La
llegada del invierno hace más recomendable replegarse hacia rutas menos
expuestas y, a ser posible, que mantengan su interés independientemente de la
época del año. Un buen ejemplo es esta que traemos hoy al blog, y que vuelvo a
publicar con contenidos más detallados y actualizados.
En esta ruta superaremos el
corto pero espectacular y angosto desfiladero que el río Ebro se ha visto
obligado a abrir para seguir su camino entre los valles de Zamanzas y
Manzanedo. Unos seculares caminos tallados por momentos en roca viva le dan un
toque de gran interés al trayecto.
Dificultad: Media
Orientación (sin GPS con track o cartografía): Fácil
El sendero que lleva desde la minúscula aldea de Villabáscones de Bezana a la cascada de las Pisas es uno de los más transitados, desde el punto de vista turístico, del norte burgalés. La preciosa y estética cascada sólo trae agua en épocas de deshielo invernales y primaverales, pero el propio sendero es en sí una maravilla, especialmente cuando el hayedo que lo acoge adquiere su característica tonalidad otoñal. En esta ruta además proponemos completar el paseo con un sencillo y enriquecedor circuito por los montes circundantes.
Dificultad: Media
Orientación (sin GPS con track o cartografía): Media
Belleza: Muy alta
Tiempo y distancia: 3 horas y media y 13 kilómetros.
Situación
El Bosque de las Pisas se sitúa entre los norteños valles de Valdeporres y Valdebezana. Para llegar desde Burgos tomamos la N-623 hasta Cilleruelo de Bezana (a unos 80 km) desde aquí giramos a la derecha en Dirección a Soncillo. Una vez en este pueblo, y desde su mismo casco urbano, se localiza, hacia la izquierda una carretera que lleva a San Cibrián y Villabáscones. En los últimos metros nos encontramos con dos carreteras muy similares. Hemos de tomar la carretera que hacia la izquierda lleva al barrio de Abajo. En seguida llegamos a un pequeño parking que nos insta a dejar el vehículo antes de llegar al pueblo.
Puntos de Interés
Caseríos de Villabáscones y Villavés. Hayedo de Villabáscones. Arroyo y Cascada de las Pisas. Vistas desde la parte alta. Prados. Camino junto al arroyo de Saúl.
La bóveda de Leva es un anticlinal en forma de altiplanicie que separa los valles del Nela Medio y Manzanedo. Recorriendo este espacio podremos contemplar amplios paisajes y disfrutar de algunos interesantes rincones de carácter antrópico y natural.
Dificultad: Media, la debida a la distancia.
Orientación (sin GPS con track o cartografía): fácil salvo en algunos puntos clave que en realidad tampoco son especialmente complejos.
Belleza: Media
Tiempo y distancia: 5 horas (20,5 kilómetros)
Situación
Para llegar desde Burgos hay que tomar a C-629 hasta Villarcayo. En pleno centro del pueblo se localiza el cruce a mano izquierda que conduce hacia la zona del alto Nela. Tras unos siete kilómetros alcanzamos la localidad de Escaño, inicio de la presente ruta.
Puntos de Interés
Barranco de la Capellana o Capellanía. Vistas desde la parte alta. Boca de Covanegra. Bosque y pueblo de Leva. Iglesia de Escaño.
Descripción de la Ruta
Es más que recomendable dedicar unos minutos al principio o la final de la etapa a contemplar la interesante iglesia románica de Escaño, considerada entre las más antiguas del románico burgalés. Tomamos la calle que nace junto al templo y se dirige hacia el monte. En unos instantes giramos a la derecha y al poco salimos del pueblo por un camino carretero que remonta la ladera.
La pendiente es moderada y nos permite ganar altura por un bosque mediterráneo compuesto principalmente de encinas carrascas. A los poco minutos giramos hacia la izquierda y a continuación hacia la derecha, mientras el camino se convierte en sendero. Legamos así a una especie de portillo que deja a cierta distancia sendas dorsales rocosas.
Frente a nosotros aparece un vallejo cuyo fondo está ocupado por unas praderías. Ya podemos intuir la continuación del recorrido, remontando este vallejo o barranco de la Capellanía mediante un arco de izquierda a derecha. Bajamos unos cientos de metros dejando a nuestra derecha un vallado ganadero. Ya cerca de los prados superamos una portilla y empezamos a ascender.
Por momentos los senderos se desdibujan y se dividen, especialmente en los puntos más rocosos. En todo caso no nos es muy difícil encontrar la continuación. Tras un tramo algo más empinado, pero siempre llevadero, notamos como la pendiente se suaviza y poco a poco vamos intuyendo el final de la subida. La vegetación arbórea es algo escasa. Por encima de nosotros vemos incluso una estrecha alineación de hayas.
Llegando ya arriba vemos un parque eólico no muy grande por el que rondaremos bastante tiempo, aunque en ningún momento caminaremos bajo los aerogeneradores. El punto alto se encuentra en torno a la cota mil (hemos empezado desde aproximadamente la altura de seiscientos). Desde aquí observamos la planicie un tanto irregular y algunos paisajes un tanto confusos del noroeste burgalés, no muy lejos transita la carretera N-232.
Localizamos una portilla para superar el vallado que aparece transversalmente. Al otro lado nace un camino que al poco tuerce a la izquierda tendiendo a descender. Nosotros nos salimos del camino buscando la placa descriptiva del parque eólico, Coterejón, de color verde, sin casi cambiar de altura. Se encuentra la misma junto a la pista que sirve para subir a la instalación. Justo en este punto nace un camino que sin hacernos cambiar de dirección ni de altitud se interna en una replantación de pinos jóvenes.
El nuevo camino en algunos puntos está algo borroso debido a la vegetación, pero el avance es en todo momento claro y fácil. Junto a una dolina traza un pequeño zig-zag para ir dejando atrás los pinos e internarse en una zona de encina carrasca en dónde sorprendemos a mamá corza con su corcino. Las formas cársticas son bastante abundantes en esta bóveda de Leva, y en ocasiones han dado lugar a interesantes torcas y cuevas.
