En el centro de un aislado
anfiteatro rocoso cubierto por una espesa masa vegetal, en las postrimerías
orientales de los Montes Obarenes, se halla emplazado el monasterio de Herrera.
De hecho, el nombre de Herrera tal vez se deba a la similitud con la forma de
una herradura de la planta del valle.
Hoy el ya de por sí apartado lugar se encuentra aislado del mundo
exterior por un alto muro y por la rigurosa clausura de sus actuales
habitantes, un pequeño grupo de monjes camaldulenses.
Los orígenes de la vida religiosa
del lugar podrían relacionarse con la probable existencia en la zona de un
conjunto eremítico. De lo que sí que se tienen datos es que el este convento es
heredero del perdido monasterio de Valdefuentes, cercano a Villafranca Montes
de Oca (la ermita homónima aún puede verse a la vera de la N-120), que luego pasó a Sajazarra, en La Rioja, y luego a
Herrera; en forma del priorato benedectino de San Juan de Ferrera.











