miércoles, 27 de febrero de 2013

El diapiro y las Salinas de Poza de la Sal

Sin duda Poza de la Sal y su entorno es uno más de los rincones burgaleses que merecerían mayor atención teniendo en cuenta los valores de interés que ofrecen.

Sin entrar en explicaciones técnicas que lo único que evidenciarían es mi ignorancia en el tema, indicaremos que los diapiros son formaciones geológicas formadas por la ascensión de materiales ligeros que en su movimiento fracturan los materiales que se encuentran en la parte superior. Este efecto acaba produciendo formas geográficas cónicas, similares en cierto sentido a los volcanes, en donde los materiales que han ascendido se encuentran en el centro y el resto en el perímetro.
El diapiro en una imagen de Google Earth

Aunque el paisaje áspero y de tonos ocres no llame mucho la atención de los turistas, para muchos geólogos el diapiro de Poza de la Sal es, en cuanto a tamaño y configuración, uno de los más interesantes de toda Europa. De hecho, si lo observamos a través de la imagen de google Earth, o incluso desde un punto de vista adecuado, podemos apreciar su forma casi circular, con una única salida justo a la altura del pueblo del que recibe el nombre.

El diapiro desde el castillo. A los lados vemos los almacenes de Trascastro y La Magdalena

La sal es uno de los minerales principales que producen la formación de los diapiros, sal que en Poza viene acompañada de una peculiar roca oscura de origen volcánico, la ofita, que podemos observan en el pequeño macizo que se encuentra justo en el centro del Diapiro, conocido como Castelar.


El diapiro desde Altotero. Se aprecia su forma de "crater volcánico" y la elevación de "El Castelar" en su centro.

Y ha sido precisamente esta Sal la que ha configurado la personalidad de esta localidad desde la antigüedad. La sal como sabemos ha tenido hasta fechas muy recientes un gran valor como medio para la conservación de los alimentos. La explotación de las salinas de Poza se remonta probablemente a época prerromana, en un asentamiento denominado Salionca.

 El Castelar. constituido por ofitas oscuras.

Desde luego en época romana ya se explotaba la sal de Poza, tal y como atestiguan algunos restos. No obstante para empezar a tener un conocimiento más detallado de la importancia de la producción del lugar tenemos que avanzar hasta la Edad Media.

Con la reconquista, Poza se constituye como uno más de los alfoces de la repoblación, lo que es buena prueba de su importancia. Siglos después empiezan a aparecer los documentos de donación de propiedades en las salinas, especialmente a poderes eclesiásticos, como al cercano monasterio de Oña.

Zona de eras recuperada y reprensentación de los trabajos. A la derecha una cabaña restaurada.

Esta característica de los pozos de Sal como moneda de cambio entre nobles e iglesia empezaría a cambiar con Los Reyes Católicos, que institucionalizaron la explotación y gestión de las salinas, así como el transporte a través de la Real Cabaña de Carreteros.

En los años 70 apareció guardado en un arcón el archivo de las Salinas de Poza, que permite tener un conocimiento puntual de todo lo referente a la producción de este lugar entre los siglos XVI y XIX. El rey Felipe II determinó que la comercialización de la sal perteneciera exclusivamente al Estado, el cual además de poseer parte de las granjas de explotación, compraba toda la sal producida y monopolizaba su venta en todo el país. En el siglo XVII se construyó el edificio de administración de las Salinas, desde el que la Hacienda ejercía su control sobre estas salinas de Poza, y otras dependientes como Añana, Herrera y Rosío.
 
Eras y pozos reacondicionados

A principios del siglo XIX se construyeron varios almacenes cuyos vestigios pueden aún verse. La mayor producción se da probablemente a mediados de dicho siglo, llegándose a las 130.000 fanegas en una temporada. En 1868 se liberaliza la gestión de la sal. A partir de esta época se agudiza la competencia con las salinas de Añana, que tienen mejor salida comercial, por la facilidad de su explotación.

A principios del siglo XX empiezan a desarrollarse los sistemas de explotación salinera a partir de agua de mar, que al poco acaban siendo mucho más rentables que los de interior. El declive de la explotación en Poza va siendo cada vez mayor hasta que en los años sesenta dejan de funcionar las dos últimas granjas. La propia inestabilidad del terreno ha hecho que los restos de instalaciones, sin ningún mantenimiento, hayan ido desapareciendo rápidamente en las últimas décadas.

Restos de un canal de salmuera. Normalmente eran de madera y portátiles.

La explotación de la Sal era una actividad insólita, diferente, muy poco conocida incluso por los vecinos de aquellos que las realizaban. El conocimiento de este milenario proceso constituye un legado cultural de gran originalidad que deberíamos esforzarnos por conservar.

Entre este legado se encuentra un peculiar vocabulario para denominar las instalaciones, instrumentos y arduas tareas que implicaban el trabajo de este mineral. En Poza la Sal no se encuentra ni en superficie ni viene concentrada en los manantiales, como lo que en su obtención era obligada la perforación vertical mediante “cañas” hasta alcanzar una de las “lenguas” de sal. Introduciendo agua en las mismas se obtenía la muera al disolver dicha agua la sal, y exponiendo convenientemente dicha muera al aire y al calor se precipitaba la sal, al evaporarse el agua.


Cabañas arruinadas

Se excavaban galerías, con mejor o peor fortuna, buscando la sal, estas galerías tenían una salida por la que se recogía la muera. Posteriormente esta muera era canalizada hacia las distintas zonas de secado. Todo ello se realizaba aprovechando la natural inclinación del terreno.