Tras aproximadamente un kilómetro, al poco de pasar bajo una instalación de alta tensión, encontramos un camino que sube desde la carretera. Lo tomamos ascendiendo un poco hacia la derecha, hasta llegar a la subestación controladora del parque eólico. Aquí giramos hacia la izquierda superando una portilla, pasamos junto al edificio y continuamos en dirección a una torre bastante alta asociada a la instalación. Desde esta zona tenemos muy buenas vistas de las canales de Dulla.
La pista termina junto a esta torre, empezando el tramo más confuso del recorrido. Desde la torre continúan una especie de roderas que dejan un vallado a la izquierda, aunque el suelo es bastante pedregoso. Buscamos la referencia de un árbol seco y aislado, que se sitúa un tanto hacia la derecha. Tras pasar junto al mismo continuamos sin cambiar de dirección y enseguida llegamos a un perímetro de madera que delimita la sima de entrada a Covanegra, de unos 30 metros de profundidad. Se trata de una cavidad interesante aunque sólo accesible con material y preparación adecuados.
Desde la sima se observa el pueblo de Leva de Valdeporres, rodeado de un frondoso bosque. Por detrás los relieves que caracterizan la parte alta de la Merindad de Valdeporres. Mirando en esa dirección observamos en un plano más cercano la misma línea de alta tensión junto a la que caminamos anteriormente. Tomamos como referencia la primera torre situada entre el arbolado y caminamos hacia la misma buscando los pasos que el ganado crea entre las piedras y el brezo.
Una vez a la altura de la torre, nos situamos a unos 30 metros a la izquierda de la misma. Caminando en esta dirección vemos una portilla para superar un nuevo vallado. Desde aquí caminamos bajo la línea eléctrica hasta alcanzar el camino que comunica Leva con Cubillos del Rojo. Lo tomamos hacia la derecha pasando cerca de unas instalaciones ganaderas. Rápidamente llegamos al cuidado pueblo de Leva, con interesantes muestras de arquitectura popular y casas de tipo montañés.
Una vez visitado el pueblo y tomando como referencia la iglesia, tomamos como referencia la calle que sube desde la misma, paralela al camino por el que hemos venido pero en dirección contraria. Tras pasar por un estrechamiento entre dos edificios salimos del pueblo por un bonito sendero que deja un vallado en su lado izquierdo. Entramos en un bosque ignorando una derivación que sube hacia la derecha.
Llegamos a la altura de un arroyo que ahora encontramos seco y entramos en un precioso hayedo. Se trata del tramo más interesante de la jornada y tiene una longitud de aproximadamente un kilómetros. El sendero es muy fácil de seguir, especialmente en los puntos más sombreados. En los cruces tomaremos siempre la opción que implica ascender, aunque siempre de manera suave.
Finalmente salimos del bosque y el sendero se desdibuja. Sin cambiar de dirección llegamos a otro camino que sube hacia la derecha unas docenas de metros, permitiéndonos disfrutar de las últimas panorámicas de Leva y de su bosque, y termina junto a otro camino trasversal que tomamos hacia la izquierda, recuperando así el sentido oeste-este. Volvemos a ver las torres del parque eólico.
Una suave subida nos deja junto a un camino más marcado, en realidad una pista algo abandonada, tras la cual hay una replantación de pinos. Tomamos la misma hacia la izquierda y tras llanear un poco empezamos un largo y llevadero descenso. El nuevo camino va dejando poco a poco atrás la plantación y se emboca hacia un vallejo que termina en un estrechamiento. En esta zona encontramos un arbolado bastante exuberante en el lado izquierdo del camino.
Continuamos el descenso mientras hacia la izquierda tenemos unas perspectivas bastante originales del valle del Nela, y en especial de Puentedey y la cascada de la Mea. Poco a poco el descenso se va haciendo más brusco y llega a una empinada curva de herradura con piso de hormigón. Unos cientos de metros después se llega a una segunda, y a continuación a una tercera.
Junto a esta curva a izquierdas buscamos en la parte exterior una portilla para salvar un nuevo vallado de alambre de espino. Al otro lado nace un sendero un tanto borroso por la vegetación, pero que se sigue fácilmente en sentido descendente. Muy cerca de la carretera llegamos a la altura de un nuevo vallado que no alcanzamos, sino que seguimos las trochas ganaderas que transitan junto al mismo dejándolo a la izquierda.
De esta manera vamos ascendiendo un poco mientras frente a nosotros aparecen las mismas dorsales rocosas que ya vimos al comienzo de la ruta. En las proximidades de un abrevadero nos juntamos a un nuevo sendero que desemboca en una zona de praderías relativamente extensas. Al poco salvamos pasamos al otro lado de un desdibujado arroyo y buscamos la parte izquierda de las praderías, por la que transita un sendero.
Vamos así ascendiendo durante unos cuantos minutos hasta que la pendiente prácticamente cesa. Poco a poco nos vamos acercando al vallado junto al que ya pasamos hace unas horas y ja junto al mismo buscamos un paso más o menos practicable (nosotros pasamos bajo el mismo). De esta manera nos incorporamos al sendero, ascendemos al pequeño portillo y ya sólo nos queda desandar el fácil tramo de descenso que nos queda hasta Escaño.
Comentarios
Recorrido relativamente interesante en el que casi la única dificultad estriba en la distancia a recorrer. El mayor desnivel se afronta al principio y no resulta especialmente duro. Los pocos tramos fuera de sendero no son demasiado complejos ya que la vegetación ni es muy alta ni está muy cerrada.
Las ruinas de la fortaleza de Torregalindo culminan el alargado cerro que protege el pueblo de los fríos vientos norteños. Algunos de los restos más antiguos de este castillo pueden fecharse a caballo entre los siglos X y XI y formaron parte de la fortificada línea defensiva altomedieval fijada en el río Riaza.
Hasta mediados del siglo XIII Torregalindo y su castillo pertenecieron a la Comunidad de Villa y Tierra de Aza. A partir de esa época no se verían libres de una desestabilizadora sucesión de señores feudales, tan común en toda la comarca. Entre los dueños de Torregalindo, que también durante algunos años dependió de la corona, merecen una cita la familia de los López de Haro —señores de Vizcaya—, Gonzalo de Guzmán, Beltrán de la Cueva y los condes de Siruela, con los que definitivamente terminaría el intercambio de vasallajes.
