Terminamos por el momento con esta serie de reseñas de libros con una referencia al Libro "Museo de Niebla" de Gonzalo Santonja.Rincones, Costumbres, Senderismo, Patrimonio, Iniciativas... de la provincia de Burgos; especialmente si son semidesconocidos o minusvalorados.
lunes, 21 de junio de 2010
Libros: Museo de Niebla
Terminamos por el momento con esta serie de reseñas de libros con una referencia al Libro "Museo de Niebla" de Gonzalo Santonja.viernes, 18 de junio de 2010
Otros pueblos del Silencio: Turzo (y II), abandono y esperanza
"...Por aquella época (años 60) ya sólo quedaban algunos viejos aclimatados a la fatalidad y a la costumbre y así transcurrieron algunos años. Es verdad que nunca habían existido grandes perspectivas en aquellas tierras pero en la medida en que las ambiciones no fueran excesivas podía uno sobrevivir con cierta lozanía. Ahora ya no.
Los organismo oficiales rescataron a los ancianos de sus míseras viviendas y los proporcionó acomodo en el asilo donde, según decían, no pasaban frío ni tenían que madrugar para acopiar los escasos alimentos con que aferrarse a la sobria subsistencia.
Muchas casas quedaron completamente vacías. Al ser abandonadas, ni siquiera lloraron sobre ellas sus moradores pues no debían considerarlas hogares sino refugios en los que guarecerse medianamente de las inclemencias del tiempo; algo menos, de las dificultades que la vida les deparara. No eran cobijos en los que vivir sino altares en los que inmolarse día tras día. Dieron una vuelta de llave a los enormes cerrojos, no por ello invulnerables, y las dejaron expuestas a la ruina de la acción erosionante del tiempo y del abandono.
Los ancianos fueron cayendo poco a poco. Cada vez subían menos. Menos viejos y menos viajes. Los que quedaban iban dando el parte de bajas. Hasta que no quedó ninguno. A Isaac se le desgarraba el corazón cada vez que le añadían una nueva y definitiva deserción a su memoria. El los consideraba más víctimas de la soledad y de la tristeza que de la respetable edad que ya a todos iba abatiendo. En su fuero interno les recriminaba su evasión pero sin duda los echaba de menos. Se fue volviendo cada vez más taciturno y melancólico.
Un malhadado día una tormenta y las aguas desbordadas de la torca de junto a su trozo de era se llevó la mayor parte del trigo que había amontonado. Tratando de contenerlo parece que mentó algún juramento de impotencia. Pero cuando vio que no podía evitar el desastre cogió el resto, lo colocó sobre el trillo y lo deslizó como una barcaza trágica hacia la corriente para que se lo terminara de llevar.
Cuando se los llevaron a los dos al asilo, ya no se resistieron pero a los pocos días Isaac se escapó. No se sabe como, pero lo cierto es que apareció en su casa, a 63 kilómetros del asilo. Y allí acudieron a buscarlo las autoridades competentes. Dada su rebeldía le vigilaban estrechamente y le ataban a una silla en cuanto lo consideraban en riesgo de repetir su indisciplina. Murió de pena, a los pocos día de haber estrenado su nueva vida, la panacea de los egoístas y de los despegados de sus propias raíces..."
miércoles, 16 de junio de 2010
Otros pueblos del Silencio: Turzo (I)
La sorprendente portada de la Iglesia de San Martín de Tours, de estilo tardorománico.
jueves, 10 de junio de 2010
Árboles singulares: El Enebro
Surgen en los montes o páramos como por generación espontánea y cuando mueren unos nacen otros. O esa percepción tiene el nativo que siempre vio el paisaje plagado de aquellos ejemplares. En sus tiempos los campesinos los cortaban para hacer vallas o cercas.
Pero si uno piensa que para el desarrollo de un enebro de esos de dos o tres metros deben pasar decenas de años, a veces siglos, se le pone la carne de gallina cuando llega un intruso y lo interrumpe como si de una alimaña o de un estorbo se tratara.
Hoy todos somos más sensibles a esa circunstancia cuando sabemos, como hay que saber, que los enebros no se pueden replantar. Hay que esperar a que un pájaro ingiera una de las bayas que como fruto produce el arbusto. La digiera en su estómago y la deposite luego mezclada con sus excrementos en terreno fértil para que fructifique y surja el nuevo retoño.
Nada de generación espontánea. Para que un enebro pueda nacer hay que ver millones de semillas perdidas o diseminadas por el viento. Y eso después de haber pasado por el estómago del pájaro porque nunca prenden sin ese requisito. Después, cincelados por el viento, se convierten en esculturas majestuosas que podrían ser firmadas por el más exquisito artista..."
miércoles, 9 de junio de 2010
Libros: Pedro, el dulzainero de El Almiñé
martes, 8 de junio de 2010
El día del apedreo
jueves, 3 de junio de 2010
Regreso a los pueblos del silencio: Mazariegos
Los restos se levantan prácticamente bajo la mole de la sierra de Mamblas.
De lo que queda podemos deducir que estábamos ante edificios relativamente grandes y de no muy buena calidad. Un pequeño repaso a la intrahistoria de este núcleo nos va a dar las explicaciones.
El núcleo perteneció desde siempre a la potente abadía de San Pedro de Arlanza. La sombra del gran cenobio permitió la construcción de una iglesia de volumen considerable, de la que hoy apenas quedan los cuatro muros que nos dan una idea de su antiguo esplendor.
Afortunadamente, parte de los tesoros del templo no se perdieron del todo, la antigua portada es ahora el cierre del atrio de la iglesia de Salas de los Infantes.
Y la excelente pila bautismal está nada menos que en el Museo Arqueológico Nacional.
Nos cuenta Elías Rubio en su libro que "la señorita" mandó construir sendas hileras de casas para renta de los colonos, siendo los muros actuales los restos de aquellas viviendas. Según mis datos en Mazariegos aún vivían 51 personas en 1900.
Hoy el pueblo queda dentro de la jurisdicción de Mecerreyes.

