rocosa.

La actual localidad de Amaya vista desde el tramo final de ascensión.

Como en muchas otras ocasiones las autoridades no han sabido o querido escuchar a los expertos que han clamado por el estudio y la protección del lugar. Lamentablemente hoy Amaya también es símbolo del expolio ancestral e impune de sus restos.

6 comentarios:

Yosu dijo...

Nunca agradeceremos suficientemente los amantes de la Hª, los trabajos que se han realizado como este presente, por Monteacedo.
Muchas gracias.

Montacedo dijo...

Gracias por tan amables palabras

MAC dijo...

Genial artículo Montacedo.

Amaya apenas es conocida incluso para los propios burgaleses, y es una pena porque es parte importantísima de la historia de Castilla.

Y por cierto, me ha encantado el dato que has comentado de la línea con Peña Carazo. Burgos está en el punto medio: otra prueba de que la localización de Burgos no es nada aleatoria, y que, al final, todos los caminos pasan por ella.

Un saludo,

Montacedo dijo...

Gracias por tus comentarios.

Anónimo dijo...

Montacedo, gran trabajo como siempre. Fácil es leer, algo más difícil el agradecerlo. Ánimo.

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Y0

Montacedo dijo...

Muchas gracias.