lunes, 24 de agosto de 2015

Castillo de Castrojeriz

Me había quedado pendiente de mi anterior paso por Castrojeriz el ascenso al castillo. Aunque desde la lejanía parece que sólo se mantienen unos pocos restos, si completamos el duro ascenso observamos que en realidad el volumen del actual castillo es aún relativamente considerable.

 
Aquí se situó el original Castrum Sigerici, inicialmente celtibérico y posteriormente romanizado. Desde este cerro se podría vigilar las depresiones circundantes, en la época de la guerra contra los cántabros. Precisamente su favorable situación defensiva la llevó varias veces a ser atacada.
Tras siglos de escasa actividad, en el año 855 Munio Núñez se asentó en la zona y repobló la villa, y poco después el conde Rodrigo Laínez reedificó el castillo que tantas veces había sido derribado. En época medieval, siglos XII al XVI, la villa alcanza su mayor esplendor, y va tomando su configuración actual al pie del castillo.


Las intervenciones arqueológicas han descubierto rastros de basamentos romanos sobre los que se edificó el castillo. La edificación original empezó en el siglo IX; y fue reforzada y ampliada entre los siglos XI y XII.



Entre los siglos XIII y XIV se levanta la torre del homenaje y en el siglo XV se edifica un cubo de base circular preparado para resistir la artillería. Se clausura la entrada del lado este abriéndose otra en el sur.


Como consecuencia de estas reformas y ampliaciones, ocupa el extremo noroeste de la meseta. Un gran foso aísla el castillo de la Meseta. Paralelamente corría una barbacana de la que apenas quedan restos. Al norte se levantaba el cubo bien conservado, en el extremo opuesto queda un trozo de lienzo que le unía al cuerpo principal y por donde se accedía a la barbacana. El conjunto estaba dotado de patio de armas de forma muy irregular.


En el s. XVIII las murallas y el castillo estaban ya muy deteriorados.  Un informe enviado al conde de Castrojeriz en 1792 decía “También he observado, que en lo poco de los lienzos que han quedado de las Murallas y los Cubos, faltan bastantes piedras que de sus ruinas han llevado subreticiamente los vecinos para sus obras.”


Ex-Colegiata de la Virgen del Manzano vista desde el castillo.
De lo que podemos ver actualmente destaca la mole deformada de la torre del homenaje, que constó de cuatro plantas. Aún quedan restos de arcos ojivales y de las escaleras por donde es posible pasar de un piso a otro.








Desde la torre del homenaje se puede apreciar el irregular patio de armas y los restos de las dependencias anejas.


En el año 2013 se realizó una intervención a través de la Fundación del Patrimonio Histórico (una de las últimas de esta desaparecida entidad) y del 1% Cultural. De momento (agosto de 2015) la visita es libre.
 

4 comentarios:

Miquel dijo...

Qué manera de dejar que las cosas se deterioren...este castillo, remozado, arreglado, compuesto y adecentado como mirador, puede albergar un buen sitio donde pernoctar, de media/alta categoría, y sería muy bueno para todos. Burgos, pueblo, comarca y personal del entorno.
Siempre dejando que las cosas se mueran por si solas.

Anónimo dijo...

Ya en otra ocasión comenté que estas cosas pasan... hay gente que no ama lo suyo y no se puede exigir que hagan ni un poquito.
No se extrañe nadie de que cosas así ocurran en Burgos.

MAC dijo...

Tengo entendido que el terremoto de Lisboa de 1755 afectó al Castill y derrumbó parte de él, ¿es cierto?.

Montacedo dijo...

Pues no lo sé. Sí que afectó a la torre de Santa maría del Campo, así que es factible. Un saludo.