viernes, 30 de septiembre de 2011

Ruta de senderismo: Los Tejos de Panizares y Los Tartalés

Importante: dada la sensibilidad del enclave de los Tejos de Panizares recomiendo: 
- Ir en pequeños grupos.
- Intentar pisar lo menos posible las raíces y la tierra más próxima a los tejos.
- Nunca subirse a los árboles.

Completa ruta que además de permitirnos acceder al singular enclave de los centenarios Tejos de Panizares, se completa con la contemplación del desfiladero de la Horadada y el paso por dos interesantes pueblos de nombre fraternal, Tartalés de Cilla y Tartalés de los Montes, a través de un paisaje muy variado en cuanto a la geografía y el sustrato arbóreo.

Situación.

Para llegar a Panizares, punto de comienzo de esta ruta, hemos de llegar a Oña por la N-I hasta Briviesca y luego por la carretera comarcal que llega a la villa condal. Desde Oña continuamos por la carretera Nacional 232 hasta Cereceda. Aquí tomamos un carreteril a la derecha que pasa por el bello paraje del pequeño embalse. Una ver cruzado el Ebro se asciende por la empinada ladera y alcanzamos el cruce a Panizares. Enfrente de la iglesia hay una plazoleta con espacio para bastantes vehículos.

Puntos de Interés

“cuchillos” de Panizares. Iglesia de Panizares. Vistas sobre el valle de Valdivielso. Tejeda de Panizares. Desfiladero de la Horadada. Cuevas de los Portugueses y de San Pedro. Pueblos de Tartalés de Cilla y de Los Montes. Cascada y túnel de acceso a Tartalés.

Descripción de la Ruta

La iglesia de Panizares conserva un interesante ábside románico y una portada cegada de la misma época. Resulta interesante la vista de la iglesia justo bajo unas agudas formaciones calizas conocidas como los cuchillos de Panizares. Tomamos el camino que nace junto al ábside y que comienza a ascender hacia la montaña. Al poco ignoramos las señas de sendero y seguimos de frente.




Llegamos al pinar que cubre amplias zonas de todo esta área del entorno del desfiladero de la Horadada y que en contra de lo que pudiera pensarse no es de repoblación. Fue usado especialmente en la primera mitad del siglo XX para la producción de resina. Comienza un ascenso marcado y largo pero que con ritmo controlado se hace llevadero. Las sucesivas revueltas nos hacen ganar altura y disfrutar de vistas de la parte oriental del Valle de Valdivielso.
Así trascurren más de dos kilómetros y medio de ruta hasta alcanzar un pilón con el símbolo de la guardia forestal. Unos metros después llegamos a una bifurcación en donde seguiremos por el camino de la izquierda. En este punto la pendiente se suaviza hasta casi desaparecer.





No mucho después iniciamos el descenso hacia el borde del Ebro por un camino convertido en sendero. Por ahí seguimos descendiendo prolongada y vertiginosamente por un entretenido descenso. Sin mayores novedades llegamos a una zona más abierta y ya a escasos metros del cauce del Ebro y la nacional N-629. Los conocedores de la zona podrán visitar la cercana Tejeda de Panizares. 





Avanzamos con precaución por la carretera hacia la izquierda durante un tramo de unos 600 metros que nos sirven para recuperar un poco el ritmo tras el descenso. En este punto alcanzamos el carreteril de acceso a Tartalés de Cilla. En todo caso merece la pena acercarse a las llamadas Cuevas de los Portugueses, unos eremitorios altomedievales (para saber más sobre este interesante lugar y la cercana cueva de San Pedro, que también podemos visitar, os recomiendo leer esta otra entrada).



Ascendemos por esta pista junto al arroyo de Las Torcas. En poco más de un kilómetro alcanzamos el pintoresco lugar de Tartalés de Cilla, asociado a su atractiva ubicación y a los restos de arquitectura popular. Destacan los restos románicos de su iglesia y un lavadero con fuente recién restaurado.