Aunque su estado de conservación muestra una avanzada ruina, el castillo de Torregalindo sigue mostrando buena parte de su estructura. Lo más llamativo de la construcción es su curiosa planta elíptica, perfectamente adaptada a la cima del cerro y que recuerda la forma de un barco. También sus dimensiones son significativas: cerca de 60 metros de largo por 25 en su parte más ancha. En la proa de esta especie de varado navío fue añadida una recia torre del homenaje de planta triangular que, como los restos citados en primer lugar, está levantada con pobres materiales en los que predominan el tapial, los guijarros y una basta mampostería.
Donde sí mejoran la fábrica y las técnicas constructivas es en el gran cubo erigido por Beltrán de la Cueva (el famoso personaje que dio lugar al episodio de “La Beltraneja”) nada más ser nombrado señor de Torregalindo por el rey Enrique IV. Las obras de esta torre circular con troneras, que quería reforzar la seguridad del recinto por su flanco más accesible, se iniciaron en 1479 e incluyeron la reparación del resto de la fortaleza. El noble reservó la cantidad de 20.000 maravedíes para la reforma integral.
Con la incorporación de Torregalindo al señorío de los condes de Siruela en el siglo XVI, se produce un paulatino abandono de su fortaleza, ya que los nuevos propietarios se hallarán más preocupados por sus extensas propiedades en Badajoz y Extremadura. A partir de este momento, se producirá un progresivo deterioro del castillo que conllevará inexorablemente a su demolición parcial, siendo considerado por los habitantes del lugar como “cantera fácil para sus viviendas y almacenes”.
La situación avanzado el siglo XX es descrita por López Mata en los siguientes términos: “el castillo se presenta en ruinas, con torres desventradas y demolidas murallas en piedras sueltas por el suelo, componiendo la silueta que domina el pueblo y el valle del Riaza”.
Esta fortaleza quedó incluida dentro del programa de recuperación de Monumentos de la Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León; cuyos patronos eran las Cajas de Ahorro de Castilla y León. La desaparición de estas entidades ha dado al traste con los proyectos que estaban en marcha o pendientes de inicio.
La cigüeña no tiene problemas en criar en el arruinado castillo
Un artículo más extenso acerca de este Castillo se puede leer en la página web Castillos del Olvido.
Terminamos este artículo con una imagen de la amplia pero más bien sencilla portada románica de la iglesia parroquial.
(Volvemos a publicar un artículo antiguo totalmente reformado y actualizado)
La sierra de Oña, y más en
concreto la Mesa
de Oña, es una elevación fácilmente distinguible desde las parameras del centro
burgalés. En contraprestación, desde este lugar se tienen muy buenas vistas de
toda la comarca de La
Bureba. Hoy caminaremos por esta zona que supone el inicio de
los Montes Obarenes; por un paisaje de prados, arbustos y arbolado de diversas
características.
Dificultad: Media. El
ascenso inicial se puede hacer duro por lo prolongado del mismo.
Orientación (sin GPS con track o cartografía): Más bien fácil en
general. Es un pelín complejo encontrar la mejor opción para subir a La Mesa.
Belleza: Normal
Tiempo y distancia: 4
horas y 45 minutos (17 kilómetros) (sin
acceso a la mesa de Oña se reduce aproximadamente en 1 km y media hora,
respectivamente).
Situación
La mejor opción para llegar a Oña
desde Burgos es la clásica combinación Briviesca-Cornudilla. También se puede
acceder por la carretera de Poza. El punto de inicio se sitúa en la plaza del
padre Cereceda, a escasos metros del Monasterio de San Salvador de Oña.
En la redacción original de este
artículo se combinaba el recorrido por los valles pasiegos con el ascenso a
Castro Valnera. La siguiente descripción, además de ser más actualizada y
detallada y aprovechar los caminos actuales, considera por separado el ascenso
final a Castro Valnera, que podéis consultar en este otro artículo.
Aunque encontramos algunos
rastros en áreas cercanas, la zona de distribución del paisaje del tipo pasiego
en la vertiente burgalesa se corresponde con la parte norte del municipio de
Espinosa de los Monteros, más en concreto con la demarcación conocida como
Cuatro ríos o Cuatros Valles Pasiegos: Lunada, Trueba, La Sía y Rioseco. En la
ruta de hoy conoceremos los dos de mayor tamaño: Lunada y Trueba, además de
contactar parciamente con la parte más montañera de la zona.
Dificultad: Media-Alta,
por el desnivel y longitud algo elevados.
Orientación (sin GPS
con track o cartografía): Fácil (sin niebla) Belleza: Alta Tiempo y distancia: 5
horas (18 kilómetros)
En pleno área de dominio de los sabinares del Arlanza, especie que aprovecha como pocas el clima y la pobreza de los suelos de esta zona, encontramos, aprovechando la ladera más húmeda de la sierra de Mamblas, un denso y maduro bosque de quejigos (Quercus faginea).
Su ubicación y características hacen de este enclave uno de los bosques de esta especie más valiosos y mejor conservados de la Península, encontrándose numerosos pies robustos, con huellas de la centenaria poda, algunos superando los cinco metros de perímetro.
En este lugar se ubicó en el otoño de 2012 la instalación artística-cultural "Enraizados", obra del periodista y fotógrafo Enrique del Rivero. La obra consiste en anexar a los viejos troncos retratos de personas de la comarca. Hoy (primavera de 2014) las fotografías siguen en la misma ubicación.
Otros árboles de influencia atlántica crecen en estos bosques, pero el elemento más sorpresivo es un aislado grupo de hayas, algunas de considerable tamaño y antigüedad, que crecen en el rincón más umbrío del bosque.
Otro quejigal muy cercano, de similares características, lo encontramos en las afueras del pueblo de Hortigüela. Al quejigal de Mambrillas se puede llegar mediante un sencillo paseo que parte de este pueblo, aunque también podemos combinarlo con una ruta exploratoria de la sierra de Mamblas, cosa que haremos en nuestro próximo artículo.
