miércoles, 5 de junio de 2013

San Martín de Don

Volvemos al valle de Tobalina para visitar este último pueblo de la margen izquierda del Ebro. En San Martín hay un buen grupo de grandes y recias casonas.






También está bien presente el agua en sus dos fuentes centenarias y en este bien conservado lavadero.



No obstante, el principal elemento patrimonial de San Martín es su monasterio de San Miguel Arcángel, un pequeño cenobio habitado por monjas clarisas.


Tal y como rezan los escudos y la inscripción de la entrada, la construcción se debe al obispo de Calahorra y Plasencia don Juan Ochoa de Salazar, nacido en San Martín de Don. Éste hizo a la comunidad de monjas heredera de sus bienes, gracias a los cuales, un año después de su muerte, se fundó el convento, en 1594, aunque las obras duraron sesenta años más.

El benefactor no solo entregó fincas y dinero sino que también donó importantes obras de arte, como tapices o pinturas. Para la fundación se solicitó la ayuda a la abadesa del cercano monasterio de Nuestra Señora de Rivas de Nofuentes. Ella trasladó un pequeño grupo de religiosas al nuevo convento.


La iglesia, a la que se entra por una sencilla portada clásica, es amplia y de una sola nave. Está presidida por un altar barroco dedicado a San Miguel Arcángel, donde también aparecen imágenes de San Juan Bautista, San José, la Asunción, San Benito y Santa Clara.

En el lado del Evangelio, en el presbiterio, hay un sepulcro en un arcosolio, en el que está enterrado el obispo fundador.



Imagen desde el atrio del monasterio, desde donde se aprecian el pico Humión y la iglesia de San Martín. Entre su patrimonio cabe citar un antiguo sagrario realizado en piedra policromada.


En todo caso, la principal razón de acercarnos hasta este pueblo es realizar una preciosa ruta de senderismo, que describiremos en el siguiente artículo.

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