jueves, 31 de marzo de 2011

Castillo de Monasterio de Rodilla

Las laderas que rodean Monasterio de Rodilla han supuesto desde siempre un punto estratégico de control sobre los importantes nudos de comunicación que pasaban por la zona (entre otros, el primitivo camino de Santiago). Ya los romanos fundaron aquí la villa de Tritium.

Hacia el año 1000 se construyó aquí este castillo. Tras pasar por manos navarras –formando parte de la línea fronteriza de La Bureba–, pertenecer a los reyes de Castilla y a una larga serie de propietarios, acabó, a finales del siglo XIV, dentro del ingente patrimonio de la poderosa familia de los Velasco. Aunque los restos conservados de la fortaleza son escasos –se reducen a la torre del homenaje de planta pentagonal adaptada a la roca y rodeada de precipicios y al lienzo meridional de la muralla– aún permiten hacerse una buena idea de la extensión e importancia de la misma. Sus muros tienen más de dos metros de espesor y están levantados con lajas de piedra irregulares y planas. Desde esta privilegiada atalaya, situada a 1.062 metros de altura, se contempla una excelente panorámica del sector meridional de La Bureba.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Ermita de Nuestra Señora del Valle

En un bucólico lugar, muy adecuado para la merienda campestre, y en los aledaños de monasterio de Rodilla, se encuentra esta preciosa iglesia que simboliza extraordinariamente el modo en el que el arte románico se integra con el paisaje.


En relación con el nombre del pueblo se cree que esta ermita pudiese ser lo que queda de un antiguo monasterio que era mencionado en el año 934 en un privilegio de votos del conde Fernán González y que, a comienzos del siglo XI, fue anexionado por el monasterio de San Salvador de Oña.

Estamos ante una preciosa fábrica románica no excesivamente detallista pero extraordinariamente armoniosa en sus formas.


Fechada a finales del siglo XII, su planta consta de una sola nave, dividida en tres tramos, rematada por un ábside semicircular. El tramo anterior a la cabecera destaca ligeramente del resto y forma una especie de incipiente crucero que, además, está cubierto por una cúpula de media naranja que descansa sobre pechinas. En el exterior y sobre la mencionada cúpula se alza una torre cuadrada a la que se accede por un elegante y fino husillo.

Una portada con arquivoltas ligeramente apuntadas –decoradas con motivos geométricos y con dos carátulas monstruosas en las jambas– franquea el paso a un interior de formas cuidadas y esbeltas en el que destaca una estudiada iluminación. La sencilla arquería que decora el ábside –también se observa en su exterior– y los dos curiosos baldaquinos de piedra, situados a los lados del crucero, son sus elementos más significativos. Procedentes de esta ermita, y ahora guardados en la parroquial, son las figuras de la titular del templo y un cristo del siglo XII.


Una preciosa fuente de capilleta de aires medievales, junto con su correspondiente lavadero, completa la estampa del paraje.

martes, 29 de marzo de 2011

Ruta de senderismo: Subida al Ordunte

Y por fín aquí está la última de mis crónicas de rutas antiguas, a partir de este momento tendré que conformarme con las de nuevas salidas. Como siempre tened en cuenta que la ruta se hizo hará unos siete años. 

En la misma alcanzamos la cumbre del Ordunte (para los vascos Balguerri), que da nombre a esta pequeña sierra (pese a no ser el más alto) que se puede considerar la última estribación oriental de la Cordillera Cantábrica.

Dificultad: 4
Orientabilidad: 4
Belleza: 5
Tiempo: 5 horas

Situación.

