miércoles, 19 de agosto de 2015

Torrepadierne

Torrepadierne es el nombre que recibe una finca situada en el curso bajo del río Arlanzón, pocos kilómetros antes de que el mismo alcance la localidad de Pampliega. Se trata de un lugar de notable interés, en el que se combinan los bosques de ribera, las fértiles vegas y un importante encinar de gran valor natural.



El lugar de Torrepadierne ya aparece citado, como torre de una persona llamada Paterno, en algunos documentos de los monasterio de Cardeña y las Huelgas a comienzos del siglo XIII. En el año 1468 compró todas las posesiones y derechos de Torrepadierne un tal don Lope de Valdivielso. Este personaje era el prototipo de advenedizo y emulador del modo de vida nobiliar y caballeresca que imperaba en la época. Su riqueza se consolidó en distintos negocios relacionados con el comercio del vino y su influencia política tuvo su origen al intervenir en las disputar políticas del reinado de Enrique IV. Más tarde fue mayordomo de la reina de Portugal y con el tiempo llegó a convertirse en maestresala de los Reyes Católicos , monarcas con los que participó activamente en la toma del reino nazarí de Granada. Creando el señorío de Torrepadierne, Lope de Valdivieslo, además de hacer un buen negocio, colmó buena parte de sus aspiraciones de ascenso social.
 
Y esta últimas debían ser muchas ya que se hizo levantar una impresionante fortaleza que constaba con balaustres, cubos, barbacanas, poternas, puentes, fosos, un palacio fortificado y una alta torre del homenaje. La obra fue de tales dimensiones que hasta la ciudad de Burgos, amenazada en sus derechos juridiccionales (tenía el monopolio del comercio del camino a Valladolid; y ya vimos un caso similar referido al cercano castillo de Muñó); tuvo que recurrir a los tribunales. Una sentencia de la Chancillería de Valladolid obligó a su hizo, Diego de Valdivielso, al derribo de todos los elementos defensivos a excepción del palacio y la Torre. Eran los primeros años del siglo XVI, había comenzado la edad moderna y el feudalismo entraba en franca decadencia.

 
 

En todo caso tanto el palacio como la torre permanecen en buen estado. Esta última, debido a su esbeltez y gran altura, es visible desde bastantes kilómetros a la redonda. Consta de cuatro pisos en el interior y aparece coronada por ocho perfectos garitones almenados. El palacio, oculto a quien no ingresa en la propiedad, es más bien al exterior. Muestra los escudos de los Valdivielso y de los Avellanedas. María de Avellaneda fue esposa de Diego de Valdivielso en un enlace no del todo feliz: la novia fue secuestrada y después decía de su esposo que era “hombre severo, acostumbrado a maltratarme y a poner las amenaza en ejecución”.

Según algunos, un personaje un tanto disoluto perteneciente a esta familia, Juan de Valdivielso, relativamente famoso en el siglo XVI, pudo inspirar la versión del tenorio creada por Zorrilla (ya hemos indicado en su momento que el creador pasó largas temporadas en la zona).

Los devenires de las transmisiones nobiliarias hacen que la granja Torrepadierne pertenezca en el siglo XVIII al marqués de Barriolucio, Francisco Mozí, de quien pasará por alianza matrimonial a la casa Ducal de Noblejas. Se suceden los embargos hasta que es subastada en 1920. La adquirió Félix Gutiérrez Manrique, natural de Villasilos, que vivirá en la granja Torrepadierne hasta su fallecimiento en el año siguiente. 

La finca pasa a sus herederos; que constituyeron junto con la Caja de Ahorros Municipal de Burgos la fundación Gutiérrez Manrique, como parte del testamento del propietario. Tenía como objeto principal la formación profesional agrícola y ganadera mediante becas y de beneficios sociales hacia las personas más modestas. Tenía y sigue teniendo, pues la fundación aún existe hoy en día.

En cuanto a la finca, ya en manos exclusivamente de la caja, se convirtió en centro experimental de técnicas agrícolas y ganaderas y así ha llegado hasta nuestros días. En 2014, con la desaparición de la entidad bancaria, Caixa Bank vendía la propiedad al grupo Siro, que según parece tiene la intención de seguir utilizándola para desarrollar proyectos innovadores.

Por cierto, esta finca es la décima en cuanto a superficie global de la provincia. Los primeros lugares lo ocupan otros emplazamientos que no le son desconocidos al burgalés medio: La Ventosilla, Explosivos Rio Tinto, Retortillo… El acceso hasta las proximidades del poblado no presenta ningún tipo de impedimentos. Una vez allí habría que hablar con los guardas para poder acercarse más.

 

3 comentarios:

José Luis dijo...

Gracias por molestarte en ilustrarnos. Un saludo

Juan Luis dijo...

He intentado visitar el lugar en octubre de 2016, después de seis kilómetros por una carretera infame, y me tuve que dar la vuelta porque dos grandes carteles advertían: finca de propiedad particular. Prohibido el paso.

Montacedo dijo...

Hola. Yo fui andando desde Pampliega. Como intuirás por las fotos no llegué a acercarme a las casas. Me temo que para una visita "real" habría que consultar antes por internet algún teléfono de contacto o probar a preguntar. Los carteles esos los ponen lógicamente en todos los sitios de este tipo, pero luego de unos sitios a otros varía mucho la receptividad a curiosos.