miércoles, 18 de marzo de 2015

Sendero GR99 por Burgos: Introducción

Aunque con 930 kilómetros de recorrido el río Ebro no llega a la longitud del Tajo, desde el punto de vista del tamaño e importancia de su cuenca es sin duda el río más importante de toda la península, a la que incluso ha dado el nombre.
Resulta por otro lado curioso cómo probablemente pocas personas fuera de Burgos relacionarían a nuestra provincia con el trazado de este río (de hecho en la Wikipedia le dedican menos de diez palabras); y eso que son unos 175 kilómetros de tránsito por el norte burgalés, quedando en este sentido únicamente por detrás de Zaragoza. Este “olvido” resulta tanto más llamativo cuando podemos asegurar que el tramo burgalés es uno de los que concentra más diversidad paisajística de todo su recorrido.
 

Como el resto de principales ríos de España, el río Ebro se encuentra acompañado de un Sendero Natural señalizado por el Ministerio de Medio Ambiente dentro del programa de Caminos Naturales, recibiendo en este caso el código GR-99.
 
Aunque en principio puede parecer algo monótono caminar cerca de 200 kilómetros siguiendo un río veremos como, al menos en el caso del tramo burgalés, esta sensación se ve mitigada en buena medida: La montuosa geografía del norte provincial obliga al cauce a excavar profundos cañones y desfiladeros, y su carácter de zona de transición bioclimática ofrecen una variada mezcla de paisajes y flora.
 
Además, el paisaje del Ebro burgalés está en general muy poco humanizado. La mayoría de los pueblos son muy pequeños y son sorprendentemente cortos y escasos los tramos en los que nos vemos obligados a caminar por asfalto. Tampoco dominan las anchas pistas, siendo muy frecuentes los senderos que siguen bosques de galería o de ribera en los que aquí y allí nos encontramos con preciosos rincones.
A lo largo de los próximos artículos iremos describiendo el tramo burgalés del GR99 coincidiendo con las etapas diseñadas oficialmente. En cierta medida, especialmente en las primeras etapas, he aprovechado fotos y descripciones de rutas anteriores. No obstante calculo que más de la mitad del trazado ha sido realizado en 2013 o con posterioridad.
Relacionado con lo anterior, la mayoría de los lugares de interés que se atraviesan en la ruta ya ha sido descritos en este blog. Utilizaremos enlaces hacia los artículos específicos salvo en el caso de nuevos emplazamientos, para los que existe la posibilidad de que dediquemos algún artículo en el futuro.

lunes, 16 de marzo de 2015

Pancorbo

Aunque para disfrutar de los principales atractivos del lugar de Pancorbo hemos de subirnos a lo alto de su sempiterno y conocido desfiladero, dejaremos esta exploración para mejor ocasión limitándonos por ahora a una breve visita a su entorno urbano.
 
Paso casi obligado desde tiempos inmemoriales para la comunicación con el resto de Europa, las sucesivas culturas han ido dejando muestras de su estancia en este lugar.
 
 
En todo caso los primeros rastros visibles aparecen en las imposibles paredes que aún pueden contemplarse unas decenas de metros por encima del pueblo, y se corresponden con los restos del castillo de origen musulmán de Santa Marta. Hasta las mismas se puede llegar siguiendo un delicado sendero que por el momento declinamos tomar. Al respecto es preciso indicar que este emplazamiento fue parte de la línea defensiva de la primitiva Castilla ante el empuje de Al-Andalus.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Silanes, el pueblo que no existe para el INE

Si uno consulta el nomenclátor de la web del Instituto Nacional de Estadística (INE) puede consultar la población de todos los núcleos de la provincia que no están abandonados... ¿todos? Buenos, todos no. Por ejemplo, no hay manera de obtener datos del pueblo de Silanes, lugar integrado dentro del municipio de Miraveche.

Y eso que, aunque el lugar está bastante escondido a las faldas de los Obarenes, no se puede decir ni mucho menos que esté abandonado. En las siguientes fotos vemos como dispone de huertas y casas bien cuidadas. Según los datos antiguos de población, en 1940 vivían en este pueblo 140 personas.





 
No podemos hablar tan bien del antiguo lugar de Ventosa de Miranda. El acceso se realiza desde la carretera entre Silanes y Villanueva de Teba, aunque de momento nos conformamos con esta lejana vista.
 

Más referencias de este lugar (ubicado en la zona en donde se encuentran esos grandes chopos) lo podemos obtener a partir de la web de Zález. Gracias a la misma podremos saber que apenas quedan unos restos de su antigua iglesia. Según el libro "Los pueblos del Silencio", de Elías Rubio, el pueblo fue abandonado en 1939.

lunes, 9 de marzo de 2015

Restos autrigones en Miraveche

En fechas relativamente recientes (año 2013) se inauguró una instalación en las cercanías del pueblo burebano de Miraveche para la difusión de los yacimientos autrigones de la localidad y, por extensión, de los de lugares cercanos. Los autrigones fueron el pueblo prerromano que ocupó la zona de la Bureba y áreas cercanas hace aproximadamente 2500 años.
 
