viernes, 5 de noviembre de 2010

Un particular recorrido por la cuenca del Úrbel (X): Zumel

A tiro de piedra de la ermita de la Virgen de la Cuadra, apenas al otro lado del río, se levanta la bien conservada torre medieval de Zumel.
 
Este restaurado castillo consta de una torre del homenaje de planta cuadrada de unos 20 metros de altura, con ocho pares de canes situados en las esquinas y en el centro de cada paño. La torre está rodeada por una cerca a modo de pequeño patio de armas.

Como muchas otras torres similares, más que una función defensiva tenía como objetivo demostrar el poderío de sus propietarios. Es más que probable que estuviese almenada y que, como en muchos otros casos, dichas almenas fuesen hechas destruir por la corona como símbolo del triunfo del poder real sobre la nobleza.
 
El constructor de la torre fue Pedro Yáñez de Ulloa, canciller mayor del rey Juan II, que la levantó a mediados del siglo XV. En 1516 la torre pasó, por compra, a manos de los Bernuy. Esta familia burgalesa, de origen judío converso, obtuvo el curioso título de marqueses de Benamejí (localidad cordobesa), y fue una de las más importantes e influyentes en el comercio europeo del siglo XVI. Contó con delegaciones en las principales ciudades del continente y con el tiempo extendió su influencia comercial y financiera al norte de África, América y las islas Azores.

¿Qué nos dice el prefacio de Zumel? Pues esto:

De aquí me voy a Zumel,
donde dicen disparates.
Van a Burgos por incienso
y preguntan por zumaque.
Se han dedicado a pescar
con las redes y el candil.
Es una gente tan fresca
que no se puede decir.
La primera estrofa tiene una explicación. Según la tradición oral recogida en el libro Héroes, Santos, Moros y Brujas, habitaba en Zumel una persona muy despistada a la que se le encargó traer incienso de Burgos. Para no olvidar el recado se le ocurrió repetir a todo el que se encontraba la siguiente expresión:
“Por mucho digas trique traque, no se me olvida el zumaque”.
Pero a base de repetirlo olvidó que el recado era incienso, y trajo zumaque, que es como se conocía en el argot al vino.

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