lunes, 3 de febrero de 2014

Antiguos monasterios Burgaleses: Santa Maria de Vileña

Muy pocos signos encontramos tanto en las cercanías de Vileña como en el propio pueblo sobre lo que fue el antiguo monasterio de monjas cistercienses de Santa María de Vileña. Apenas podemos intuirlo por un cartel señalando la existencia de la calle del convento.
 


Resulta irónico que en el pasado el pueblo como tal quedase bajo jurisdicción del monasterio; tanto que los vecinos incluso pagaban el feudo por el suelo sobre el que estaban edificadas sus casas.

Avanzando por la calle citada llegamos a la antigua muralla delimitadora del monasterio, construida fundamentalmente a partir de adobe (por esta zona burebana la piedra es más bien escasa). En las partes que nos lo permite la valla podemos intuir algunos restos; como por ejemplo esta portada renacentista.
 


 Aquí unas paredes a medio devorar por la maleza.
 

Parte de lo que parece el atrio de acceso a la antigua iglesia.
 


Vista general del monasterio desde la loma anexa. Se aprecian las crucerías de la antigua iglesia aunque la impresión general es de ruina.

La ruina y la imposibilidad de acceso hace muy difícil evocar la edificación original del siglo XIII. Según la información existente, los edificios monasteriales siguieron las pautas del gótico más primitivo, un poco al estilo de Las Huelgas, pero con muchas menos pretensiones.
 
La escasez de piedra hizo que la sillería se encontrase sólo en las zonas más nobles, como la portada. En el resto del templo se empleó tierra apisonada, posteriormente forrado de ladrillo, y ladrillo revocado con yeso para las bóvedas. La iglesia dispuso de un ala lateral en donde se ubicaron los enterramientos de las abadesas, así como los de la fundadora y otros mecenas del monasterio.

En la escasa documentación gráfica existente podemos ver el claustro en la zona de acceso a la sala capitular, en la que se intuyen interesantes aunque sencillas arcadas, realizadas a principios del XIV.
 
 



El monasterio fue fundado por Doña Urraca, esposa del rey de León Fernando II. Era hija de Don Lope Díaz de Haro, señor de Vizcaya y tenente de la Bureba, fundador a su vez del monasterio riojano de Cañas.

El rey fallece en 1188, apenas un año después de la boda. Urraca contaba entonces con tan sólo 30 años de edad. Como reina viuda quedó desplazada por los hijos del anterior matrimonio del rey. Tras un largo periodo de infructuosos litigios sucesorios a favor de sus propios hijos, y tras la muerte de su hijo ante el ataque de un oso y el ingreso de su hija como monja, acabaría dedicando los últimos años de su vida al proyecto de fundación del Monasterio de Vileña, en donde acabaría sus días en el más completo anonimato.

La familia de doña Urraca disponía de diversas propiedades en la Bureba, y es en Vileña en donde tiene lugar la fundación, en fecha indeterminada pero en todo caso muy a principios del siglo XIII; fecha en la que ya se hace referencia a la existencia de monjas en el lugar.

En 1222 doña Urraca traspasa a la abadesa de la Huelgas la dirección espiritual del monasterio de Vileña, así como otras numerosas posesiones. Esta incorporación formal al císter puede considerarse como verdadera fecha de fundación del monasterio. Dos años después el rey acoge bajo su protección al nuevo monasterio y le concede algunos privilegios.

Al quedar en lugar apartado, ser poco preeminente y femenino, las noticias del monasterio a lo largo de la historia son ciertamente escasas. Afortunadamente se conserva parte de su cartulario, que permite seguir el día a día del centro. Algunos estudiosos apuntan la teoría de que Vileña acogería el excedente de solicitudes del monasterio de Las Huelgas, destinándose a este lugar más apartado (junto con otros) a las descendientes de la nobleza baja, especialmente comarcal y con notable presencia de la saga de los Rojas, de cuyo castillo hablamos hace poco.

