martes, 13 de diciembre de 2016

Antiguos monasterios burgaleses: la abadía de San Quirce

¿Se esconde la abadía entre encinares,
avergonzada de su actual silencio
o buscando mayores soledades
a su tremenda soledad, sin monjes
que recen, ni campanas que acompañen?
 
 Bonifacio Zamora. 1950
 
En una apartada, privada y vigilada propiedad, en la parte inicial de la Tierra de Lara y lejos de miradas indiscretas, se encuentra una de nuestras más desconocidas joyas románicas: el templo de la antigua Abadía de San Quirce.
 
Imagen del templo, con sus característicos ábside y torre


Quiere la tradición remontar la fundación de este lugar al conde Fernán González, en fecha de 929. Así reza una inscripción que se halla en el arco de entrada del patio del monasterio y la carta de dotación del conde, y eso dice una escritura-ejecutoria de San Quirce del 1780.


Vista del lado norte. El husillo determina la altura de la primitiva torre románica
Según el origen legendario, en este lugar dio Fernán González su primera batalla y su primera victoria sobre los moros, el 16 de junio de 904, aunque la biografía del conde obligaría a retrasarlo algunas décadas. En memoria del acontecimiento, dio vida a la iglesia y abadía, poniendo como titulares a San Quirico y Julita, su madre, cuya festividad se celebra precisamente en esa fecha.


 
Se tiene una referencia del abad de este monasterio en 970.Posteriormente, en 1054, se constata una visita por parte del rey. En 1068 es agregado a la sede de Oca y posteriormente a la de Burgos. Esta adhesión era obligada para los monasterios que, como san Quirce, no quedaban bajo ninguna regla. En 1147 el obispo de Burgos consagra la iglesia, probablemente coincidiendo con el inicio de los trabajos del templo que ahora vemos, y transforma el monasterio en colegiata, atendida por un número muy reducido de canónigos, viviendo cada uno en su casa particular.


Dos imágenes de la torre con remate barroco
 
Cada canónigo poseía su propio ganado y explotaba a título particular las fincas del monasterio, pudiendo además disponer de fincas propias. Adicionalmente la colegiata cobraba el tercio de los diezmos de las localidades que quedaban bajo su jurisdicción, entre las que se incluían Hontoria, Tornadijo, Los Ausines, Tañabueyes, Torrelara, Quintanalara, Cubillo del César, Quintanilla de las Viñas, Mambrillas de Lara y Lara de los Infantes, entre otras. El abad también recibía una parte importante de los ingresos. En todo caso de éstos había que descontar los gastos de fábrica de la iglesia así como para otros fondos como cargas tributarias, apoyo a necesitados etc.


 

La vida religiosa se limitaba a la celebración de las correspondientes misas, generalmente cantadas. Se celebraba fiesta anual el 16 de junio, san Quirico, la cual tuvo lugar ininterrumpidamente incluso hasta 1920, bastantes décadas después de la exclaustración,  a la que acudían muchos vecinos de los pueblos del entorno. El abad, dignidad de la iglesia Catedral de Burgos, fijaba allí su residencia, lo que derivaba en un relajamiento de la disciplina del lugar y llevaba a no pocos conflictos entre éste y los canónigos residentes.


 

No dispongo de datos de la historia “central” de este monasterio, pero sí de su declive.  La colegiata fue suprimida en 1850, cuando sólo quedaba un canónigo en San Quirce. Éste entregó la iglesia con ropas, alhajas, libros y demás enseres al cura de Santa Eulalia de Los Ausines. Las reliquias de la cabeza de San Quirico y el brazo de Santa Julita fueron trasladadas a la catedral de Burgos. La lápida que cubría las mismas sigue en San Quirce. Ante su abandono como parroquial y su mal estado, a principios del siglo XX sus seis altares se trasladaron a pueblos cercanos. Tres de ellos se encuentran en la iglesia de Cubillo del Campo y otro en Hontoria de la Cantera. El coro del siglo XVII se halla en la iglesia de San Cosme y San Damián.


 

A partir de este momento la iglesia pasó a ser parroquial, siendo atendida desde alguno de los pueblos de alrededor, e incluso con cura propio, durante sólo algunas décadas; pues en 1868 sería agregada definitivamente a Cubillo del Campo. En esta última iglesia se encuentra parte de la documentación de la parroquia de San Quirce.
 
