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miércoles, 7 de julio de 2021

Tartalés de Cilla y su conjunto eremítico

Junto a la carretera nacional que conduce a Trespaderne se encuentra el conjunto eremítico conocido  como las Cuevas de los Portugueses.

El lugar sorprende por el bello entorno en el que se encuentra (a ambos lados de un cantarín arroyo que baja de la montaña) y por el gran número de oquedades existentes, hecho muy poco habitual.





Los indicios apuntan a una cronología de utilización entre los siglos VIII y X. Hay que recordar que es en ésta época cuando se extiende por la zona el fenómeno de eremitismo medieval, raíz de los parte de los movimientos monásticos posteriores, de modo que el arroyo central actuase como el moderno claustro o lugar de meditación.



Se especula con la posibilidad de que este centro actuase también como lugar de atención para los viajantes que se aventuraban a cruzar el desfiladero, que durante mucho tiempo fue sin duda un lugar inhóspito. ¿Podría ser que este lugar naciese como secesión o evolución de la basílica de Santa maría de Mijangos o Santa maría de los Reyes Godos? No es imposible.




Si no se ha podido conocer mucho más de este cenobio eremítico es probablemente como consecuencia de la intensa transformación que sufrió este lugar a principios del siglo XX, como consecuencia de su utilización como habitáculo temporal para los trabajadores que elaboraron el canal de Iberduero (obra ingenieril más destacada de lo que parece), la carretera y el ferrocarril, parte de ellos portugueses (de ahí su nombre); que aprovecharon también la fuerza del agua para construir una pequeña serrería.



Guarda sin duda relación con este conjunto eremítico la conocida como cueva de San Pedro, que se ubica a poco más de un kilómetro de estos asentamientos, en la canal en la que se encuentra Tartalés de Cilla y que divide en dos a la sierra de la Tesla.



Para llegar hemos de alcanzar este pueblo (la carretera nace justo al lado de las Cuevas de los Portugueses) y atravesarlo tomando el camino que continúa hacia su pueblo hermano Tartalés de los Montes para, en apenas unos 100 metros, coger el empinado sendero que asciende hacia la derecha y que en unos minutos nos deja a la altura del eremitorio.



Esta iglesia rupestre recuerda mucho a su homónima de Argés, y constituye una buena atalaya para contemplar el desfiladero de la Horadada. A su entrada hay dos tumbas altomedievales excavadas en la roca.



Este templo rupestre tiene una nave rectangular con orientación Este-Oeste, con el techo excavado formando una bóveda de medio punto. La cabecera absidiada se abre en el muro oriental, mientras que a los pies existe un pequeño contraábside elevado respecto a la nave. Ambos ábsides presentan planta de herradura y bóveda de horno. Esta planta rectangular con doble ábside es muy típica de este tipo de construcciones. También merecen destacarse los huecos de las antiguar hornacinas y en especial aquel preparado para depositar el altar o ara, que con seguridad fue trasladado o sustraído hace mucho tiempo.

La disposición de tumbas en el exterior y no en el interior del templo nos habla de la antiguedad del lugar, y del hecho de que no fue reocupado (las reocupaciones de los siglo IX o X solían implicar la invasión del fondo de la nave con nuevos enterramientos).

En todo caso, como es habitual en este tipo de construcciones, la fragilidad de los materiales, los muchos años transcurridos, su uso como residencia temporal o lugar de refugio... han deformado considerablemente lo que hoy podemos encontrarnos. Por ejemplo, es evidente que la entrada sufrió un desplome y que originalmente pudiera tener un acceso con forma de arco de herradura.

Existe una sugerente leyenda según la cual quienes permanecieron en la cueva fueron dos antiguos reyes moros (él y ella) que vivieron como eremitas una vez ocupado el territorio por los cristianos, y que pidieron ser enterrados precisamente en estas oquedades. Cuenta el Padre Ibero, un peculiar sacerdote con aficiones arqueológicas que vivió en Oña en los años 20, que encontró restos de huesos en este punto, pero se carecen de más datos.