 

Abandonamos Tartalés por la ancha pista que conduce hacia el otro Tartalés, y que discurre por una brecha que divide en dos la sierra de la Tesla. Esta pista ha representado el acceso alternativo a Tartalés de los Montes cuando el precario acceso a este último pueblo quedaba inservible, cosa que ha ocurrido con cierta frecuencia. Actualmente forma parte del trazado de Gran recorrido GR-99, sendero del Ebro.


Pero antes de afrontar el camino, metros después de dejar atrás la última casa, tenemos el sendero que asciende hacia la derecha (son tan solo unos minutos) hasta el eremitorio de San Pedro, lugar de visita más que recomendable. Volvemos al camino y empezamos el largo ascenso que hay que tomarse con tranquilidad (son unos cuatro kilómetros desde la carretera nacional y casi 400 de desnivel).

Mientras que la solana, a la derecha, sigue ocupada por pinos, a nuestra izquierda los hayedos se hacen protagonistas, lamiendo los picachos en los que culmina la sierra. En el último tramo el recorrido es algo más sombreado pero no deja de hacerse largo y por ello duro.
 

Una pequeña caseta nos señala que estamos llegando al collado, lo que efectivamente hacemos poco después. Está ocupado por una amplia pradera que nos permite contemplar el valle situado al otro lado. Ignoramos el camino que se abre a la derecha y seguimos por el de la izquierda con la tranquilidad de haber superado la parte más dura del recorrido.

El descenso se hace relajado, siempre por un pinar no muy cerrado. Son más de cuatro kilómetros al final de los cuales observamos la estrechísima garganta que da paso al arroyo de Tartalés y al túnel de conexión con el resto del valle de Valdivielso.


Llegamos a Tartalés, que tiene un entorno y una arquitectura rural más interesante que la de su homónimo. Merece la pena ascender hasta la iglesia para contemplar una interesante ventana románica y dar un pequeño paseo por sus escasas calles. También encontramos una fuente donde saciar nuestra sed.


Apenas unas decenas de metros separan el pueblo del rústico túnel que le permite superar la garganta que le separa del resto del mundo. Antes de cruzarlo merece la pena ascender por su parte derecha y asomarse con cuidado a la caída de la cascada del arroyo de Tartalés. En realidad estamos sobre los restos del inverosímil camino que utilizaban los vecinos antes de horadarse el túnel.



Al otro lado podemos contemplar desde una perspectiva más amplia la cascada y el túnel, aprovechando un mirador habilitado a tal efecto. Descendemos por la inestable carretera (los hundimientos y reparaciones son relativamente frecuentes) y llegamos en poco tiempo a Hoz de Valdivielso.


A la entrada tenemos un lavadero con otra fresca fuente. El edificio más destacado es un inconfundible palacio de grandes dimensiones utilizado en la actualidad para su uso como dos viviendas.


Nos incorporamos a una carretera más ancha y cruzamos el arroyo en dirección al palacio. Pasamos junto al mismo y seguimos unos metros más por la carretera hasta llegar a la última casa a la izquierda. Junto a la misma nace el camino, bien señalizado, que nos llevará hasta Panizares. El problema es que nos espera un último ascenso, de unos cien metros de desnivel, que a estas alturas se nos hará especialmente duro. En todo caso el camino discurre por un bosque de esbeltos quejigos, junto a una valla.


Al cabo de un kilómetro llegamos a un camino más marcado que cruza transversalmente, pero nosotros seguimos de frente por el sendero que continúa en la misma dirección. No mucho después el sendero desemboca en un camino de tierra desde el que ya se ve Panizares. Como último dato a tener en cuenta deberemos bajar a un camino situado algo más abajo, justo cuando llegamos a un depósito. El nuevo camino nos deja a tan sólo unos metros de la iglesia y del fin del recorrido.



Comentarios

Ruta larga (más de veinte kilómetros) que se hace bastante dura (casi 1000 metros de desnivel acumulado) con lo que hay que saber a que atenerse. En todo caso la concentración de los lugares de interés la hace altamente recomendable. Es una variante de la Ruta de los Tartalés publicado en el segundo tomo de rutas de senderismo de Enrique del Rivero. Como vemos hay fuentes en todos los pueblos pero deberá evitarse el periodo plenamente veraniego.