Durante los primeros años el patrimonio del monasterio se nutriría del legado de la fundadora. A unos años de estancamiento sucedería un nuevo periodo de florecimiento a raíz de que los poderosos Rojas se interesaran por el monasterio. Los siglos XIII, XVI y XVIII serían en este sentido los mejores para el cenobio. Durante ellos se acumuló un legado que tenía su eje sobre las tres localidades que quedaban bajo su jurisdicción: Vileña, La Vid y Las Vesgas, pero que se extendería sus redes sobre más de una treintena de ubicaciones, la mayoría en pueblos de La Bureba. En el siglo XVI las monjas poseían, tan sólo en La Bureba, 3200 fanegas de sembradura, sólo por detrás del todopoderoso monasterio de Oña. En 1792 los ingresos del monasterio superaban los 37000 reales.

El siglo XIV es muy tempestuoso para todos los monasterios, pues muchas veces quedan a merced de las frecuentes luchas nobiliarias, con usurpaciones de patrimonio que con el tiempo se irían recuperando parcialmente. Está documentado el desolador paso del inglés Príncipe Negro a mediados del siglo XIV (también guardan triste recuerdo de este personaje en Oña). Consecuencia de ello fue el robo del cenobio, la violación de las religiosas y la decadencia económica.

Parece que al cabo de los años, e incluso de los siglos, el monasterio llegó a recuperarse. Buen signo de ello son las obras del siglo XVI que pueden contemplarse en el Museo de Burgos. De hecho el número de monjas pasa de aproximadamente una veintena a principios de dicho siglo a un número próximo a la cincuentena a finales.

Se tiene una referencia del periodo de la Guerra de la Independencia, momento en que se obliga a las monjas a contribuir con más de 4000 reales a favor de las tropas invasoras. A partir de entonces el monasterio, aunque sigue conservando buena parte de su patrimonio, cada vez tiene más dificultades para su gestión y recaudación. Los procesos desamortizadores van reduciendo los ingresos del monasterio paulatinamente hasta llegar a la mera subsistencia, sostenida por una asignación anual por parte del estado que no siempre llegaba. Con intermitencias esta asignación seguiría hasta la dictadura.

Con ocasión de la revolución de 1868 el monasterio es suprimido, pasando sus religiosas a las Huelgas. En 1872 se permitiría su regreso. Sin embargo este relativamente reducido periodo sería calamitoso para el patrimonio del monasterio, al ser sometido a un saqueo de piezas, muy pocas de las cuales serían recuperadas. Destaca la usurpación de las sillas del coro; éstas últimas por parte del pueblo de Vileña, que ilegalmente fueron vendidas al Instituto Cardenal Lope de Mendoza de la Capital, en cuya capilla permanecen. Dos años después las monjas dejaban de depender de Las Huelgas para quedar bajo la jurisdicción del arzobispado. En esta época el número de monjas es de tan sólo 16.

El 21 de Mayo de 1970 fue el día más triste de la historia del monasterio: Un pavoroso incendio acaba completamente con el mismo. Fue enajenado al año siguiente al de su ruina.

Las monjas han de vender una parte de sus bienes para poder costear la construcción de un nuevo cenobio, entre ellos el retablo mayor, que hoy figura entre la colección del Museo Arqueológico Nacional. Otros retablos acabaron en lugares tan dispares como las iglesias de Las Machorras y Arija, o en el seminario de Burgos.

El interesante órgano acabaría en manos de un particular de Madrid. La llamada Biblia de Vileña, fechada en torno al siglo XII o XIII, se encuentra en la Biblioteca Provincial. Al ser anterior al monasterio se piensa que pudo pertenecer a la fundadora. Algunas arquerías del coro fueron adquiridas por el Opus Dei.

Además de las anteriores, un nutrido grupo de obras han acabado en el Museo de Burgos, la mayoría pinturas del siglo XVI, a las que podemos añadir como pieza peculiar el llamando sillón de Doña Urraca, que en realidad también es renacentista.
 