Miraveche  al pie de los Montes Obarenes
La instalación se ubica en el lugar en donde estuvo el antiguo poblado, a unos 500 metros al norte del pueblo y ya en las faldas del cordal de los Obarenes. Consta de una serie de paneles explicativos y, lo que resulta más curioso, varias siluetas de animales y personas vestidas a la manera de la época; formando un interesante encuadre en el marco circundante.


Aspecto general de la instalación


 
A través de los paneles podremos conocer más de este pueblo. Como dato llamativo podemos citar el hecho de que la necrópolis (que casi siempre viene a ser la zona en donde se encuentran más restos arqueológicos) se ubicaba exactamente en el mismo lugar en donde ahora se levanta la localidad (literalmente podríamos decir que Miraveche está construido sobre un antiguo cementerio).

parte de los restos encontrados y que se conservan en el Museo de Burgos. Fuente: www.museodeburgos.com
 Por ello, no resulta extraño que ya desde los años 30 del pasado siglo ya se empezasen a encontrar restos arqueológicos, caracterizados por su abundancia y por su calidad, y que se descubrían en el formato de urnas funerarias en donde se depositaban las cenizas y el ajuar de los difuntos. Sin duda este yacimiento es uno de los más importantes de su especie de toda la Península Ibérica.


Miraveche nos despide con esta preciosa panorámica
 

lunes, 2 de marzo de 2015

Ruta de senderismo: El Pan Perdido

El Pan Perdido, con sus 1238 metros, es la elevación más alta de la Sierra de Oña, la parte más meridional de los montes Obarenes. Hoy recorreremos una parte del interesante cordal de esta humilde alineación montañosa, que nos ofrece un importante contraste entre su vertiente sur, que domina la gran planicie de la Bureba, y la norte, desde se divisan buena parte de las numerosas elevaciones del norte burgalés. Entre los atractivos adicionales del recorrido se encuentran las interesantes iglesias románicas de Soto y Navas de Bureba, así como los lejanos ecos del castillo altomedieval de Petralata.
 
Dificultad: Media. Buena parte del recorrido por el cordal es incómodo, implicando  cierta complejidad.
Orientación (sin GPS con track o cartografía): Fácil en general. En el cordal hay que prestar atención para seleccionar la opción más adecuada.
Belleza: Alta
Tiempo y distancia: 4 horas y media (14,5  kilómetros) (sin acceso al castillo de Petralata reducir en 1 km y media hora aproximadamente).
 

 
Situación
 
Para llegar hasta Quintanaelez, punto de inicio de la ruta, desde Burgos tomaremos la N-I hasta Briviesca. Desde aquí seguimos la BU-5108 hacia Oña. En Cornudilla enlazamos con la N-232, que tomamos hacia la derecha. Tras unos cuantos kilómetros, llegando a Quintanaélez, con un poco de atención identificamos la pista que se dirige hacia Soto de Bureba. Dejamos los coches a la altura de las últimas casas de Quintanaélez siguiendo esta dirección.
 
Puntos de interés
 
Iglesias de Navas de Bureba y Salas de Bureba. Vistas de la Bureba, Algunos tramos del sendero de ascenso. Cordal montañoso. Pan Perdido y vistas desde este lugar. Enclave del Castillo de Petralata.
 
Descripción de la ruta
 
Tras aparcar el coche empezamos a andar en dirección Soto de Bureba por la pista indicada, encontrando un panel explicativo al principio del recorrido. Muy cerca observamos el pueblo al que se dirige este ramal, pero a mitad de camino encontramos un cruce en el que nos desviamos hacia la izquierda.
 
Entramos en el tramo más monótono del recorrido, y ya que hay que recorrerlo preferimos hacerlo al principio de la jornada. Se trata de un trayecto prácticamente recto de unos 3 km, con suaves toboganes, y que se dirige hacia el oeste, ignorando todas las bifurcaciones que se le ofrecen. Los elementos más interesantes de este tramo son las vistas hacia la sierra (a la derecha) y hacia la llanura burebana (a la izquierda), cerrada esta última por los picos de la Sierra de la Demanda (que aún tienen bastante nieve en esta época).
 
Vamos avanzando por el camino. Primero dejamos un frontón algo a la derecha. Luego entramos en un tramo asfaltado. Pasamos junto a un pequeño y recodito área recreativa y finalmente llegamos a las cercanías de Navas de Bureba. Frente a nosotros aparece la característica forma de la Mesa de Oña y a lo lejos se puede distinguir Poza de la Sal, arremolinada en la ladera del monte.
 
