El castaño es un árbol que siempre ha atraído las leyendas populares. Su longevidad (para mucho expertos, es el árbol que más años puede vivir), el tamaño que puede adquirir y sus formas caprichosas, siempre a punto para servir de cobijo, han sin duda contribuido a su integración en la cultura popular.
En contra de lo que suele apuntarse, el castaño es un árbol autóctono en España, como así lo atestiguan diversos restos fósiles. Su distribución actual comprende fundamentalmente la franja más noroccidental de la península.
No es Burgos tierra de castaños, es más habitual encontrarlo en regiones más norteñas como Cantabria, Asturias y Galicia. Sin embargo, como encrucijada climática que es nuestra tierra, no podían faltar ejemplos tampoco de castaños. Y los que hay son de tamaño sorprendente. Se encuentra fundamentalmente en la Merindad de Sotoscueva y en Espinosa de los Monteros, y parecen tener su origen en una plantación preferente en los bordes de las praderías hace ya centenares de años (no hay que olvidar que la castaña fue la herramienta para huir del hambre en muchas zonas peninsulares).
En este y próximos post nos ocuparemos brevemente de los castaños que pueden encontrarse en el entorno de la localidad de la Parte de Sotoscueva. Ya adelanto que existen más de una docena de ejemplares de gran porte de los que apenas mostraremos cuatro.
Empezamos hoy por el Castaño Calderas, aparentemente el más humilde y el que peor estado muestra. Se encuentra a escasos 100 metros del Roble Cadalso, que
mostrábamos en un post anterior, justo detrás de la casa que aparece en la foto.
Su estado actual es tan lamentable, que podemos pasar junto a él sin detectarlo. Ha sido muy maltratado, y parece como si la leña que se apila junto al mismo estuviese dispuesta para acabar definitivamente con este árbol que no sabemos por qué ha sido maldecido por algún dios.
Nos cuenta Cesar Javier Palacios en su libro que el nombre proviene de un antiguo propietario que se dedicaba a fabricar calderos. Sus aproximadamente 5 metros de perímetro permiten pronosticar una edad en torno a los 400 años.