martes, 19 de enero de 2016

Quintanilla Escalada

Quintanilla Escalada es un pueblo sin duda desarrollado en torno al otrora importante puente sobre el Ebro. Tal vez no llama tanto la atención en un primer momento como otros pueblos del entorno aunque, sin embargo, y tal y como vemos en las siguiente imágenes, el pueblo muestra algunas casas y calles de claro sabor medieval. 
 




Entre las mismas, vamos a mirar algo más detenidamente este edificio, la antigua casa del médico. Su interés no radica tanto en la calidad de su construcción como en una serie de curiosos canecillos y cornisa románicos (lamentablemente bastante deteriorados) que se observan en una de sus fachadas.



Estos canecillos proceden, con bastante probabilidad, de un antiquísima abadía sobre la que existen muchas más incertidumbres que certezas, la abadía de San Martín de Escalada. Aparece mencionado por primera vez en un documento conservado en el monasterio de Silos, datado en el siglo XIII, pero copia de uno anterior. En el mismo se menciona a la abadía como fundación, nada menos, que de Fernando y Godina, promotores a su vez de la cercana iglesia de Siero en Valdelateja. Esto situaría la fundación del edificio en la segunda mitad del siglo IX.
 

Los siguientes datos de esta abadía proceden de un pergamino datado en 1141 conservado en la documentación de la colegiata de Aguilar de Campoo. En el mismo se refleja la cesión a la abadía de los lugares de Ayoluengo y Quintanilla; lo que refleja que el monasterio había alcanzado cierta importancia.

La abadía o monasterio vuelve a aparecer en diversas circunstancias en documentos de los siglos XIII, XIV y XV; en los que es evidente que el cenobio entra en la órbita de influencia de la Catedral de Burgos. Según el libro Becerro de las Behetrías, de mediados del siglo XIV, a los lugares anteriores se habían añadido Turzo y Cortiguera; y además poseían derechos en Espinosa de Bricia, Rucandio (Cantabria), Siero, Tubilla del Agua, Covanera y Villanueva-Rampalay.
  
 
El siglo XV representa un cambio fundamental en la situación de la abadía. Mediante gestiones del poderoso marqués de Aguilar el monasterio, junto con las colegiatas de San Martín de Elines y Castañeda, es anexionado a la colegiata de Aguilar de Campoo. Los documentos de los siglos posteriores dan cuenta del progresivo deterioro de las dependencias, que van siendo desatendidas paulatinamente por parte de los de Aguilar. En este contexto interesa, no obstante, hacer mención a un texto de 1710 en el que un visitador canónigo escribe “la iglesia es muy fuerte a los antiguo y con sus molduras muy curiosas por fuera. Sólo le han quedado algunas ruinas del claustro”.
 

De hecho es bastante probable que para finales del siglo XVII ya no hubiese canónigos permanentes en la antigua abadía, y que las visitas fuesen cada vez más espaciadas hasta acabar desapareciendo. El siglo XVIII es el de la ruina progresiva del lugar; para 1785 sólo existía la mitad del templo. En paralelo los vecinos fueron aprovechando las piedras para construir o reparar sus casas, aunque el único rastro evidente son los canecillos que mostramos anteriormente (parece ser que hay otros dos relieves en el interior de la ermita de San Roque, de donde salió una cruz bizantina camino del museo de la catedral).

Estación cargadora de petróleo, inactiva desde hace décadas
 
Hoy no queda rastro alguno de este antiguo monasterio. No obstante al menos tenemos algunos indicios de donde se ubicaba. En los años sesenta del pasado siglo, a raíz de los trabajos para la construcción de la ahora abandonada estación cargadora de petróleo (una tubería los transportaba por todo el páramo desde los campos de Ayoluengo) se descubrieron algunas piedras. Se cuenta por la zona que uno de los capiteles se lo llevó un ingeniero americano.


Pero no acaban aquí las historias curiosas relacionadas con este pueblo. A escasos metros de la llamada “casa del médico” encontramos una plaza en cuyos lados encontramos tres edificios con historia propia. A nuestra derecha, las ruinas, todavía evidentes, de la antigua iglesia de San Román. Se trataba de una ermita que los vecinos empezaron a acondicionar como iglesia a lo largo del siglo XVII, como respuesta al progresivo abandono a que los de Aguilar tenían sometido el templo de San Martín.


No debió ser este un proceso diáfano. Los rectores de la Colegiata de Aguilar no querían gastar recursos en mantener el citado edificio, pero tampoco querían renunciar a los ingresos que hasta entonces había generado la parroquia. En 1675 se autoriza a poner pila bautismal en San Román (y por lo tanto a realizar bautizos); pero con bastante posterioridad, y ya cuando San Martín estaba en proceso de ruina, intentan sin éxito los de Aguilar apropiarse de la nueva iglesia.


No sabemos por qué razón la iglesia-ermita de San Román derivó en un deterioro relativamente rápido. El caso es que a finales del siglo XIX se encontraba medio arruinada; momento en el que doña Manuela Bustamante financia la construcción de un nuevo templo, en estilo neogótico, que es inaugurado en 1893. La nueva iglesia recibe la advocación de San Miguel y recoge los elementos de culto aprovechables del antiguo. La encontramos junto a las ruinas de San Román.


Placa conmemorativa de la inauguración

Y formando triángulo con la iglesia de San Miguel y los restos de la de San Román nos encontramos con un edificio macizo de forma cúbica. Se trata del antiguo colegio-preceptoría, luego seminario. El colegio fue fundado por Julián Díaz Bustamante, familiar de la anterior (posiblemente ambos hijos enriquecidos del pueblo) a finales del siglo XIX. Su origen hay que situarlo en una época donde florecieron este tipo de centros en los que se experimentaba con nuevos métodos pedagógicos al amparo una legislación favorable.




El edificio, que fue donado por la familia a la Junta Vecinal y el Arzobispado, fue utilizado para diversos fines (entre ellos el desarrollo de colonias de verano) hasta los años 60 del pasado siglo. En el año 2010 se comunicó que este edificio sería restaurado y acondicionado para su utilización como casa del Parque de Hoces del Alto Ebro y Rudrón (ver noticia). No obstante el supuesto inicio de las obras se ha ido retrasando año tras año.



Más sobre Quintanilla (de donde se ha tomado parte de la información) se puede conocer en su página web.

1 comentario:

Anónimo dijo...

precioso pueblo!
muchas gracias Montacedo por acercarnos u poquito mas a nuestras raices.

Un saludo
Pablo