Entramos en el pueblo por la carretera de acceso al mismo, justo a la altura del cartel indicador. Nos dirigimos hacia la iglesia siguiendo la calle principal. Las casas no son especialmente llamativas: en esta zona abunda la construcción a base de ladrillo y revoque de cemento. Llegamos a la altura de la iglesia, que destaca por su llamativo ábside, y de la cual ya hemos hablado en este blog.
 
Seguimos la calle que bordea el ábside y pronto llegamos a la salida del pueblo. Al poco la pista asfaltada se bifurca. Nosotros vamos por la izquierda y enseguida el asfalto desaparece; justo a la altura de una nueva bifurcación en donde seguimos de nuevo por la izquierda.
 
El camino, que ahora enfila directamente hacia el monte, empieza a ganar altura. Poco a poco vamos dejando atrás las últimas tierras de labor y nos acercamos a un encinar. A nuestras espaldas tendremos todo el tiempo las amplias panorámicas de La Bureba, a las que no hacen justicia las fotos que he tomado (en parte por la bruma).
 
Tras un tramo por el encinar, hemos de prestar atención en una bifurcación al sendero secundario que nace en el lado izquierdo, pues es el que deberemos tomar. Desde este punto el bosque se cierra bastante más alrededor de un sendero que primero zigzaguea y luego asciende por una fuerte pedrera.
 
Tras salir del bosque el sendero acaba girando hacia la izquierda y suaviza su pendiente. De este modo el monte queda a nuestra derecha y el valle a la izquierda. La vereda se ha convertido en una senda montañera que ya va dejando a sus pies una parte de los macizos rocosos. Las vistas siguen siendo privilegiadas.
 
Sin demasiado esfuerzo acabamos llegando a una zona más abierta, en la cabecera superior de una cárcava. Desde aquí es fácil distinguir el tramo que nos separa del cordal, que trascurre por un suelo cubierto de matorral bajo. Recorremos este tramo que empieza con suavidad y luego se va haciendo más y más duro; tanto que acaba con una serie de eses. A nuestras espaldas aún observamos el pueblo de Navas, que queda casi 400 metros por debajo de nosotros.
 
Ya en el cordal tenemos acceso a contemplar unas amplias vistas de buena parte de las elevaciones del norte burgalés: La continuación de la sierra hacia el oeste, el valle que divide los dos sectores principales de los montes Obarenes, el macizo del Monte Humión, la Sierra de Árcena, Los Montes de la Peña, La Sierra de la Tesla, los montes de Espinosa de los Monteros e incluso Alto Campoo.
 
Seguimos el cordal hacia el este, primero con bastante facilidad. Bajo nosotros observamos el alargado caserío de Barcina de los Montes. Tras descender a un pequeño collado el cordal se vuelve bastante tortuoso y  deberemos estar atentos tanto a las marcas de pintura como al lugar donde ponemos nuestros pies.
 
En primer lugar el sendero tiende a ir por el lado derecho de las rocas del cordal, muy pegado a las mismas. Pasamos junto a un buzón montañero cuyo acceso implica una corta trepada. Al poco el sendero vuelve a la parte más elevada, pero pronto la abandona para buscar el pequeño hayedo del lado norte.
 
Los siguientes cientos de metros transcurren por este hayedo, que muestra los primeros signos de la foliación primaveral (hemos realizado la ruta en abril), algo por debajo del cumbral pero sin bajar demasiado. Cuando termina la parte más quebrada de la cima el sendero vuelve a acercarse a la misma, ya de modo definitivo. Frente a nosotros, no muy lejos, ya observamos el macizo del Pan Perdido.
 
Tras recorrer una especie de canal volvemos a una zona más abierta. Algo después afrontamos la parte final del ascenso, alcanzando la cumbre (está marcada con vértice geodésico). En este punto la ladera sur resulta ser mucho más abrupta que la norte. Observamos los mismos paisajes ya descritos: destaca el gran lago verde de la Bureba en la que aparecen los pequeños islotes de los pueblos. Al norte, cerca de la oscura sombra del Humión, podemos distinguir incluso la ciudad de Frías.
 
Tras el merecido descanso continuamos en la misma dirección descendiendo bruscamente hacia el este. Frente a nosotros observamos una nueva cima compuesta de dos paredones rocosos en paralelo. Es el lugar en donde se ubicaba el milenario castillo altomedieval de Petralata.
 
Bajando con las debidas precauciones alcanzamos el collado entre ambas cumbres. En el punto más bajo del mismo se localiza el sendero que baja de nuevo hacia La Bureba. En todo caso tenemos la posibilidad de sazonar la ruta ascendiendo hacia esta nueva cima. Para ello nos dirigimos a la empinada canal que se encuentra entre ambos paredones (hay marcas de una sencilla trocha).
 