Los montes de Ordunte constituyen el último límite septentrional de la provincia, situados al norte del Valle de Mena. Para llegar desde Burgos hemos de salir por la N-623 hasta Sotopalacios. Aquí se toma hacia la derecha la C-629 y se recorren unos 75 kilómetros hasta poco antes de empezar la ascensión a los Tornos. Aquí hay que desviarse por la C-6138 hacia la izquierda en dirección al Valle de Mena. Ya en este valle, y un poco antes de llegar a Villasana (en concreto en Villanueva de Mena), tomamos el cruce a Mano derecha que nos conduce hacia Caniego y Hornes, principio de la ruta.


 Puntos de Interés


Caballos y vacas de los prados. Vistas de la montaña. Recorrido por el hayedo. Vistas sobre el valle de Carranza y sobre el valle de Mena.

Descripción de la Ruta

En el interior del caserío de Hornes localizamos su plaza principal. Tras dejar aparcado el coche empezamos a andar por la pista que desciende al lado derecho de la misma. Desde ésta ya podemos hacernos una primera impresión de la ruta de hoy. Hacia el norte localizamos el Ordunte, pelado en su parte final pero con espesos bosques cubriendo sus laderas.

Al poco llegamos al final de la pista y de las casas del pueblo. Continuamos por el camino que aparece al final de la misma que desciende bruscamente al encuentro del Ordunte. En unos centenares de metros llegamos al curso del mismo, cuyo caudal variará según la época del año.

Al otro lado la pista continúa, casi sin pendiente, por un pinar de repoblación. Enseguida alcanzamos una pista más nacha, que hemos de tomar hacia la izquierda. Seguimos un poco entre pinos hasta cruzar el arroyo de del Alisal por un puente. Tan sólo unos metros aguas abajo se puede localizar un antiguo puente romano, que formaba parte de la vía que comunicaba Bilbao con la Ciudad de Flaviobriga (junto a Reinosa). Otros restos se conservan junto al cercano pueblo de Irús (objeto de otra de nuestras rutas). En todo caso investigaciones reciente parecen indicar que este trazado sería más bien medieval y no romano.


En este punto el camino se bifurca en dos, debiéndonos decidir por el de la derecha, que presenta una portilla que da paso a la dehesa de Ordunte. Esta antigua zona boscosa está siendo objeto, al menos por una vez, de una inteligente repoblación. A lo largo de la ascensión podremos contemplar como entre las repoblaciones de pinos se fomenta el crecimiento de otras especies, procediendo posteriormente a una paulatina tala de los primeros para conseguir que el bosque original recobre todo su esplendor.

La ruta prosigue por este nuevo camino, que poco a poco va ganando en altitud e inclinación. En la primera parte de la ascensión se contemplan exclusivamente pinos y prados cercados pero a poco se observan madroños y robles. Es en este punto cuando la ruta empieza a hacerse dura por un camino que describe marcadas revueltas.


Una segunda puerta da paso a un pequeño descansillo. En esta nueva zona los pinos están dejando paso al bosque autóctono. Rápidamente el camino vuelve a inclinarse hasta llegar a una zona totalmente boscosa. Mientras a la derecha el árbol predominante sigue siendo el pino a la izquierda se observa en toda su magnitud un bosque de robles en el que aparecen las primeras hayas.

Enseguida llegamos a la altura de un marcado camino que hacia la izquierda se adentra en el bosque, que ya esta completamente dominado por las hayas. Para asegurarse basta con comprobar como unos metros más adelante aparecen las mesas de un antiguo merendero. Hemos de calcular aproximadamente una hora y cuarto desde Hornes hasta aquí.

Ascendemos por este nuevo camino, que rápidamente nos obliga a un gran esfuerzo dada la pendiente del mismo. Caminamos entre un bosque de excepcional belleza y con ejemplares de gran porte. Al cabo de un rato de esforzarnos por este bellísimo camino las hayas van estando más espaciadas (sobre todo al lado izquierdo) hasta llegar a la altura de dos espectaculares ejemplares que, a modo de puerta, marcan el final del bosque.
A partir de aquí la ascensión es algo menos dura y se realiza entre revueltas por un campo de helechos. Un camino se nos incorpora por el lado izquierdo y unas flechas rojas sobre fondo blanco nos indican el camino a seguir. Algo más adelante otro camino aparece a la derecha y enseguida alcanzamos el portillo de Breña.