Otra opción de recorrido sencillo y más o menos protegido de los rigores invernales es esta ruta típica, típica, aunque mucho más explotada por vascos que por burgaleses. El trazado discurre por un marcado desfiladero que atraviesa la Sierra de Arcena, al norte del valle de Tobalina. El río Purón ha sido el encargado de esta obra ingenieril precipitándose en varias y bellas cascadas. Apta para todas las piernas, volvemos a publicarla tras su repetición en la pasada primavera.
Dificultad: Baja
Orientación (sin GPS con track o cartografía): Fácil
En esta ruta subimos esta emblemática altiplanicie del tercio sur burgalés. Además de las vistas desde la cima se disfrutan de otros elementos de interés que desgranaremos a lo largo de la descripción.
Dificultad: Media (salvo el acceso a los Tejos, que es duro)
Orientación (sin GPS con track o cartografía): Media (dificultades concentradas en la segunda mitad)
Belleza: Normal
Tiempo y distancia: 4 horas y 45 minutos (15 kilómetros).
Situación.
Saldremos de Burgos en dirección sur por la A-1 y la carretera de Soria. Pasados unos cincuenta kilómetros y poco antes de Salas de Los Infantes encontramos el desvío que hacia la derecha conduce a La Revilla y Ahedo.
Puntos de Interés
Escarpes de Peña Carazo y San Carlos. Tejos. Vistas desde la cumbre. Fuente de la Mora. Ermita de la Virgen del Sol. Sabinares. Robledal.
Descripción de la Ruta
El pueblo de Ahedo, que conserva influencias constructivas de la zona serrana, se encuentra a más de 1000 metros de altitud, lo que facilita el ascenso de hoy. Buscamos la calle que se encuentra detrás de la iglesia, a su lado izquierdo, en donde localizamos el cartel indica el camino por el que se asciende al monte.
Tras unos pasos nos encontramos con un cruce, en el que tomaremos la opción derecha. Los siguientes metros son un poco confusos, pero si continuamos ascendiendo volvemos a ver claro por donde continúa el recorrido. El camino, convertido ahora en una senda, asciende suavemente hacia el lado derecho de la peña, buscando el collado que la separa de la cima acastillada de San Carlos.
Por encima de nosotros, justo por debajo de la ceja rocosa que culmina la peña, vemos la línea verde oscura y discontinua formada por un sorprendente bosque de tejos, de gran valor puesto que nos encontramos muy alejados de su zona de distribución tradicional.
Apenas unos minutos de ascenso nos llevarán hasta un rústico mirador que nos permite contemplar los pueblos del entorno de Salas de los Infantes y más al fondo la cara sur de las sierras de la Demanda y Neila.
Seguimos ascendiendo con suavidad hasta que pasado kilómetro y medio se nos incorpora por nuestra derecha un camino más marcado. Nos encontramos justo bajo el último ramillete de tejos, y desde este punto podemos decidirnos por alcanzar los mismos o continuar por el camino.
Tomamos la primera opción lo que nos obliga a un esfuerzo considerable para salvar los más de 100 metros de desnivel por una pendiente muy marcada y con piedra suelta que dificulta aún más el ascenso. La recompensa es poder estar junto a estas reliquias de un clima más húmedo. Los ejemplares que contemplamos, aunque de una altura aceptable, no muestran grandes troncos, sino una forma de llama de vela que pareciera habérseles contagiado de las sabinas y enebros circundantes.
Podemos optar por descender al camino, pero para sacar mejor provecho de nuestro anterior esfuerzo optamos por continuar sin perder altura. Pese a la incomodidad y cierto riesgo de resbalar, no se encuentran demasiadas dificultades en llegar hasta el collado que anteriormente mencionamos, punto en el que volvemos a confluir con el camino.
Si nos situamos en el punto más alto de este collado, podemos buscar la ruta de ascenso a Peña Carazo, que resulta ser más sencilla de lo que aparenta. Los últimos metro transcurren por una grieta entre rocas. Enfrente de nosotros, el San Carlos, apenas unos metros más bajo que Carazo, que por su especial configuración fue utilizado como castillo desde época prerromana hasta las guerras carlistas.
Los primeros metros de Carazo muestran claramente los efectos del modelado cárstico, con grandes grietas. Como no hay sendero y el avance no es especialmente complicado, podemos decidirnos por avanzar a nuestro gusto, teniendo en cuenta que no es recomendable caminar por lo cortados entre los meses de enero y junio, para no alterar a la numerosa comunidad rupícola de la zona.
Por nuestra parte nos decidimos por alcanzar el punto culminante de la peña, con 1456 metros, que se encuentra hacia nuestra derecha. Desde aquí se tienen grandes vistas hacia el sur y oeste provincial. A continuación nos vamos desplazando paulatinamente hacia el lado izquierdo de la peña, transitando por el extenso sabinar que cubre la meseta. Los árboles son de limitado desarrollo debido a la pobreza del terreno, salvo en puntos con algo más de cubierta vegetal.
Alcanzado el extremo norte, buscamos algún punto desde se contemplen los tejos, labor un tanto difícil por la configuración del frontal rocoso. Completada esta tarea volvemos al lado sur de la peña, hasta el punto donde aparecen dos grandes conos de derrubio que le dan a la peña, vista desde arriba, el aspecto de un riñón o una alubia. Buscamos en el primero de ellos, el más pequeño, la senda que marcada con montoncitos de piedras afronta el pronunciado descenso.
Realizamos el mismo con gran rapidez, ayudados en algunos tramos por la técnica de descenso de pedreras. En los últimos metros confluimos con el cauce de un arroyo seco, el cual se ve alimentado por un par de manantiales en su base. Uno de ellos, acondicionado con una pequeña fuente, es la fuente de la Mora, con una leyenda que ya contamos en este blog. Este es un buen lugar para tomarnos un descanso.
