jueves, 25 de marzo de 2021

La singular pila bautismal románica de Terradillos de Sedano

 

Burgos es una provincia especialmente rica en pilas bautismales del periodo románico, en cantidad, variedad y calidad. Muchos templos posteriores han conservado estas piezas de más de ocho siglos de antigüedad.  

 
Hoy nos referimos singularmente a la que se encuentra en la apartada y bien conservada localidad de Terradillos de Sedano, con su valle del río de San Antón, sus casas, sus hornilleras…lugar al que ya nos referimos precisamente cuando recorridos la ruta senderista por su sencillo desfiladero.



La pila bautismal de la iglesia parroquial corresponde a un románico tardío, y amén de su innegable mérito artístico, destaca sobremanera por una peculiar inscripción fácilmente legible en su basa

IN ERA MCCLI

·REX CASTELLE

TRIVNFAVIT SVPER PAGANOS.


Contiene pues el texto epigráfico, junto a la datatio que corresponde al año 1213 de nuestro calendario, una referencia al triunfo del “rey de Castilla sobre los paganos”, en clara alusión a la victoria de Alfonso VIII sobre los árabes en la batalla de las Navas de Tolosa, que tuvo lugar el 16 de julio de 1212. 


La repercusión de este importantísimo lance de la Reconquista encontró sonoro reflejo en la documentación de la época, hasta el punto de convertirse su recuerdo en la coletilla final de la mayoría de los textos de la cancillería alfonsina del final de su reinado, tal como aparece en la concesión de exención de portazgo al Hospital del Rey de Burgos de diciembre de 1212 o en la donación de la villa de Palazuelos a Alfonso Téllez, en julio de 1213, por poner sólo dos de los numerosos ejemplos. Aunque no deja de sorprender verlo registrado unos pocos meses después en una pieza religiosa de un lugar tan alejado de la corte. 

  

Añade interés a la datación de esta pila el hecho de aparecer como más que probable modelo para otras del entorno, sobre todo los ejemplares de Montorio y el de la parroquial de San Andrés de Montearados, ambas firmadas precisamente por un tal Domingo de Terradillos y datadas respectivamente en 1211 y 1214. 


 

miércoles, 17 de marzo de 2021

Santa Gadea del Cid

 Esta localidad en sus orígenes (de hecho, hace sólo unos pocos años se cumplió el milenario) era conocida con el nombre de Término. El motivo de esa denominación estaba en su estratégica situación en la frontera entre los reinos de Navarra y Castilla. El el siglo XII pasó a denominarse Santa Gadea de Término y a mediados del siglo XIX recibió el apelativo “del Cid” para diferenciarla de la otra Santa Gadea burgalesa.
 

Restos del Castillo y maqueta ubicada en la plaza.

La importancia de Santa Gadea creció pareja a los fueros y privilegios que le fueron concediendo los sucesivos monarcas castellanos. Alfonso VIII le otorgó el fuero de Logroño y otro Alfonso, en este caso el onceno, le dotó de un amplio mercado. Esta prosperidad aumentada por el control de la calzada medieval que se dirigía a Bilbao, atrajo hasta Santa Gadea del Cid a una comunidad judía. Además de pasar por las manos de la corona de Castilla, la villa fue posesión de los señores de Vizcaya y de varias familias señoriales, entre las que destacan los Manrique y los Padilla.
 


Más imágenes del castillo y la Torre del homenaje. En determinados periodos es visitable.
 
Todo este denso pasado histórico ha dejado como resultado un espléndido patrimonio artístico y popular que ha llegado en buen estado hasta nuestros días. No en vano está declarado Conjunto Histórico-Artístico desde 1973.
 
 
 

Imágenes de las puertas de acceso.

La villa aparece rodeada de un recinto amurallado, al que se accede por dos antiguas puertas, y está protegida por la silueta de un castillo que ya estaba erigido a principios del siglo XI. La fortaleza que se conserva es de finales del siglo XV, mandada construir por Pedro Manrique y tiene una muralla con cubos y una torre del homenaje (en su último piso se puede contemplar una bóveda con nervaduras góticas) que se levanta sobre una curiosa roca en el centro del patio de armas. En los años 30 fué motivo de un artículo en la revista "Estampa" por haberse vendido al precio de 50 pesetas.



Panorámica de la localidad y torre acastillada de la iglesia.

La iglesia parroquial de San Pedro, presidida por una maciza torre de carácter defensivo, es gótica y guarda en su interior un asombroso retablo de estilo renacentista realizado, entre otros, por Juan Picardo. Junto al templo se puede contemplar un hermosa plaza porticada – de la misma parten las angostas y alargadas rúas que conforman la villa – en la que se aprecia una interesante arquitectura popular de claro sabor medieval y que muestra sus característicos entramados de madera rellenos de ladrillo de tejar. 
 





Imágenes de la iglesia, la plaza y algunas casas de sabor popular
 
En las afueras de la localidad también se puede admirar la sencilla ermita románica de la Virgen de las Eras, fechada a finales del siglo XII. La construcción es armoniosa y estéticamente integrada en el entorno.