Por lo visto desde aquí se observan unas bellas vistas del vizcaíno valle de Carranza. Lo digo porque el día que yo estuve una persistente niebla me impidió ver nada. Calcularemos unos 50 minutos desde el merendero hasta aquí. Siguiendo la indicación de las flechas vemos el camino que, hacia la derecha, nos lleva hacia la cima del Ordunte. Lo mejor es seguir el estrecho sendero que aparece al poco hacia la derecha, también marcado con flecha roja, ya que nos permitirá ahorrar un buen trecho.

Poco después ambos caminos se unen y aparece la rampa final hacia el Ordunte. Ya podemos gastar nuestras últimas energías en este último tramo de ascensión. Desde el portillo habremos tardado unos veinte minutos y unas dos horas y media desde Hornes.


Desde esta altura marcada con vértice geodésico (1105 m), además del valle de Carranza, se tiene una privilegiada perspectiva sobre el cordal de Ordunte y el precioso valle de Mena. A nuestros pies (a mano izquierda) aparece el pantano de Ordunte y la dehesa del mismo nombre, parte de la cual hemos ascendido.

Ya sólo queda desandar lo andando. Solamente hemos de tener precaución en no equivocarnos de camino en el tramo entre el portillo de Breña y el bosque. Como referencia tomaremos el camino que desciende directamente a este último.

Comentarios
Pese a no ser muy larga la ascensión, la mayor parte es realmente dura. Esto no significa que no la pueda afrontar cualquier persona mínimamente acostumbrada, pero ha de saber a que se atiene. Recomiendo no realizar la ruta en días con riesgo de niebla o baja visibilidad ya que, aparte del potencial riesgo de desorientarse, la belleza de la ruta se ve sensiblemente afectada.

Os pongo la ruta hecha en wikiloc, a mano sobre la base de la Cartografía de la zona:



lunes, 28 de marzo de 2011

Cruzando España a pié por un motivo solidario

Salgo de forma puntual de la temática del blog para difundir un tema que pudiera ser de vuestro interés.

Resulta que de forma casual he entrado en contacto con un inglés, Bob Carr, que tiene planificado recorrer España a pié de Norte a Sur con vistas a recaudar dinero para la investigación contra el Cáncer.

Para colaborar se puede donar dinero, ayudarle en la búsqueda de alojamiento (cuenta con tenerlo gratuito en cada etapa, y no lo tiene cerrado completamente) e incluso acompañarlo uno o varios días. En este sentido cruzará Burgos aproximadamente a mediado de mayo.

Quisiera puntualizar que no es alguien al que conozca personalmente ni relacionado conmigo, aunque de la información obtenida no se desprende que haya nada extraño o sospechoso en el proyecto.

Podéis conocer más en la página web de la iniciativa:

viernes, 25 de marzo de 2011

Pueblos de la despoblación: Turrientes

Retomamos al menos por un tiempo esta temática, triste pero necesaria, de nuestros pueblos de la despoblación. Y lo hacemos con este lugar de Turrientes, relativamente cercano a Burgos, perteneciente al Ayuntamiento de Cerratón de Juarros. 

Como todos los pueblos apartados -aquí acaba la carretera y se necesita una antena auxiliar para garantizar la recepción de la señal televisiva- Turrientes se vió fuertemente afectado por la despoblación; pero un hecho particular vino a agravar este proceso, un corrimiento de tierras acontecido en 1962 que se llevó consigo la iglesia y un buen número de casas. Un artículo del diario de Burgos repasaba el año pasado lo acontecido.

Aquí podéis ver la iglesia que se construyó años después, en un emplazamiento diferente.