La empinada ladera nos obliga a extremar las precauciones (por momentos deberemos ayudarnos de las manos). Una vez en la zona más alta de la unión de las peñas observamos una especie de pozo, probable signo del antiguo castillo. Emprendemos una trepada por el lado derecho y con un poco de precaución alcanzamos la cima: una especie de pasillo de medio metro de espesor en el que se distinguen los restos de un muro. Más información sobre este lugar nos la ofrece un experto explorador de este tipo de enclaves: Zález.
 
Descendiendo con precaución volvemos hasta el collado. El sendero de descenso, que primero va hacia el oeste, es un tanto difuso; pero pronto gira y se observa claramente su continuación. Perdemos altura poco a poco entrando en un pobre encinar. Un tramo más adelante la pendiente se vuelve mucho más acusada. Mirando en dirección a la montaña observamos unas curiosas elevaciones que recuerdan lejanamente a los Mallos de Riglos oscenses.
 
Rápidamente alcanzamos la falda del monte mientras que el sendero enlaza con un camino. Frente a nosotros observamos la ubicación de Soto de Bureba y Quintanaélez. Seguimos bajando ignorando todas las derivaciones. Nos obstante, ya muy cerca de Soto y a la altura de una pequeña loma, tomamos un camino más difuso que surge a nuestra izquierda. Pasamos junto a un depósito y pronto alcanzamos el citado pueblo. En su escaso caserío destaca sobremanera el templo románico, también tratado específicamente en este blog.
 
Desde Soto tomamos la pista que en un escaso kilómetro nos conduce al punto donde iniciamos nuestro recorrido.
 
Comentarios
 
El sendero descrito coincide con el sendero de pequeños recorrido PRC-BU-218, incluido dentro de los señalados en el proyecto de turismo ornitológico en Castilla y León (TRINO), y con la propina del ascenso al Castillo de Petralata. La señalización en el momento de realizar el recorrido (abril de 2014) es bastante buena.
 
Se trata de un recorrido de cierta dureza, por el ascenso al cordal y el avance del mismo. Además hay muchos puntos que exigen cierta atención y pericia; en los cuales las señales de pintura serán nuestro mejor guía. En todo caso no es una ruta complicada para las personas acostumbradas a la montaña.
 
Deberemos evitar realizar este recorrido en momentos de mucho calor, al tratarse de una zona muy expuesta al sol. Tal vez el mejor momento sea la primera mitad de la primavera, para observar los cultivos con sus tonos más brillantes.
 
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Track del recorrido (pulsa en el círculo verde para más información)





Vídeo con imágenes del recorrido.


viernes, 27 de febrero de 2015

Arboles singulares: robles y encinas en Cascajares de Bureba

Gracias a la información suministrada por el experto en documentación ambiental Eduardo Renovales, pude conocer la existencia y ubicación de unos árboles singulares en una pequeña hondonada en el término de Cascajares de Bureba, aunque ya en la vertiente del gran valle intermedio de los Obarenes. El lugar se sitúa muy cerca del Portillo del Busto y, como referencia, en la siguiente foto vemos la citada hondonada con el pico Humión al fondo.

 
En la solana del vallejo se aprecian grandes ejemplares de encina. Me acerqué a una de ellas y me salieron unos 3 metros y medio de perímetro de tronco.


 
Por el contrario, en la umbría lo que se ven son centenarios robles, aproximadamente unos veinte. Los más grandes llegando a los cinco metros de perímetro.



 
En la hondonada hay escasez de ejemplares jóvenes, dominando el matorral y monte bajo (de hecho resulta un poco pesado acercarse hasta la base de los troncos). 

miércoles, 25 de febrero de 2015

Llano de Bureba

Hace ya unos cuantos años mencionábamos en el blog la vinculación de este pueblo burebano con la antigua tradición vinícola del norte de Burgos. Hoy nos acercamos al mismo para mostrar su centenario moral. Según información suministrada amablemente por Rodrigo Conde, el cura del pueblo anotó en el libro de bautizados la fecha de plantación de este árbol, en 1837, por lo que podemos datar la edad de este árbol en 178 años.
 


 
Aprovechando la parada buscamos un manantial de aguas termales que se conoce desde siempre en la localidad. Hoy en día no puede ofrecer un aspecto más desangelado: una tubería medio oxidada y unas pozas de barro, hoy secas, en las que se bañaba la gente.
 
 
En torno a este pequeño manantial se levantó un gran castillo de naipes hace más de diez años: se planteaba la construcción de un balneario, un campo de golf, gran número de chalets…en fin, 66 millones de inversión y 250 puestos de trabajo. Ahora esto es todo lo que vemos de este proyecto faraónico. Supuestamente el proyecto, aunque muy reducido, no ha sido descartado del todo.
 
Al menos la visita me dejó como regalo este espectacular cielo, con los Obarenes de fondo.