miércoles, 24 de octubre de 2012

Antiguos monasterios burgaleses: Santa María de Bujedo de Candepajares

Sorprende ver la acumulación de monasterios en esta parte de la vertiente norte de los montes Obarenes: El propio Monasterio de Obarenes, Bujedo, San Miguel y Herrera. Hoy hablamos del antiguo monasterio de Bujedo de Candepajares.

A los pies de la calzada romana que discurría por la cercana Hoz de Foncea y en lo que fue, durante buena parte de la Edad Media, uno de los más conflictivos confines entre los reinos de Castilla y Navarra se levantó, entre otras cosas para marcar la mencionada frontera, el monasterio de Santa María de Candepajares. Su fundación, hacia el año 1162, se debe a doña Sancha Díaz de Frías, quien lo puso bajo la potestad del abad del monasterio premostratense de San Cristóbal de Ibeas de Juarros. También llegó a contar con la directa protección del rey Alfonso VIII, lo que le supuso un rápido enriquecimiento y la adquisición de numerosas posesiones por tierras de Burgos, Álava y la Rioja.

Esta prosperidad se vio reflejada en el magnífico templo románico que se construyó en sus primeros años de existencia. Considerado como uno de los mayores del románico burgalés, su planta es de cruz latina con tres naves y crucero poco marcado. La cabecera aparece rematada por tres ábsides semicirculares que constituyen la parte más meritoria del conjunto.




Fechados entre finales del siglo XII y principios de la siguiente centuria, el que se corresponde con la nave principal está mucho más desarrollado y, al exterior, se divide en cinco paños separados por columnas entregas. En cada lienzo de este ábside central se abre una esbelta y elegante ventana abocinada. La decoración es muy sencilla, típica de las iglesias cistercienses y su iconografía se limita a los clásicos elementos vegetales: hojas de acanto, piñas, palmetas y cestillos. Salvo la cabecera, el resto del templo es de principios del siglo XIV, con reformas posteriores.


El resto de las edificaciones del monasterio, presididas por una maciza torre de fábrica románica, fueron reformadas a lo largo de los siglos posteriores. En realidad la parte inferior de la torre corresponde al siglo XI (es la parte más antigua de todo el conjunto) y según la tradición es el resto del antiguo palacio de la fundadora, que habría sido ocupado como edificio monasterial hasta el siglo XVI. Como resultado de las reformas fue recrecida y convertida en un campanario muy característico.




A mediados del siglo XVI el claustro y todas las dependencias se habían quedado pequeñas y por lo que parece también sufrieron un incendio. El edificio experimenta una profunda reforma hacia gustos renacentistas mas sobrios, reflejados en el claustro de tres alturas iniciado en 1548 por los canteros Matías y Bartolomé Castañeda, que quedaría inconcluso. También en Bujedo trabajó en el siglo XVI el escultor Diego de Marquina y de sus manos salieron, ambas obras están perdidas, el sepulcro de la fundadora y el retablo mayor de la iglesia.



Tras la exclaustración, los bienes muebles fueron desapareciendo poco a poco. En 1842 se destruyó el altar mayor, raspándose incluso el oro que lo recubría. Por referencias sabemos también de la existencia de un coro. En 1844 salían a pública subasta todas sus propiedades, que fueron adquiridos por un vecino de Burgos. En 1858, con ocasión de las obras del ferrocarril que pasa casi anexo, se pensó utilizar sus sillares para la construcción del mismo, aunque afortunadamente se desechó esta iniciativa. No obstante los edificios fueron ocupados durante meses por los obreros, con los consiguientes daños al ya maltratado monumento.

Por cierto, de esta época tenemos dos grabados. El primero en el tiempo es el publicado en 1854 en el semanario pintoresco español, en el que aparecen descubiertas las arquerías que aparecen en la anterior fotografía.



El posterior es obra del famoso ilustrador francés Gustavé Doré (el de los grabados del Quijote), que aunque más artístico, parece hecho a partir del recuerdo de un fugaz vistazo desde el tren. Puede fecharse en torno a 1860.



En 1880 pasó a manos de los religiosos de las misiones africanas de Lyon pero poco después abandonaron el proyecto para venderlo a los Hermanos de las Escuelas Cristianas o Hermanos de La Salle, para ser utilizado como casa de formación. Actualmente se dedica a residencia de hermanos ancianos y casa de ejercicios, aunque también para otro tipo de eventos (incluso se cede para la celebración de bodas).

La reedificación de los edificios y el entorno se ha ido realizando lentamente y con varios altibajos. A principios del siglo XX aún eran frecuentes las inundaciones. Durante el periodo republicano fueron asesinados algunos monjes y se incendiaban parte de las instalaciones. Lo que hoy vemos es un edificio funcional y unos bonitos jardines en los que el agua discurre con relativa abundancia. El lugar llegó a contar incluso con una pequeña central hidroeléctrica, ya desaparecida.








Mediante aviso en portería podemos realizar una visita por el exterior. Para más información podéis consultar la página web del centro www.bujedo.com.

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