La muera era recogida en unos pozos, algunos de los cuales se conservan en relativo buen estado. Cabe decir que era necesario comprobar la salinidad de la muera, pues por debajo de un nivel la misma no servía. Para ello se trabajaba combinando la muera de pozos de distinta concentración. En todo caso el nivel medio era unas diez veces más concentrado que el del agua de mar. Desde estos pozos la salmuera era extendida en las llamas “eras” en donde se trabajaba en su secado.
 
Almacén de Trascastro. El uso de sillares en huecos y esquinas ha permitido que aún siga en pie

El pingoste o cigüeñal era un peculiar utensilio usado para trasvasar la muera de un recipiente a otro. Tiene una antigüedad de miles de años, apareciendo en pinturas egipcias y bajorrelieves asirios y que se usó en las salinas hasta los últimos tiempos.

Las eras de secado consistían en superficies lisas con una capa de arcilla pretratada en su parte superior para evitar las fugas. Ello daba un tono rojizo a la sal que la hacía poco apta para su uso directo en la cocina, aunque era perfectamente válida para las salazones. En la última época las eras se recubrían de cemento, consiguiendo con ello una sal más blanca.

Almacén de La Magdalena.

El secado como tal se hacía de junio a octubre, evitando las lluvias, aprovechando el invierno para tareas de excavación y mantenimientos. Un verano con mucha lluvia era desastroso, reduciéndose la producción a menos de la mitad respecto a un año bueno.

Las tareas asociadas eran sumamente complicadas. La regadera era un cuenco con palo largo que servía para regar poco a poco las eras e ir controlando la formación de sal. El objetivo era mantener en todo momento la era casi seca e ir recogiendo la sal poco a poco, al final de cada jornada. Tenían que estar muy atentos a las condiciones climáticas y en función de ello se agregaba más muera o menos, más concentrada o menos, para evitar también que la sal “se quemase” en forma de costras pegadas al terreno.

Al final se rascaba la sal intentando coger el mínimo de arcilla de la capa inferior. No se usó cemento hasta los últimos tiempos porque en cierto modo la arcilla favorecía el inicio del proceso de cristalización. Se rascaba con rasquetas de madera o de hierro si el suelo era cementado. A mediados del siglo XIX había unos 600 pozos y 2000 eras.

Almacén de La Magdalena

El primer almacenamiento se realizaba en cabañas situadas bajo un entramado de madera. Frecuentemente se aprovechaba la inclinación del terreno para situar las cabañas bajo las propias eras de secado.

En todo caso, por las propias características de la explotación, para un profano la primera impresión es sumamente confusa, mezclándose la entrada de unas cañas con la salida de otras, las diferentes granjas y conducciones de agua o muera. Como hemos dicho la inestabilidad del terreno es muy alta, lo que junto a la agresividad de la sal obligaba a continuas reparaciones. No era extraño que algunos trabajadores fallecieran tras el hundimiento de las galerías en las que trabajaban.

Almacén de La Magdalena. Restos de la plataforma que servía para la descarga desde la parte posterior

Desde las cabañas la sal era transportada a los almacenes. Existieron cuatro, tres de los cuales aún ser conservan en pie: el depósito, a la salida del pueblo; el de Trascastro, en la carretera de ascenso al páramo, y el de la Magdalena, el más grande (tenía capacidad para unas 6500 toneladas) , cerca de la ermita del mismo nombre

Los almacenes de Trascastro y de la Magdalena aún evidencian la calidad de su construcción. Llaman la atención en los mismos los sistemas ideados para la descarga de la sal por la parte posterior de los mismos. Mientras que en el de Trascastro existe un alargado plano inclinado, en el de la Magdalena se aprovechó el desnivel del terreno para construir una plataforma desde la que ejecutar dicha descarga.

 
Almacén de El Pósito o Depósito

Todo lo anterior nos da idea de la dureza de un trabajo que normalmente se realizaba a cambio de unos salarios muy bajos, ya que por lo general los trabajadores no eran propietarios. Este único hecho merecería por si sólo el esfuerzo de conservar en la memoria el trabajo de estos hombres y mujeres.

Esta labor es en la que está empeñada la asociación de Amigos de las Salinas de Poza, que junto con el Ayuntamiento trata de poner en valor, poco a poco, con escasos medios, el yacimiento.  Incluso se han integrado en una candidatura conjunta con Salinas de Añana para la concesión del grado de Patrimonio de la Humanidad.

Casa de administración de las Salinas, hoy museo de las Salinas. Desde aquí también se administraban las salinas de Añana, Rosío y Herrera.

En el antiguo edificio de la administración de las salinas se ha habilitado un interesante museo de las salinas y una pequeña parte de las instalaciones han sido adecentadas para mejor comprensión del proceso. Para ambos casos lo mejor es informarse en el Ayuntamiento para realizar una visita guiada.

Más información:
Libro "LAS SALINAS DE POZA DE LA SAL". EDUARDO SAIZ ALONSO. 1989.

5 comentarios:

Manuel Rodriguez Arnanz dijo...

Muy interesante el artículo sobre las salinas de Poza de la Sal, espero poder visitar pronto

Manuel Rodriguez Arnanz dijo...

Muy interesante el artículo sobre las salinas de Poza de la Sal, espero poder visitar pronto

Montacedo dijo...

Gracias por dejar un comentario.

BIKEVILLA dijo...

Las visite este fin de semana y esta muy bien la visita con la guia

Montacedo dijo...

Gracias por dejar unas palabras.