Pero los 87 habitantes de entonces abandonarían el pueblo uno a uno (en 2000 marchó para Burgos el último). Las estadísticas oficiales hablan de 5 empadronados, aunque ninguno pasa los dias de entresemana del invierno. Lo que sí se aprecia es que hay cierto esfuerzo reconstructor de antiguos pobladores y descendientes, pese a que el terreno sigue siendo inestable como lo atestiguan las grietas que aparecen aquí y allá.


Entorno de la fuente del pueblo.

Casas de buen porte.


Las casas caídas o derribadas acompañan a las que se mantienen en pié.


La calle principal o de san Andrés.



Una crónica del lugar más en detalle y más humana la podéis encontrar en el siempre recomendable blog Los pueblos deshabitados.

jueves, 24 de marzo de 2011

Cascadas de Burgos: Cascada de Peñaladros

El río de San Miguel, que nace en la cueva y cascada homónimas, recorre el valle de Angulo recogiendo algunos arroyos tributarios, y casi al final del mismo tiene que sobrepasar esta cascada de Peñaladros, una de las más representativas del panorama burgalés. Se encuentra en la localidad de Cozuela, tomando una pista cementada a la izquierda del caserío.


Esta toma, con la peña del Aro al fondo, es bastante conocida, pero no por ello es menos bonita.


El borde desde uno de los márgenes.


Y desde el otro margen.


martes, 22 de marzo de 2011

Vídeo promocional de Burgos

Vídeo reciente de promoción de Burgos. Formato y estética original.

lunes, 21 de marzo de 2011

Una Leyenda Cidiana (y III): Pragmática realidad

La peculiar orografía de este área se debe en realidad a un original fenómeno geológico que experimenta el río Valtierra o Hurón, aledaño a Basconcillos del Tozo, al discurrir durante algo más de un kilómetros bajo tierra y resurgir ya con el nombre de Rudrón. Curiosamente este fenómeno supone una especie de trasvase natural, de la cuenca del Duero a la del Ebro.


El punto donde desaparece el río es un anfiteatro rocoso de gran belleza, dando lugar a la llamada Cueva del Agua o de Basconcillos, con más de tres kilómetros de recorrido total incluyendo una sala de más de 10.000 metros cuadrados.



En la superficie se encuentran algunos hundimientos del terreno, posiblemente relacionados con derrumbamientos en las cavidades inferiores.
Por la Cueva de los Moros el agua sólo sale en contados momentos, con ocasión de grandes avenidas.
En agua surge en realidad desde diversos puntos, entre ellos la fuente aneza este antiguo molino, que a punto estuvo de convertirse en hotel con ocasión del boom del petróleo, y que hoy duerme en sueño de los justos.

viernes, 18 de marzo de 2011

Una Leyenda Cidiana (II): La versión glosada

Os pongo la versión en verso creada por Ángel del Campo, en su libro "rimas y leyendas burgalesas". Es un poco larga pero espero que os guste:

Campeaba Mío Cid
por los brezales del Tozo
ha llegado a Basconcillos
para allí tomar reposo.
La voz corrió como el viento:

Que allí estaba el valeroso

don Rodrigo de Vivar
de mil hazañas famoso

Prestos con la voz vinieron

unos labriegos dolosos;
sus ojos, tristes de miedo
y el terror mordía sus rostros.
Ante el Cid se presentaron

cabizbajos y azarosos
y postrados, el pavor
mudos los tornó y medrosos
Alzaos, les dijo el Cid

con acento cariñoso
¿Qué queréis? ¿de que teméis?

¿Quien os persigue?

El demonio.