Junto a la fuente se encuentra el depósito de agua que da servicio al pueblo de Carazo, y un camino de acceso al mismo, pero nosotros buscamos una vereda que nace hacia la derecha de la fuente ascendiendo un poco. Lo que estamos buscando es el edificio blanco de la ermita de la Nuestra Señora del Sol, que se encuentra a apenas unos 200 metros. Hablaremos de esta curiosa advocación en otro momento. En todo caso el valor artístico del templo es muy escaso.
Tomamos ahora sí por el camino de servicio de la ermita a la busca del cercano pueblo de Carazo, que ya llevamos viendo desde hace tiempo. En realidad los conos de derrubio y la fuente de la Mora representan el nacimiento del río Mataviejas, un afluente del Arlanza de curioso nombre que forma algunos desfiladeros de interés, además de bañar el caserío de Santo Domingo de Silos.
Caminamos por tanto a la vera de incipiente Mataviejas hasta llegar a Carazo. A la altura de sus primeras casas tomamos la carretera que comunica Silos con Hacinas, en dirección a este último, pero apenas a unos 200 metros la dejamos por un camino que nace a su izquierda, a la altura de una curva.
Este camino gana un poco altura y acaba muriendo junto a unas abandonadas colmenas. En la misma dirección sigue un desdibujado camino respecto al cual deberemos prestar mucha atención para no perderlo. Como referencia indicaremos que no pierde altura, incluso va ascendiendo poco a poco. En realidad parece ser lo que queda de un antiguo camino, tal y como indican los restos de muros de contención que observamos de vez en cuando.
Guiados por el sendero vamos bordeando la peña Carazo, que por este tramo parece tener más de roca arenisca que de caliza. Tras más de dos kilómetros aparece bajo nosotros una cantera y poco después el pueblo de Villanueva de Carazo. En este punto descendemos sin sendero hacia el camino que da servicio desde el pueblo a la cantera.
Llegamos al pueblo pero no entramos en el mismo, sino que caminamos por la calle que separa las casas del monte. Sobre nuestras cabezas observamos unos pocos fantasmagóricos y centenarios robles. De esta manera dejamos atrás las casas y pasamos por una semiabandonada dehesa hasta llegar a un claro en donde se localiza una especie de refugio. Desde aquí la continuación de nuestra ruta se hace bastante compleja para el que no disponga de GPS en el que pueda cargar el recorrido. En la sección comentarios os daré una alternativa que creo que resulta más clara.
A nuestra derecha aparece un pilón junto al que continúa un sendero. La dehesa continúa unas decenas de metros hasta que acaba al pasar una valla ganadera. Al poco encontramos unas tierras de labor que atravesamos sin sendero fijo. Pasada la segunda tierra volvemos a una nueva zona sin cultivar y al poco vemos un camino que asciende hasta nuestra ubicación.
Seguimos por este camino hasta las cercanías de un pequeño manantial y frente a nosotros aparecen nuevas tierras que bordeamos por su parte superior. Aquí tenemos la suerte de ver unos corzos. Poco después asciende un nuevo camino que nos deja en una plantación de nogales. Caminamos a lo largo de la misma y al terminarla tomamos el camino que da servicio a la tierra y que en unos minutos nos deja en Ahedo, en el cruce que tomamos al principio del recorrido.
Comentarios
Si evitamos el ascenso hasta los tejos la ruta se simplifica bastante. El primer tramo complejo, a la salida de Carazo, se puede cambiar caminando unos tres kilómetros por la carretera hasta que alcanzamos un camino bastante marcado que nace hacia la izquierda y, que coincidiendo con el trazado del GR-82, creo que llevará sin demasiadas complicaciones a Villanueva.
Desde el claro en Villanueva en el que se encuentra el refugio podemos seguir por el camino principal unos tres kilómetros hasta llegar a la parte baja de Ahedo. La única diferencia respecto al trazado realizado parece ser que en este caso el paisaje se compone fundamentalmente de tierras de labor.
Aunque siempre es recomendable, en este recorrido es más necesario el llevar un calzado de cierta resistencia, debido a lo irregular del terreno en lo alto de Carazo. La ruta está basada, con ciertas modificaciones, en el recorrido descrito por Enrique del Rivero en el primero de sus libros de senderismo.
ESTA DESCRIPCIÓN ES BASTANTE ANTIGUA. ALTERNATIVAMENTE SE PUEDE ACCEDER A LA ZONA DE GURDIETA SIGUIENDO OTROS CAMINOS QUE SE DESCRIBEN EN ESTE ARTÍCULO.
La presente ruta discurre entre el Pueblo de Quincoces del Yuso y el balcón sobre el valle de Angulo, en las proximidades del Gurdieta.
Dificultad: media Orientabilidad: Alta Belleza: Normal Tiempo: 6 horas
Situación.
Para llegar hemos de salir de Burgos por la N-I hasta Briviesca desde donde se enlaza por una carretera provincial con Oña. Desde aquí se sigue la N-232 unos kilómetros hasta la N-629, que nos deja en Trespaderne. En este pueblo se toma la carretera que nos conduce hacia Peña Angulo, tras unos 30 km por esta última Carretera se toma hacia la izquierda la carretera que conduce a Quincoces del Yuso. Tras atravesar parte del pueblo, nos desviamos por la última calle a la derecha antes de pasar sobre el río Jerea (casi siempre seco). Enseguida bordeamos una nave bastante grande, junto a la que dejamos el vehículo.
Puntos de Interés
Bosque de ribera del río (sobre todo en otoño). Paisaje del cauce erosionado por el agua. Algunas hayas y espectaculares vistas sobre el valle de Angulo.
Descripción de la Ruta
Bordeando la nave por el lado derecho enseguida enlazamos con un camino que pasa junto a un chalet de planta baja. Al poco aparece un camino a la derecha (el camino del Sel) por el que en teoría deberíamos volver.
De momento seguimos rectos hasta llegar en unos minutos de suave descenso hasta conectar por primera vez con el cauce seco del río.