Hay quien dice que en esta cueva-iglesia habitó san Fermín, lo cual como veremos a continuación puede tener algo de verídico. Lo cierto es que en el centro de la localidad existieron hasta la primera mitad del siglo pasado los restos de una ermita prerrománica dedicada a dicho santo; de la que hoy apenas quedan los cimientos. Parece ser que esta ermita disponía de arcos de herradura, tal y como se indica en un artículo del Boletín de la Institución Fernán González del año 1924.

Solar en donde estuvo la ermita de San Fermín

Lo que sí que se conserva en la iglesia es parte de una lauda o tapa sepulcral procedente de dicha ermita. Tiene grabada parte de una inscripción que por su tipología permite datar la pieza en torno a mediados del siglo X. Lo que puede leerse es lo siguiente

…DE RUPE PRECISUM.

…PULCRUM

 

Lauda sepulcral
 

Se ha propuesto que el texto completo pudo ser

RESPICES ANGUSTUM DE RUPE PRECISUM.

FIRMINI SEPULCRUM

Es decir. "Contempla el estrecho sepulcro de Fermin cavado en la roca". Lo cual ahondaría en la posibilidad de que efectivamente el sepulcro original fuera rupestre y sólo se hubiera tallado esta tapa.

Iglesia parroquial de San Martín

 Según una variante de la leyenda el lugar donde habitaba San Fermín no era esta cueva, sino otro en la Peña Partida, cerca de la entrada del desfiladero desde Trespaderne, llamada así porque ha sido tajada para hacer la carretera. Allí desarrollo su vida el santo y allí murió. Además fue sepultado en ese mismo lugar. Posteriormente los pueblos de Trespaderne y Tartalés se disputaron la propiedad del lugar donde vivió el eremita e intentaron llevar los restos a sus respectivos pueblos. Los de Trespaderne no podían levantar la tumba del santo porque unas fuerzas superiores se lo impedían. Sin embargo, los de Tartalés lo hicieron con facilidad y se llevaron dichos restos a la ermita citada. Esto se dio porque el santo tenía predilección por Tartalés. Se cuenta además que un vecino de Villarcayo sustrajo un hueso del sepulcro del santo, cayendo gravemente enfermo. Confesó el acto a un cura que devolvió el hueso. Inmediatamente el vecino sanó.

Imagen de San Fermín en la Iglesia

 Añadir que las fiestas de Tartales de Cilla (El apellido “de Cilla" viene precisamente de celda o cueva) en honor de San Fermín se celebran el tercer domingo de Septiembre. Antiguamente había gran devoción al santo, llegándose incluso a bajar las reliquias hasta el Ebro en periodos de sequía. No es extraño que le tanto que en la iglesia exista también una interesante ara con una oquedad central destinada a alojar reliquias, actualmente usado como soporte para la pila de agua bendita.


Ara de altar usada como pie de la pila bautismal

 

miércoles, 26 de mayo de 2021

Las canteras de Hontoria

Pocos serán los burgaleses que no hayan oído hablar de la piedra de Hontoria, aquella con la que se construyó nuestro más insigne monumento, la Catedral, pero también muchos otros tanto de dentro como de fuera de la provincia. 
 
Lo que es menos probable es que nos hayamos al menos acercado al lugar propiamente dicho de donde se extraía este material. Para ello, pasado el pueblo de Hontoria, tomamos la carretera que, hacia la derecha, conduce a Tornadijo. Enseguida llegamos al vallejo donde se abren las principales canteras, presidido por los restos de una antigua instalación militar. Por cierto, aunque en el imaginario popular siempre se habla de “Piedra de Hontoria”, lo cierto es que la mayor parte de la piedra se extrajo en terreno de Cubillo del Campo, y en menor medida de los citados Hontoria y Tornadijo.  
 
Aspecto parcial de la zona de canteras. En la imagen se observan dos bocas utilizadas actualmente para aprisco ganadero y restos de la instalación militar.