Pese a su escasa población, Santa Gadea del Cid es un pueblo dinámico. Cuenta con una Asociación Teatral que organiza una representación anual de estilo medieval, además de otras actividades a lo largo del año entre las que se incluye una Pasión Viviente; a finales de 2020 se integró en la Asociación de Pueblos Mágicos de España e incluso puede presumir de su propia cerveza artesana.

miércoles, 10 de marzo de 2021

Escultura del agua: Cascadas de Rebolledillo de la Orden

La comarca de las Loras es rica en cursos de agua. Hoy os presentamos unas situadas en su parte más occidental, muy cerca del límite con Palencia. Se encuentran a poco más de 1 kilómetros al oeste de Rebolledillo de la Orden y las forman el arroyo Pastruela en su descenso desde Peña Redondilla.

Lo componen dos cascadas principales, la primera situada en la parte más alta; si bien a su vez se subdivide en tres partes. Esta primera que nace desde una oquedad en la roca.


 
Secundariamente el agua también cae por otra cascada más convencional, paralela a la anterior., de unos 20 metros de caída.


 
Aunque lo cierto es que durante la mayor parte del año ambas cascadas están inactivas y el agua surge por un pequeño manantial bajo las misma. Existe incluso un rústico caño.


 
 Aproximadamente quinientos metros más abajo se localiza una cascada bastante menos estacional.




 Un pequeño vídeo en el que se aprecia mejor el lugar.

miércoles, 3 de marzo de 2021

Regreso a los pueblos del Silencio: Loranquillo

 

La mayoría de los pueblos que conozco que alguna vez estuvieron deshabitados, evolucionan en alguna de estas dos direcciones: o bien son engullidos más o menos rápidamente por la vegetación o bien la mayoría de sus casas son más o menos rehabilitadas pasando a tener un aspecto más o menos convencional independientemente de que tengan población estable o no. Pero hay un tercer grupo de pueblos que parecen quedarse anclados en el tiempo, con la ruina evolucionando lentamente pero quizás más tristemente. 


Loranquillo está relativamente bien comunicado, se encuentra no muy lejos de la carretera que conecta Briviesca con Cerezo de Rio Tirón. Así hablaba del humilde lugar Madoz a mediados del siglo XIX:

"en un barranco rodeado de cuestas, donde reinan con especialidad los vientos N y O, y cuya circunstancia hace que el clima sea frío y que las enfermedades más comunes sean los catarros y las pulmonías. Tiene unas 20 o 30 casas, inclusa la consistorial, una escuela de primera educación concurrida por 12 o 14 niños, y dotada con 24 fanegas de trigo, una fuente de aguas salobres dentro de la población. Iglesia Parroquial (San Miguel) servida por un cura párroco y un sacristán, y una ermita (San Vítores) colocada junto al pueblo y el pié de una cuesta. El territorio es estéril, los caminos se hallan en mediano estado. La correspondencia se recibe en Belorado por medio de las personas que van a este pueblo y su diligencias. Los productos son cebada y trigo, ganado lanar merino y churro. " 
 
 
Como hemos visto en buena parte de los pueblos deshabitados recorridos por este blogero, Loranquillo tenía un factor adicional que dificultaba la ya de por sí dura vida rural: la circustancia de que las aguas no fuesen potables debido al carácter yesífero de los suelos. 
 

 
Así lo cuenta Elías Rubio en el libro que nos sigue de guía. También hace referencia a las diversas soluciones que empleaban los vecinos para solventar esta gran problemática; desde la recogida del agua de lluvia hasta la instalación de molinos de viento para extraer a mayores profundidades, pasando por su transporte desde los pueblos cercanos.
 
 
A la entrada del pueblo se localizan unas casi desaparecidas ruinas. Son lo que queda de un proyecto un tanto utópico para explotar un manantial localizado a tan sólo unos metros y llamado La Salina. La idea fue de un oriundo del pueblo llamado Fermín Saja, ya que las aguas supuestamente servían para curar el empacho en personas y animales. 
 



Para tal fin, con ayuda de sus paisanos, se excavaron una serie de galerías en el manantial salobre formando un gran depósito con un entramado de galerías subterráneas inundadas que quedaron abandonadas al poco tiempo. Hoy podemos ver una boca cubierta del característico color blanquecino y los signos de la actividad en la parte más externa de la cavidad.



Vista exterior de las galerías del manatial y singular concrección en su boca.


Dos hermanos ciegos fueron los dos últimos habitantes del lugar, ocupación que se extendió durante veinte años y terminó en 1996. Hoy se mantienen en estado habitable algunas casas, ocupadas en cortos periodos vacacionales y durante las labores del campo. Además los allegados al pueblo son lo que consiguen que el mismo se conserve en estado relativamente digno.


 
Y finalmente quizás la mayor singularidad del pueblo: las características puertas de madera con decoración incisa de su calle mayor.