Tras los comentarios recibidos y tras meditarlo mucho he decidido quitar el track de la ruta y las referencias a la ubicación exacta de los tejos. Si hay alguien muy interesado puede escribirme y eventualmente le daría los datos.

jueves, 29 de septiembre de 2011

La garganta de las Maravillas


Desde luego que para mí el desfiladero de la Horadada ha tenido desde siempre una importancia natural e histórica indudable (por ejemplo basta ver mis series "una tierra de leyenda" o "mil años del monasterio de Oña"), pero lo que no sabía hasta hace relativamente poco es que una de sus canales laterales guardaba una auténtica maravilla natural: no menos de una veintena de centenarios y fabulosos tejos acompañados de un variado dosel vegetal: Tilos, robles, hayas...














Lo abrupto y apartado del lugar le dan mayor interés si cabe. De hecho, y dada la fragilidad de estos especímenes, me crea cierta inquietud difundir su ubicación, pero me fiaré una vez más de la responsabilidad de los lectores. En todo caso recomiendo encarecidamente:

- Ir en pequeños grupos.
- Intentar pisar lo menos posible las raíces y la tierra más próxima a los tejos.
- Nunca subirse a los árboles.


Dos de los Tejos y un Tilo figuran en el listado de especímenes vegetales de la Junta de Castilla y León, pero con un ligero error de ubicación.

Tras los comentarios recibidos y tras pensarlo mucho he decidido no seguir dando los detalles exactos de la ubicación de estos tejos. Si alguien está muy interesado puede escribirme y eventualmente le doy los datos.

martes, 27 de septiembre de 2011

La maqueta de Lorilla

Hace ya más de dos años, en plena racha de búsqueda de pueblos deshabitados burgaleses, dejaba caer esta frase en la entrada dedicada a Lorilla.

"...Lorilla también tiene asociada una pequeña historia humana que merece la pena contarse..."

Podía, como he hecho otras veces (intento que no muchas) simplemente hacer referencia a una fuente externa; pero en este caso estaba empeñado en buscarla de primera mano, lo que por unas u otras razones me ha llevado bastante tiempo, pero aquí está al fin.

Pilar fué una de las últimas personas en abandonar Lorilla. Lo hizo con motivo de su matrimonio; para instalarse en un pueblo no muy lejano. Pero lo que hace peculiar el caso de Pilar es que el amor a su pueblo le llevó a reproducir las casas de su pueblo a escala, tal como ella las recordaba. Nó solo eso, cada casita está hecha con restos de la casa a la que corresponde. Éste es el resultado.






En la última foto se puede intuir la existencia de unos objetos pegados a la pared; y es que Pilar tiene todo un edificio ocupado por una maravillosa colección de cachivaches de todo tipo que para sí quisieran muchos museos etnográficos. No muestro imágenes por expreso deseo de la dueña.

El caso es que Pilar ha ido desarrollando su vena artística autodidacta; tal y como nos contaba hace tiempo Elías Rubio.

( Con toda intención no he puesto el pueblo donde Pilar reside actualmente. Recibe con amabilidad pero hay que tener en cuenta que no se trata de ningún museo. Si hay alguien realmente interesado puede escribirme un mail a montacedo@gmail.com y le doy los datos).

jueves, 22 de septiembre de 2011

San Pedro de Cardeña

Hace unos meses, como continuación a la visita a La Cartuja, visité también el Monasterio de San Pedro de Cardeña. Aquí tenemos la fachada principal neoclásica, en donde destaca la figura del Cid matamoros. En un punto del jardín se encuentra una estela recordando el supuesto enterramiento de Babieca, el caballo del Cid, si bien en 1948 una cata patrocinada por el Duque de Alba no encontró nada en el lugar.


La entrada se realiza por la iglesia. Al fondo se observa parcialmente la torre, cuya base parece proceder del primer templo prerománico.