Vamos, dijo el Cid airoso,

¿es algún moro o truhán

o es que sois supersticiosos?
- No, por dios, noble y buen Cid
mas, ved vos mismo el acoso
que una maldita serpiente,
Cual dragón asaz dañoso,

nos hace matando ovejas,
cabras, macacos y borros.
Tan grande y tan fuerte es

que hasta descoyuntó un toro
que escapó de la vacada;
y, aunque muy bravo y furioso,
lo aprisionó en sus anillos
convirtiéndolo en despojo.
Pero es que hay cosas peores:

porque lo más horroroso
es que a los seres humanos
los busca con más doloso
encono, cual si su carne
fuera su plato goloso,
o como si el diablo fuera
y su placer más gozoso
consistiera en llevar almas
al infierno tenebroso.
Nadie sabe cuantos años
o siglos, vive en un foso
de Barrio de Panizares
a tres kilómetros cortos.
Ni tampoco nadie sabe

cuantos miles de destrozos
ha hecho: por cientos cuentan
de pastores y colonos,
labradores, cazadores
y transeúntes airosos
que, camino de Aguilar
por estas tierras del Tozo,
se perdieron o ignoraron
este tan infernal foso.
No hace mucho allá en verano

en el mismo mes de Agosto
perecieron, pobrecillas
entre gritos y sollozos
dos zagalas primerizas
venidas desde Montorio.
Poco después ocurrió

otro caso más curioso:
A un guerrero de Cantabria,

jinete en corcel brioso
que en una noche de truenos
se acercó errado al foso,
tras lucha descomunal
y a pesar del gran arrojo
de aquel valeroso cántabro,
el reptil verdoso y rojo
los convirtió en esqueletos
a los dos, como a mil otros,
al caballo y al jinete:
podéis verlos en el foso.
-Dejad ya-les cortó el Cid-

tanto relato espantoso
que yo mataré al dragón
y hasta al diablo sulfuroso…

Y vamos para allá ahora mismo,

antes que tome reposo
que aunque algo cansado esté,
os descansaré a vosotros,
que nunca a mí llega el sueño
si antes no soy victorioso
cuando hay un lance pendiente:
Así pues, vamos al foso…

Dicho esto, montó en Babieca,

el caballo más hermoso
que jamás yegua pariera,
amén del más valeroso,
al que jamás asustaron,
ni moros, ni lanzas ni osos,
por las sierras de Valencia
o las sierras de Pancorbo
por la alta Peña Cardiella
o el gran baluarte del Poyo.
Al pasar entre las casas

de Basconcillos del Tozo
el relincho de Babieca
alertó al pueblo medroso:
mujeres y hombres lo vieron
tras las puertas en entorno.
Tomó camino de Barrio

de Panizares y de Hoyos
y tras andar media legua
y a la izquierda, otro poco,
entre duros pedregales
vieron en un profundo hoyo
de un barranco muy siniestro,
entre espinas y entre abrojos
rodeado de esqueletos
la guarida de aquel monstruo
do aquel enorme reptil
serpenteaba sigiloso.
El Cid, cual nuevo Perseo

que a medusa venció airoso,
cual san Jorge o San Miguel,
que de ambos era devoto,
invocó a Santa María,
como hacía, religioso,
siempre que entraba en batalla
para salir victorioso.
Ya el sol se había ocultado,

la tierra estaba en reposo,
los brezos se estremecían
al romperse, estrepitoso,
el silencio de la noche
por aquel pisar garboso
de las patas de Babieca
sobre la hierba marchoso.

La arrogancia de aquel ruido

irritó al reptil. Furioso
reptó erguido hasta la cumbre
sibilino y alevoso.
Cómo brillan las luciérnagas

en las noches de bochorno,
cómo se tornan los huesos
por la noche luminosos.
Así brillaba su cuerpo

entre verde, azul y rojo:
es verdad que parecía
un ser infernal, monstruoso.
Babieca no se arredró

y relinchó valeroso.
tan atrevido relincho
puso al reptil tan furioso
que se enroscó en sus anillos
sobre su cuerpo rugoso
irguiendo la su cabeza
para saltar sulfuroso
seguro, cual si tuviera
ante sí un débil potro.
Babieca también se alzó

Sobre sus traseros lomos
y sus patas delanteras
fueron martillos de plomo
que, en hierro herradas, saltaron
sobre el reptil orgulloso.