El camino, fácil de seguir, cruza dicho cauce y se introduce en un bosque de quejigos, unos minutos después vuelve a bajar hasta el cauce, en una pronunciada curva, y en las proximidades de una especie de merendero. Aquí el cauce es muy ancho, como se puede ver por las rocas erosionadas. Siguiendo el mismo hacia la parte derecha se ve otro cauce, que desemboca tras una curva en una cueva por la que al parecer en épocas de mucho agua brota una surgencia.
De vuelta por el camino principal (que sigue el cauce) pasamos junto a unas mesas construidas con grandes piedras. En este punto podemos ver la vegetación de ribera, en la que destacan los arces que decoran el paisaje con sus espectaculares tonalidades otoñales. Durante unos instantes el camino deja a la izquierda el cauce y cuando vuelve a juntarse desemboca junto a una portilla para el ganado que es preciso cruzar.
Al otro lado seguimos por una pradera dejando en este caso el río a la derecha. Al final de esta larga pradera se cruza de nuevo el cauce, se sube un poco y se desemboca en las ruinas (apenas queda alguna casa reconocible) del abandonado pueblo de Quincoces de Suso. Junto a estas ruinas volvemos a cruzar el río (desviándonos un poco a la derecha) y alcanzamos los restos de la iglesia.
Junto a la misma continuamos por un camino que discurre entre vallas de piedra, no tan marcado como el anterior, pero fácil de seguir ya que no cambia de dirección durante un buen tramo. Al final de dicho tramo, y tras una ligera subida. Las vallas desaparecen y se gira hacia la izquierda, caminado siempre entre árboles. Unos minutos después llegamos junto a unos nuevos cercados, junto a los que el camino se difumina.
Avanzando tan sólo unos metros hacia la izquierda salimos a una zona más abierta desde la que se tiene una vista del valle que acabamos de recorrer. Caminamos por esta explanada hacia la derecha. Deberemos salvar dos vallas (la segunda con ciertas dificultades) hasta llegar hasta la carretera (convertida casi en una pista) que conduce al pueblo de Relloso.
Tomamos esta carretera hacia la derecha y tras unos doscientos metros pasamos por dos veces por debajo de un tendido eléctrico. Nada más pasar por segunda vez aparece un camino hacia la derecha que se introduce de nuevo en el bosque. Instantes después llegamos de nuevo al cauce del Jerea, en este caso mucho más estrecho y profundo, que se salva por un puente de más de diez metros de altura. Dicho puente está limitado por dos portillas.
A partir de aquí empezamos una continua, aunque no muy exigente ascensión por un camino bien marcado. Tras un primer tramo alcanzamos la portilla de acceso al Monte Gurdieta propiamente dicho. Después de un tramo llegamos a la zona donde aparecen las hayas, que no llegan a formar un bosque muy compacto ni dominan por completo el paisaje en ningún momento.
Es en estos momentos, donde la pendiente es algo más exigente, cuando se llega a la altura del sendero que lleva a la cima, hacia la izquierda y marcado con una flecha roja. Al poco la pendiente se suaviza hasta casi ser inexistente y se pasa una nueva portilla por la que abandonamos de nuevo el cercado. Sin abandonar nunca el camino principal llegamos a la altura del camino del Sel, que puede ser tomado como alternativa para el regreso y que nace hacia la derecha.
De momento continuamos por la misma dirección para en un rato alcanzar el punto donde el camino se acaba difuminado. Lo mejor es seguir con ligera tendencia hacia la izquierda, junto a una gran haya y hacia una pequeña pared rocosa. Esta es la mejor manera de salvar la valla que aparece frente a nosotros.
Enseguida podemos contemplar las espectaculares vistas del valle de Angulo. Estamos en lo alto de las rocas que caen a plomo sobre el valle que se sitúa decenas de metros por debajo. Tras solazarse un buen rato con el verde valle y el vuelo de las rapaces es hora de volver sobre nuestros pasos. En el regreso tenemos dos alternativas, el camino del Sel (que no conozco) o regresar sobre nuestros pasos hasta la carretera, que ya no abandonaremos hasta Quincoces del Yuso.
Comentarios
En su momento redacté la descripción poco despues de realizar la ruta y con bastante detalle, pero como han pasado casi diez años no sé yo como estará el tema ahora.
Salvo las vistas de impresión sobre el valle de Angulo, la ruta puede resultar un poco sosa para algunos. Esta situación mejora un poco en otoño, cuando el valle del Jerea adquiere una preciosa coloración. Sin embargo, en esta época nos podemos encontrar con la desagradable sorpresa de una cacería en la zona. Supongo que en época de lluvia o deshielos podremos ver la Cueva del Agua y en general el cañón con mayor lucimiento.
La ruta descrita se corresponde con la que aparece en el tercer tomo de rutas de Enrique del Rivero. Podéis leerla aquí. De todas formas os adjunto el trazado aproximado hecho a mano por mi en wikiloc sobre la base de la cartografía de la zona. Os he puesto el regreso por el camino del Sel.
En la ruta de hoy buscamos la cumbre que culmina la sierra de la Tesla. Una descripción más actualizada y detallada la podéis encontrar en esta otra entrada.
Hay que salir de Burgos por la N-627 hasta Sotopalacios. Allí tomamos la carretera de Villarcayo (C-627) por la que atravesamos el páramo de Masa y descendemos al valle del Ebro. Nada más pasar el desfiladero de los Hocinos, en Incinillas, tomamos una carretera provincial que se dirige a Medina. Desde aquí tenemos dos opciones: la primera consiste en seguir casi hasta la entrada de Medina hasta tomar un cruce hacia la derecha que se dirige hacia Paralacuesta y Quintanalacuesta (inicio de esta ruta).
Otra Opción es tomar la misma carretera pero desviarse al cabo de unos 6 kilómetros hacia la Aldea, desde aquí un camino en un estado aceptable (no hay que desviarse nunca) nos conduce en unos 6 kilómetros hasta Quintanalacuesta.
Puntos de Interés
La propia senda Montañera, Vistas sobre el Castillo de Montealegre, vistas desde el Portillo de Medina y desde Peña Corva.
