Pocos sitios de la geografía burgalesa tan inhóspitos y tan poco aptos para desarrollar una vida como el desolador, pero también bello, paisaje de las Torcas. Prácticamente en el centro del mismo se encuentran los restos del despoblado de Valdearnedo.
Llegar a Valdearnedo no resulta fácil, mejor dicho, no resulta cómodo. Las cuatro localidades que lo rodean por los cuatro puntos cardinales: Carcedo de Bureba, Melgosa, Quintanarruz y Arconada, se encuentran a una distancia similar y están separadas del pueblo por caminos en regular situación (poco aptos para el coche, en cualquier caso), siendo tal vez el camino en mejor estado y más cómodo el de Carcedo y el mas cercano el de Quintanarruz.

En uno de los vallejos, algo más feraces, situados en los fondos de este paisaje desarbolado y altamente erosionado, se encuentra Valdearnedo. Lo primero que divisamos es lo que queda de su iglesia, aún en pie pero por periodo con seguridad no muy largo.

Vemos como la desaparición de los canes, columnas y los mejores sillares de las esqunas acelera sobremanera el deterioro. También ha pasado a mejor vida la espadaña.
Una vez en el interior, soprende el gran tirante de acero colocado para evitar el colapso de la iglesia. La explicación nos la da Elías Rubio en el libro Los pueblos del silencio, continua referencia de estos posts. Al parecer en los años 60 el obispo realizó una visita al lugar y la situación era tan alarmante que dio orden para poner en marcha esta tosca solución de emergencia. 
Entre los restos dejados por los saqueadores de tumbas y personas de similar calaña aún quedan capiteles harto interesantes... si estuvieran en otro lugar.
Nos damos una vuelta por el reducido caserío para comprobar como varias casas se encuentran en estado relativamente bueno, con tejado incluso. Tal vez ello tenga algo que ver con el hecho de que los últimos pobladores aguantaron hasta principios de los años 80, pese a que sus convecinos hacía tiempo que habian abandonado el lugar.
Ahora lo que queda del pueblo es usado por soldados de pacotilla para llevar a cabo su correrías. Vemos que lo mismo hacen con otros pueblos, con un nulo respeto ni homenaje a lo que fueron sus más cercanos ancestros.





Antes de continuar, quisiera que el lector prestase atención sobre la figura que aparece en el parteluz de la ventana de la torre, conocida cariñosamente en el pueblo como "La Vieja".