Algunos de los canecillos del ábside
Pasando a la parte arquitectónica y  artística, el templo de San Miguel Arcángel de San Quirce (único resto del antiguo monasterio) es uno de los elementos más singulares de nuestro románico. Consta de una única aunque espaciosa nave, que parece hacerse construido en dos fases, correspondiendo la primera de ellas al ábside. Sobre la parte central se levanta una torre con remate barroco a base balaustrada y gárgolas, que le dan un toque personal al templo. Esta torre probablemente sea sustituta de una primera fábrica románica.
 

Portada norte y torre
 
Además de la torre y de la propia calidad constructiva, el elemento arquitectónico más llamativo es sin duda la peculiar cúpula exterior  del ábside. Se trata de un cuarto de esfera cubierto por losetas de piedras escalonadas, y que en fotos antiguas aparecía parcialmente cubierto por un tejadillo. Este original aspecto da al edificio cierto aire oriental.
 
El abundante repertorio de la portada norte.
Escultóricamente destaca la gran abundancia y variedad de relieves repartidos por todo el templo y en variable estado de conservación, aunque en general no muy bueno. Los más interesantes se concentran en las dos portadas y en los arcos del interior. Llaman la atención no tanto por su calidad como por su originalidad.



Los arcángeles y algunas representaciones simbólicas. Nótense las inscripciones como SAMSON FORTISIMVS. 
 
La portada norte, ahora sellada, daba entrada al claustro. Debajo del tejaroz se hallan las figuras de los doce apóstoles, teniendo todos al lado escrito su nombre (las inscripciones al lado de los relieves son otra de las peculiaridades de este templo). Debajo aparece el pantócrator con los evangelistas. Acompañan escenas de la vida de la Virgen y otras más alegóricas.



Escenas de la vida de la virgen
 
Cristo majestad con el tetramorfos.
 
Parte del apostolado
 
El pórtico principal del oeste es uno de los mejores ejemplares de su clase que se conservan en Castilla; no tanto en su abocinada portada con decoraciones geométricas, como en los canecillos y metopas que se encuentran bajo su tejaroz, un auténtico muestrario de escenas de los padres primitivos y de la historia de Caín y Abel que incluso ha sido objeto de estudios específicos.


Portada oeste
 
Se alternan imágenes de los padres primitivos, en los canes, con otras más alegóricas. El padre eterno; un personaje con la explicación aclaratoria "MALA CAGO", Adán y Eva en dos escenas, un Gallo y una escena de lucha.
 

El ángel que expulsa a Adán y Eva, otra lucha, Adán y Eva con el fruto prohibido, Caín y Abel, Abel pastor, Cordero que ofrece Abel.

Caín con la espada, un Gallo, Abel ante la amenaza de su hermano, otro personaje defecando y finalmente Dios reprendiendo a Caín. Todos los relieves disponen de inscripciones explicativas, en ocasiones parcialmente borradas.
 
En el vacío interior son muy interesantes los relieves del crucero, referidos a pasajes del antiguo testamento. También aparecen otras escenas figuradas en otros puntos, de elaborada y compleja interpretación.

Dos imágenes del interior de la iglesia


Capitel del pecado original

Abel cuidando de su rebaño. Como en muchos otros capiteles, en el cimacio se lee una inscripción explicativa.

Cristo majestad y leones afrontados.

Tres capiteles: Caín y Abel haciendo sus ofrendas, encestado muy trabajado y mujer mordida por serpientes.

Los mismos capiteles desde otro ángulo. Caín mata a su hermano, mientras en primer plano un león a punto de devorar a un hombre.

Personaje humano y mono sujetado por el cuello.

Es importante reseñar que la iglesia y sus edificios anexos formaban parte de lo que se denomina “coto redondo”. Durante la desamortización el mayor interés radicaba en el potencial agrario y forestal de la finca, que fue subastada en 1844. En 1870 el coto pasó a Francisco Bajo, importante propietario de Burgos por compra al conde de Altamira. Por herencias se transfirió a distintos miembros de la familia, hasta que en 1982 fue vendida a la familia Antolín, en cuya propiedad permanece actualmente.
 
Cabe decir que el coto original tenía una extensión de 662 hectáreas (la gran mayoría de encinar), pero que por compras de terrenos aledaños ha llegado a superar el millar, siendo la novena finca en extensión de toda la provincia. Las visitas al lugar, acotadas exclusivamente a la iglesia, están bastante restringidas y sólo se pueden realizar mediante cita previa.

 
Imagen de la finca de San Quirce.

3 comentarios:

................ dijo...

Muchas Gracias por las fotos. Yo intente verla.....y tuve menos suerte...

MAC dijo...

Impresionante, y diría que bastante desconocido en la provincia. Muchas gracias por el reportaje Montacedo.

Montacedo dijo...

Gracias por vuestros comentarios.