miércoles, 13 de mayo de 2020

El Dolmen de la Cabaña




Uno de los más conocidos dólmenes Burgaleses es este de “La Cabaña”, quizás por su relativa cercanía al pueblo de Sargentes de la Lora; aunque también obviamente por su buen estado de conservación fruto de la actuación en los años ochenta y su buen mantenimiento.




El acceso al dolmen está bien indicado, se realiza por un camino que parte al norte perpendicularmente a la carretera que atraviesa el pueblo, remontando un pequeño vallejo que en primavera muestra un precioso colorido. El dolmen está a unos 2 kilómetros de Sargentes, junto a una zona en la que el arroyo se encajona. Es evidente que los ortostatos del dolmen fueron extraídos desde este mismo punto. De hecho algunas piedras parecen haber sido descartadas en el momento de la construcción. La cascadita y el prado cercanos pudieron tener relación con la selección del emplazamiento.




Se trata, como otros dólmenes burgaleses, de un enterramiento del tipo “sepulcro de corredor” en el que la cámara circular, de más de 3 m de diámetro, está formada por siete grandes lajas de piedra caliza enhiestas, que superan los 2 m de altura y sobresalen por encima del túmulo. Esta cámara se comunica con el exterior a través de un pasillo o corredor de 5 m de longitud, que pudiera haber sido mucho más largo y flanqueado por otros ortostatos, de los que sólo se conservan tres. Aún conserva dos lajas que hacen de techo en la parte más próxima a la cámara. Además, estas grandes piedras servían de apoyo a otras losas que lo cubrían. Alrededor y protegiéndolo, aparece el túmulo de tierra y piedras, de forma ovalada y muy deteriorado, que llega a tener hasta 16 m de longitud máxima, 11 de mínima y 2 metros de alto.




Mientras estuvo en uso, albergó los restos humanos que eran depositados tanto en la cámara como en el corredor. Como muchos otros dólmenes, ha sido violado, saqueado y destruido ya desde épocas romanas, por lo que sólo se han conservado unos pocos restos óseos correspondientes a 13 personas en la cámara —10 adultos, un joven y dos niños— y una más en el corredor. Dentro de la cámara también se han hallado diversos elementos de ajuar, como microlitos de formas geométricas, una punta de flecha de sílex o un raspador, además de algunos adornos, entre los que destacan unas cuentas de color verde y algunas arandelas de pizarra. Por todo ello, este dolmen se puede fechar hacia la segunda mitad del IV milenio a. C., en el Neolítico.




Como ya hemos indicado, una característica muy frecuente de los dólmenes de corredor es su orientación hacia el sureste, de modo que la luz del sol sólo penetra por los mismos en los días cercanos al solsticio de invierno. No es descartable que los cadáveres fueran conservados en otro lugar y que sólo en estas fechas se produjese el rito de enterramiento definitivo de los fallecidos durante el año. 


Al fondo los dos grandes colosos de la Montaña Palentina, el Curavacas y el el Espigüete


1 comentario:

Anónimo dijo...

Después de verlo, no os podéis perder de ver el único museo de petróleo de España.
Muy interesante.