La iglesia, de un gótico algo avanzado, responde a la austeridad benedictina, si bien los expolios del siglo XIX han hecho su trabajo. A mano derecha tenemos el panteón donde reposaron los restos del Cid y Doña Jimena hasta su traslado a la Catedral, sin bien aún se localizan aquí las tumbas de varias personas relacionadas con este personaje burgalés semilegendario.


En un plano inferior se encuentra lo que queda del primitivo claustro románico. Características son las dovelas de los arcos, en las que alternan las piedras de color blanco y rojo. Aunque tradicionalmente se han relacionado con los arcos de la mezquita de Córdoba, parecen tener una influencia borgoñesa.



Los documentos más antiguos referidos a San Pedro de Cardeña refieren el año 899 como la fecha de su refundación; si bien parece heredar la tradición de un primitivo templo visigodo.

El año 932 sucede un hecho íntimamente ligado a la historia de Cardeña; el martirio de 200 monjes a manos de las tropas del Califa Ab-Al-Rhaman III. Acontecido el 6 de Agosto, a veces se confunde esta eféride con la de los Santos Justo y Pastor, también mártires.

La rememoración de esta tragedia tuvo mucho eco en los siglos posteriores. Las crónicas del siglo XIV hablan de cómo la fuente que se encuentra en una de las pandas del claustro manaba sangre cada año en el día de la tragedia.


A partir del siglo X Cardeña sería famosa por su importante scriptorium del que saldrían obras como la Biblia de Cardeña, la Biblia de Burgos y el Beato de Cardeña. La gran mayoría de estas obras se perderían o fragmentarían.

Lo mismo pasaría con la mayor parte del bien mueble. De hecho algunas de las piezas que hoy pueden verse en el monasterio son de elaboración contemporánea (por parte de monjes con aptitudes artísticas) o proceden de monasterios que corrieron todavía peor suerte (por ejemplo la sillería de la sala capitular procede de Santa María de Obarenes).

La visita al monasterio se realiza guiada por los actuales monjes cistercienses, que además de detallarnos la historia y arte del lugar nos podrán comentar cómo es el día a día actual en este milenario cenobio. Al terminar podremos aquirir diversos productos en la tienda, incluyendo el tradicional licor.

Más información en http://www.cardena.org/.

martes, 20 de septiembre de 2011

Imágenes de la Cartuja

Los seguidores más fieles del blog ya saben que son extremadamente escasas las referencias a localidades de cierto tamaño. De hecho creo que esta es la primera entrada dedicada a un un lugar de la capital; pero no me resisto a poner esta limitadas estampas de una de nuestra mejores joyas: La iglesia de la Cartuja de Miraflores, un tanto arrinconada por la Catedral y Las Huelgas. El retablo y los sepulcros reales son prácticamente piezas únicas dentro del último gótico.

Entrada al edificio, en la que ya se aprecia la original arquitectura.


Sencilla portada de acceso

Aspecto parcial de la nave principal en la que se aprecian las nervaduras de la bóveda y el retablo dorado.


Una interesante interesante sillería atribuida a Martín Sánchez, probable autor de la sillería de Oña.


El genial Gil de Siloé ideó está innovadora estructura de retablo, organizado en torno a un gran círculo en cuyo centro figura el crucificado. Las figuras, en especial la de cristo, son de gran calidad.


El sepulcro en alabastro del rey de Castilla, Juan II y su esposa, domina todo el espacio. De nuevo Gil de Siloé se aparta de los cánones ideando una estructura organizada en torno a una estrella de ocho puntas.


Las figuras yacentes son de calidad excepcional, pero lo que realmente hace única a esta obra es la decoración de sus dieciséis lados. Hay más de quinientas figuras, muchas de ellas obras maestras en sí mismas.


Aquí el cartujo consultando un libro.


La virgen de la leche.


No desmerece en absoluto la estatua orante del infante Alfonso, que sería la figura principal en otro lugar que no fuera éste.


La reciente restauración ha permitido poner en valor varias capillas laterales en forma de espacio museístico. Podremos contemplar varias joyas como un Berruguete, aunque también se nos informará del lejano destino que tuvo buena parte del bien mueble.