Descripción de la Ruta
Entrando en el caserío de Quintanalacuesta desde la carretera avanzamos hasta tomar un camino transversal paralelo a la propia sierra hacia la izquierda. Pocos metros después de salir del pueblo (no hay que desviarse) el propio camino gira hacia la derecha con lo que se enfrenta directamente hacia la montaña.
Poco después de atravesar una portilla para el ganado (hecha con los restos de una sembradora) llegamos a un cruce en el que hay que decidirse por el camino de la izquierda, flanqueado por una valla metálica. Desde aquí comienza una larga, dura y constante ascensión (para qué engañarse). Hay que calcular cerca de dos horas desde Quintanalacuesta (a 686 metros) hasta el portillo de Medina (a 1250 metros).
El camino llega rápidamente a un bosque de pinos y se acaba difuminando para convertirse en una bonita senda. Tras unos 20 minutos, y sin perder nunca inclinación, la senda abandona el bosque y continúa de forma muy clara a lo largo de la ladera de roca y matorral. Tras otro tramo de ascensión de unos veinte minutos llegamos a la primera curva y continuamos andando por la falda del monte.
Poco después llegamos a un punto en el que tenemos una panorámica mayor de la ascensión de modo que contemplamos la senda que debemos seguir hasta una arista del monte. Con bastante esfuerzo llegamos hasta ese punto desde el que podemos contemplar a nuestros pies las ruinas del castillo de Montealegre en una privilegiada y difícilmente accesible atalaya. Al parecer la senda que seguimos es lo que queda de una antigua calzada medieval que unía Medina con el valle de Valdivielso. El castillo serviría para regular el tránsito por la misma.
Desde este punto podemos contemplar el punto culminante de dicho camino: El portillo de Medina. Una serie de zig-zags nos permiten alcanzar finalmente este lugar que se sitúa en la línea de cumbres de la Sierra. Mientras disfrutamos del merecido descanso podemos disfrutar de bellas vistas de la llanura de Medina y del Valle de Valdivielso. En esta zona se sitúa el interesante paisaje de Los Cárcabos.
Contemplado la línea de cumbres en dirección oeste podemos contemplar al fondo la silueta de peña Corba, punto culminante de la sierra de la Tesla con sus 1330 metros. Hacia allí nos dirigimos siguiendo las sendas que los montañeros han ido marcando con el paso de los años. Al fin y al cabo, esta cumbre es uno más de los lugares en los que se instala un Belén en época navideña.
El sube y baja continuo alarga el recorrido que se presumía corto. Será mejor calcular cerca de hora y media para alcanzar peña Corba, marcada con su correspondiente vértice geodésico. Tras el correspondiente descanso y disfrute de panorámicas es hora de emprender el regreso por el mismo camino. En este caso se pueden calcular unas 2 horas y media de regreso global para completar las seis horas de recorrido.
Comentarios
La ruta se corresponde con la publicada por Enrique del Rivero en su tercer tomo sobre rutas de senderismo en Burgos.
No se atraviesa ningún pueblo ni fuente por lo que es recomendable llevar buena provisión de agua si el día es caluroso. No obstante es deseable no realizar la ruta con excesivo calor aunque tampoco es preciso hacerlo en época muy húmeda o en la que la foliación de los árboles esté asegurada, ya que no existen masas boscosas de gran interés. Una buena época puede ser Marzo y Abril o incluso el invierno si el día no es excesivamente frío.
La subida puede hacerse muy dura para gente poco habituada al senderismo. Un poco de esfuerzo y frecuentes descansos deberían ser suficientes para superarla. En el descenso final hay que tomar precauciones porque pueden recargarse los músculos y hay mucha piedra suelta que puede provocar más de un susto.
Puedes leer la descripción de una variante más actualizada y detallada en este enlace. Otra ruta de la prehistoria de mi época senderista, que traigo aquí para fijar la atención del senderista sobre la zona.
Dificultad: Media
Orientabilidad: Media
Belleza: Alta
Tiempo: 5 horas y media
Situación.
Hay que salir de Burgos por la N-120 en dirección a Logroño. A la altura de Ibeas de Juarros hay que desviarse a la derecha por la carretera que conduce a Pradoluengo. Tras pasar por Villasur de Herreros y Alarcia hay que proseguir unos cinco kilómetros más hasta tomar un cruce a la izquierda que conduce a Rábanos y Villamudria.
Puntos de Interés
Pueblo de Villamudria. Hayas junto al Oca. Cañón y embalse. Desfiladero del Oca. Amplios bosque de hayas y robles.
Descripción de la Ruta
La ruta discurre por el alto valle de Oca entre las estribaciones del pico San Millan y los más modestos montes de Oca. Cubiertos de un sorprendentemente bien conservado bosque caducifolio.
Aparcamos el vehículo al acabar la pista asfaltada. Observamos que las casas de Villamudria, si bien no muy bien conservadas, conservan un indudable valor arquitectónico a base de entramados de madera.
El pueblo presenta una marcada inclinación hacia el fondo del valle del río Oca, hacia la derecha del caminante. Seguimos en esa dirección y rápidamente encontramos un camino que enfila hasta el borde del río.
Tras un rápido descenso rodeados por una cada vez más tupida masa vegetal compuesta por diversos tipos de arbustos y diversos árboles de ribera alcanzamos el río. En verano presentará muy poca agua, sobre todo en este primer tramo del recorrido. Tras atravesar una zona más despejada se cruza el río por un puente de cemento e inmediatamente aparece un camino que asciende por la derecha y que será el que se utilice para el regreso. Nosotros seguimos junto al río y en seguida alcanzamos los restos de un antiguo molino.
Poco después atravesamos una valla para el ganado y llegamos a un nuevo molino. En este punto hay que cruzar el río para a continuación abandonar el camino y seguir avanzando por el borde del río.
A partir de aquí no tendremos un camino muy marcado. Por lo que tendremos que avanzar en cada momento por la senda que consideremos más adecuada, teniendo a veces que cruzar el río o ascender algunos metros por la ladera.
La vegetación en este tramo es claramente diferente, mientras que las laderas aparecen cubierta de piedra o prados junto al río aparecen unos espectaculares ejemplares de haya. También cubren parte de la ladera izquierda.