Fuego alzó el gran dragón

de sus fauces, angustioso,
mientras era pateado
del caballo con arrojo
hasta hender con la herradura
la misma roca en un hoyo
que “Pata del Cid” la llaman
los hombres de aquel contorno.

El Cid tomó su colada
y cortó cabeza y tronco.
Esta tomó por trofeo

y aquel, le hizo tres trozos:
uno para los villanos
de Basconcillos del Tozo
porque vivieran en paz
y ya no fueran medrosos.
El segundo lo dejó
como señal junto al foso
donde hay un humilladero
en señal de testimonio.
Y el tercero, lo ofreció

a la iglesia, generoso,
por dar gracias a María
y a los santos, fervoroso.
Y hasta hoy se ve en la iglesia

de Basconcillos del Tozo
en la bóveda central
pintado en arco famoso
al dragón tragándose almas
como si fuera el demonio
y que dan de aquesta hazaña
También real testimonio.

Así perdura el recuerdo

de estos hechos hazañosos
cuando el Cid sobre Babieca
cabalgaba por el Tozo.
























jueves, 17 de marzo de 2011

Una Leyenda Cidiana (I)

En la iglesia de Basconcillos del Tozo, justo enfrente del mural que mostrábamos ayer, se encuentra una curiosa representación de un monstruo o dragón con personas en su interior.


La iconografía tradicional considera esta representación como una de las modalidades con las que se presenta el martirio de los condenados, pero existe otra expliación relacionada con una de las más especiales leyendas burgalesas.

Cuenta la tradición que en esta zona del Tozo existía una enorme bestia, serpiente o dragón,  que traía atemorizados a los habitantes del lugar, habiendo acabado con varios de ellos y con buena parte de su ganado. La serpiente se refugiaba en una profunda cueva, conocida ahora como "cueva de los moros", en la localidad de Barrio Panizares. 



Tal era la fuerza de esta bestia, que en una ocasión, al ir a beber desde su cueva al Rudrón, abrió en la misma roca este agujero cercano, conocido hoy como Puente del Hoyo.


Sucedió que estando de paso El Cid por estas tierras, fue abordado por muchos vecinos, los cuales le refirieron todas sus angustias. El Cid, ni corto ni perezoso, fué a buscar a la serpiente a su misma guarida, y tras larga y enconada lucha, serían las patas del legendario caballo Babieca las que acabaría aplastando la cabeza del animal.

Es más, quiere la tradición señalar de que el golpe fué tan grande, que la misma huella del caballo quedase reflejada en la roca, recibiendo el fenómeno desde entonces el nombre de "Patada del Cid". De hecho incluso refiere Pascual Madoz en su diccionario la existencia de dicha piedra, por la cual se interesaron comisionados franceses e ingleses durante la guerra de la Independencia.
A través de la crónica de esta historia que nos hace Elías Rubio, en "Burgos en el Recuerdo", he deducido que se encuentra en torno a lugar que muestra la siguiente fotografía, si bien los vecinos ya señalan que con la erosión ha perdido toda apariencia.


Es más, hay algunos mapas que señalan el nombre de "patada del cid" o "pata del cid" a todo este área de las Loras.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Iglesia de Basconcillos del Tozo

La iglesia románica de Basconcillos de Tozo presenta una sobria decoración que puede apreciarse en ventanales y portada.


En todo caso tal vez lo más interesante que puede verse tras una relativamente reciente restauración son las pinturas góticas que existen en su interior.


Aquí una sagrada cena.

martes, 15 de marzo de 2011

Museo Etnográfico Félix Arroyo en Basconcillos

En los últimos años han proliferado los museos etnográficos en muchos puntos de la provincia, y este hecho no puede ser sino motivo de satisfacción pues nos permite tener más posibilidades de mantener en el recuerdo el legado de nuestros antepasados.