Aunque en las primeras centurias la explotación se desarrolló a cielo abierto, en el último periodo la piedra se extrajo subterráneamente, formando unas galerías de dimensiones considerables. Cabe decir que existen varias entradas a las diferentes canteras, algunas con cerramiento (empleadas incluso como aprisco para el ganado), otras de acceso “libre” y otras aún en explotación (actualmente por la empresa CALIZAS DE BURGOS).  
 

Algunos bloques extraídos actualmente.

Esta empresa es la concesionaria de la producción; así como de cualesquiera otros posibles usos que se quieran desarrollar en las antiguas canteras ya agotadas. Y es por ello que recientemente se ha creado una subdivisión para la puesta en valor turístico de estos lugares; en parte al “calor” de la celebración del octavo centenario de la puesta de la primera piedra de la sinpar Catedral de Burgos.  
 
Actualmente (primavera de 2021) existe un programa de visitas estándar que comprende la galería de un antiguo polvorín y una segunda galería sin alterar desde que finalizó la explotación. Está planificado un ambicioso programa a largo plazo para ampliar el potencial turístico e incluso comercial o cultural (por ejemplo, grabación de películas o spots, conciertos etc..). De todo ello os podéis informar en la web https://patrimoniodelaluz.com. 
 
La galería del antiguo polvorín o “La Catedral” se corresponde con una cantera abandonada que ya en periodo de guerra se utilizó para el fin indicado. Tristemente, como en otros casos, presos republicanos fueron obligados a trabajar en su acondicionamiento. Terminadas las obras quedó al cargo de las instalaciones un destacamento que se instaló en las edificaciones cuyos restos vemos en el vallejo junto a la carretera. Aunque hoy su aspecto es desalentador, cuentan los vecinos que en tiempos los militares tenían ciertas comodidades y contaban incluso con piscina. Todo ello tras menos de tres décadas de abandono del lugar y tras el consiguiente proceso de rapiña y desidia a los que tan acostumbrados estamos por estos lugares.  
 


Estado actual de las instalaciones militares

Llegado ese momento esta cantera empezó a ser frecuentada por personas de variopinto perfil; desde simples curiosos o interesados hasta grupos que aprovechaban los restos de instalaciones para diferentes actividades “lúdicas” que nos podemos imaginar. Con el planteamiento del nuevo proyecto se procedió a limpiar la gran cantidad de basura acumulada y derribar los muretes que aún existía, dejando un espacio diáfano que es el que hoy puede visitarse.  
 
Galería "La Catedral". A los lados los espacios destinados a almacenamiento del material del polvorín

Galería "La Catedral". Se observan perfectamente las formas de los bloques extraídos a pico.

Observamos así una galería amplia que permite hacer un recorrido circular (de hecho, así se diseñó para la circulación de camiones). En su parte más alta hay un curioso espacio semicircular (en tiempos se empleó para celebrar entre otras las obligatorias misas), con una columna natural en el centro, que parece hecho aposta para ser usado como escenario; y de hecho para ello es usado con cierta frecuencia; tal y como os detallarán en la visita.
 
Galería "La Catedral". Curioso espacio con columna central, apto para diversos eventos.

La segunda galería visitable, “el pozo”, permite hacerse mejor a la idea de cómo es una cantera de este tipo y cómo fueron las condiciones de trabajo en la misma hasta hace unas décadas; el trabajo a mano, las formas de cortar los bloques, su transporte, la iluminación… de todo ello es darán buena cuenta durante el recorrido. 
 

 


Diversas imágenes de la galería "El Pozo".

No en vano en los pueblos de Cubillo y Hontoria se han levantado merecidos monumentos a la memoria de aquellos canteros; algunos de los cuales aún vive. Cabe decir que en 2018 la Cabaña de Carreteros dedicó una de sus rutas a rememorar el transporte de estos bloques en carros de Bueyes hasta donde fuera menester.  
 


Monumentos a los trabajadores de las canteras en Cubillo del Campo y Hontoria de la Cantera

A todo ello hay que sumar quizás como principal punto de interés la impresión que ofrece a la vista este lugar subterráneo de piedra blanquecina que forma parte sin duda del más singular patrimonio burgalés.