Retablo de la Asunción. 1581. (foto propiedad del Museo de Burgos)
 

Después de vivir cierto tiempo en una casa particular de Vileña, las monjas acaban seleccionando Villarcayo como ubicación debido a su tamaño y al hecho que no existiese ningún monasterio en la localidad. El nuevo edificio se concibió muy sencillo, construido en ladrillo cara vista, y pasa totalmente desapercibido salvo que se sepa donde está.

Las monjas lograron salvar una parte de su patrimonio mueble, que pasó a mostrarse en forma de pequeño museo en la nueva ubicación. Destacaban especialmente unos originales y valiosos sepulcros en madera de la fundadora y de algunos miembros de la familia de los Rojas de los siglos XIII y XIV; los cuales fueron descubiertos bien entrado el siglo XX. A éstos hay que añadir algunos escudos y sepulcros procedentes del Monasterio de Rioseco, otro de los monasterios burgaleses con triste final. Las piezas de Rioseco han retornado a dicho monasterio como parte del proceso de recuperación del mismo; el resto se conservan en el museo del Retablo de Burgos.
 
 


La tranquila existencia de las monjas de Vileña en Villarcayo se prolongó menos de cuarenta años. En 2008 las dos últimas monjas clausuraban el monasterio y se trasladaban a un pequeño convento en el barrio de Villímar de la capital. El día de su partida recibieron un sentido homenaje por parte de la localidad, tal y como podemos ver en un artículo del periódico Crónica de las Merindades (Página 8).

La mayor parte de la información de este artículo ha sido adaptada a partir del libro “El monasterio de Santa Maria la Real de Vileña, su museo y cartulario” Inocencio Cadiñanos Bardeci. Año 1990.

13 comentarios:

Miquel dijo...

No he podido entrar antes.
Me apena ver como esta parte de la historia se deteriora y se me pone cara de tristeza.
Salut

Montacedo dijo...

La verdad, pensé que esta entrada iba a tener más comentarios. En fis...

MAC dijo...

Gracias por la currada del artículo y por lo documentado que está Montacedo.

Una pena que no hubiera piedra de calidad por la zona, quizás ha llegado tan mal hasta nuestros días en parte por el material que emplearon.

Un saludo,

Anónimo dijo...

que pena, otra mas, cuanta vieja gloria convertida en escombrillo
aprilillo

Crisantos del hoyo gomez dijo...

Interesante reportaje yo me acuerdo cuando iba de niño a ese convento

Montacedo dijo...

Gracias por comentar. Si quieres contarnos alguna anécdota no dudes en hacerlo.

Rafael Molina dijo...

Totalmente de acuerdo, yo también estuve hace unos años, y está tal y como has mostrado en las imágenes. Entristece ver como se va desmoronando, sin ver intención alguno de recuperarlo.
Fantástico trabajo de documentación.
Enhorabuena.

Rafael Molina dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Montacedo dijo...

Gracias por tus palabras.

Hostal Santiago dijo...

Impresionante documento sobre el Monasterio de Vileña. Yo soy de allí aunque marché cuando era niño y nadie me ha contado de este modo lo que paso en el monasterio. Cuando voy de visita al pueblo siempre me quedo mirando las ruinas y me estremezco pensando en lo ocurrido .cuando vuelva lo veré todo de distinto modo gracias a tus letras.
Me entristece pensar que aprovechamos su ausencia para vender la silleria pero imagino que por aquellos años el hambre hacía estragos.
Triste por su pobre fin te mando un saludo

Montacedo dijo...

Gracias por comentar. Me parece que dado que los vecinos durante mucho tiempo no tuvieron formación como para poder valorar el monumento, que la mayoría colapsó durante en incendio y que a ninguna autoridad pareciera importarle; harto han respetado los restos.

Hostal Santiago dijo...

Veo que ahora mismo esta en venta en idealista por 300.000 €.Siento como si me quitaran algo,en fin,,,

Montacedo dijo...

Gracias por la info. A lo mejor hago una referencia.