El avance va siendo cada vez más costoso, ya que el valle cada vez es más cerrado y nos vemos obligados a menudo a ganar altura. Finalmente llegamos a un lugar en el que el río se encajona en una brecha abierta en la roca y nos vemos obligamos a ascender definitivamente por un marcado camino que se parece a un cortafuegos por la ladera de la derecha.
Tras una ligera ascensión el camino desaparece. Este es un buen punto para contemplar detenidamente el aspecto de esta comarca. Hacia el oeste tenemos la imponente masa del pico san Millán y en nuestra dirección vemos extenderse amplias manchas de bosques de robles y hayas. Al Oeste el perfil más quebrado del desfiladero del Oca y la parte de los Montes de Oca más próxima a la cuidad de Burgos.
A nuestra derecha aparece un pequeño aunque profundo vallejo. Hay que bajar al fondo del mismo y volver a ascender por la otra ladera sin alejarnos del curso del Oca. Tras volver a ascender y avanzando paralelos al curso del río continuamos por una zona de pastos y antiguos terrenos de labor mientras observamos casi en el frente, un poco a la derecha, una zona en la que crecen pinos de repoblación. Nos dirigimos hasta los mismos hasta localizar un camino que los bordea por su lado superior.
Avanzamos por este camino mientras que a nuestra derecha se observa parcialmente el embalse del Oca. Los pinos son sustituidos por una vieja valla metálica que sigue paralela a la izquierda del camino. Poco después llegamos a la entrada de un espeso bosque. A nuestra derecha asciende un camino que será utilizado para el regreso. Nosotros seguimos sin cambiar de dirección por una senda que se interna en lo más espeso del bosque.
Avanzamos por un precioso bosque en el que las hayas y robles se alternan. Mientras que el avance se hace a veces un poco difícil por las ramas que invaden el sendero.
Continuamos disfrutando del paisaje hasta desembocar en un camino que desciende hacia Villafranca Montes de Oca. Poco después atravesamos una valla para el ganado y seguimos por este bien conservado bosque. Tras un buen tramo de bajada, y ya en las proximidades de Villafranca se localiza en el lado izquierdo un gran árbol seco con varios agujeros en su tronco. Unos diez metros después nace una senda en el lado izquierdo que tomamos.
El nuevo sendero retrocede en la espesura del bosque, pero el camino es tan bello que no nos importa el avance extra. Tras unos diez minutos de avance localizamos un camino que desciende por lo que parece un arroyo seco y que rápidamente encuentra de nuevo el curso del río junto a un antiguo puente.
Unos metros hacia la izquierda localizamos la fuente de San Indalecio. Lugar donde, según la tradición jacobea, fue martirizado dicho santo. Sin retroceder seguimos por una vereda que cruza el río y que enlaza con el camino que se introduce en el sector más escarpado del desfiladero del Oca.
Pese a tener poco más de quinientos metros, perece la pena introducirse en este angosto paraje y contemplar la retorcidas peñas que dominan el paraje.
Es posible avanzar hasta la presa recientemente construida y subir hasta la misma por el lado derecho. Si lo hacemos podremos contemplar el pequeño embalse que se extiende hasta la garganta que anteriormente nos impidió el avance. Pese a que uno no es muy exacerbado en cuestiones ecológicas no puedo evitar preguntarme si realmente esta presa era necesaria.
Retrocedemos hasta la fuente de san Indalecio, lugar muy recomendable para parar a comer, y hacia el sendero que a través del bosque llega hasta el árbol seco. Tomamos el camino principal hacia arriba hasta la valla metálica y nos desviamos por el primer sendero que hacia la derecha se introduce en la espesura.
Este sendero no es el mismo que anteriormente utilizamos, pero merece igualmente la pena ya que discurre por una zona de hayas de gran altura. Finalmente salimos al claro un poco más abajo de la valla metálica. Hemos de ascender paralelos al lindero del bosque hasta localizar el camino anteriormente indicado y que asciende hasta la parte más alta del monte.
En esta zona el camino se difumina durante unos metros. Hemos de intentar avanzar rectos, sin desviarnos hacia la derecha, hasta que el camino vuelve a estar muy marcado. Dejamos un camino que desciende a la derecha y, ya en un nuevo bosque, otro que se dirige a la izquierda.
El camino, muy marcado, va lentamente descendiendo hasta un vallejo a la derecha y continúa por el mismo hasta llegar a una de las esquinas de un vallado de construcción reciente. En lugar de seguir paralelos al mismo nos desviamos por un camino que asciende bruscamente por ladera de nuestra derecha a modo de cortafuegos. En esta zona los pinos de repoblación dominan sobre el bosque autóctono.
Ya en lo alto el camino gira paulatinamente hacia la izquierda y poco después se ve atravesado por un camino que viene del bosque de pinos de la izquierda y se introduce en el bosque de robles de la derecha. Tomamos esta última dirección y poco después encontramos un último cruce en el que hay que seguir por el camino de la izquierda, más marcado.
A partir de aquí hay que seguir descendiendo y disfrutando por el bosque de robles hasta encontrarse finalmente con el curso del río Oca en el punto que ya se indicó en el inicio del recorrido. Ahora ya sólo hay que desandar lo andado hasta el pueblo de Villamudria, que ya se divisa en las cercanías.
Comentarios
Debido a las características del recorrido pierde mucho si se realiza antes de Mayo ya que los árboles estarían sin hojas. Tal vez a finales de Otoño, tras las primeras lluvias, se consiga un río caudaloso y unos árboles en todo su esplendor cromático. Salvo por el río, el verano no es una mala época.
Si en general llamo la atención sobre la posible caducidad de los recorridos, quiero hacerlo en especial sobre el descrito en esta entrada, teniendo en cuenta el abandono de la actividad en la zona. Sobre la base de otras rutas que visto en la zona y la topografía os sugiero este trazado que propone una vuelta alrededor de la presa, con el aliciente de poder acercarse a los restos de dos pueblos abandonados: Alba (que da nombre a la presa) y Ahedillo. Ójala que en un futuro no muy lejano pueda recorrerlo y contrastarlo por mí mismo.