Uno de los más interesantes y sorprendentes, entre otras cosas porque no es muy conocido, es el que tiene Félix Arroyo en la localidad de Basconcillos del Tozo. El sitio se ubica hacia el final del pueblo según se viene desde Burgos por lo que era la antigua carretera de Aguilar cuando ésta cruzaba el pueblo.

El interés de Félix por la colección de los más variados objetos le viene de haber trabajado durante décadas, primero con su padre y luego de forma autónoma, como taller de maquinaria agrícola. Sin embargo, la mayor parte de las piezas han sido adquiridas desde su jubilación, durante los últimos 15 años.

Félix, como buen castellano de raigambre, tiene un carácter un poco tosco; pero salvados los recelos iniciales empieza a pegar la hebra y hablar de diversos temas relacionados con el patrimonio rural burgalés, siendo su opinión en todo caso estimable.

La muestra está organizada en tres naves con los siguientes contenidos:
- Motocicletas antiguas, máquinas de coser de principios de siglo y fotografía histórica acerca de temas rurales
- Coches de época y otras piezas
- La fragua, el potro y diverso material funcionando

De todas maneras todo aparece amontonado y mezclado, y podemos encontrar los objetos más insospechados; hechos todos ellos que hacen tan especiales y deliciosos a estos museos. 

Aquí os pongo unas cuantas fotos.




En la siguiente, un reloj que data de 1860, y que estaba en la iglesia de Valdeajos, y surtidores de gasolina antiguos.


Máquina para curvar llantas de carro.


Una máquina para fabricar hostias litúrgicas.



Podéis saber mucho más sobre el lugar visitando su página web. Por cierto, tal y como allí se indica, si queréis visitar el museo es importante que llaméis antes al teléfono que se indica, en caso contrario podéis pillar en un mal momento a Félix. También se pueden adquirir vídeos sobre algunas actividades del pasado.

lunes, 14 de marzo de 2011

Cascadas de Burgos: Cascada de San Miguel

El pasado fin de semana, aprovechando el buen tiempo y la reciente nevada en la zona más norteña, me encaminé a la búsqueda de algunas cascadas, y así de paso retomar un poco estas entradas que habían quedado en suspenso hace mucho. Para no acostumbraros mal y para que me duren algo más, os las iré mostrando en pequeñas "diócesis".

La que hoy os traido al blog es la cascada de San Miguel. Se observa al pasar el túnel de Angulo en dirección Arceniega, a nuestra derecha, al fondo del espectacular diapiro del valle de Angulo. Lo cierto es que está seca buena parte del año, pero merece la peña reservar un día del invierno o la primavera para acercarse hasta el lugar.

Para acceder dejamos el coche en una especie de aparcamiento que se encuentra antes del túnel, en lo que que era la antigua carretera. En este punto encontramos una portilla para superar el vallado de la derecha. A partir de aquí remontamos el valle, bien al borde del cortado disfrutando del precioso paisaje (una valla de alambre nos da cierta seguridad), bien por una senda que discurre algo más hacia el interior, por la parte posterior de una línea de puestos para la caza de la paloma. En unos veinte minutos podemos llegar a la zona más interesante, sin excesivo esfuerzo.

Esta alta caída consta de dos secciones. La cascada propiamente dicha, que entra plenamente en terreno burgalés, y la serie de saltos de la zona superior, que está ya en el País Vasco.

La cascada principal y la zona inferior.


Más cerca.

Serie de saltos de la zona superior.


El río nace de la Cueva de San Miguel.

Ya de regreso descubrí esta otra cascada, que nacía directamente de la parte interior del cortado.

Podemos integrar el acceso a esta cascada en una ruta de senderismo por el valle, la cual ya os mostré en una entrada anterior.